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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Su Nacimiento fue en Belén

En Sueño Profético decían:

¡Qué grande es el Amor de Dios y cómo premia al que le da Mando y lo trae a su Gloria! Pues este premio le llega a todo aquel que siga al Elegido porque algo se lleva su espíritu del Elegido.

Estas palabras son para el día que ha traído esta noche, noche de la Nochebuena:

Esta es la noche en la que más se nombra el Nacimiento de Dios Hijo, Niño Jesús, que fue su primer nombre para Nombrarlo. Pues no se quitaba la alegría y el sueño lo despedía la alegría de pensar cómo se portaron los que más quiere el Elegido, pues ese comportamiento les sale del interior. Todos los que este Caso creen estaban con los que más quiere el Elegido, y todos juntos con una gran alegría cantaban para que Dios viera que ellos no se olvidaban del Nacimiento del Niño Dios, que su Nacimiento fue en Belén.

Desperté, oí:

Todos estaban en la casa de los que más quiere el Elegido, pues éstos están a este Mando porque este Caso creen.

Dan su ayuda en todo lo que pueden y se ve que Dios les paga, y ellos con alegría la paga reciben.

Decían en la Gloria que cada día el sufrimiento queda más pisado y en cieno.

***

Libro 71 - Te Habla El Profeta - Tomo IX 

lunes, 3 de septiembre de 2018

Todo lo de Dios, siempre fue destacado en la Tierra

En Sueño Profético decían:

¿Cómo se quedarán los demonios vistos y los demonios disfrazados cuando vean los Libros “La Palabra del Creador” y “Te habla el Profeta” –dichos estos títulos también Aquí– y “Meditaciones y Palabras directas con el Padre Eterno”?

Esto, aunque no quieran, les hará meditar, pero sin remedio para el mal que quisieran alcanzar. Estos malos espíritus no pueden hacer nada ya. Tendrán delante la Palabra de Dios Vivo y la imagen del instrumento. Darían parte del mundo por haber puesto silencio a este Evangelio Vivo, dicho horas antes en el Cielo.

Estos Libros se presentan sin nada que ponga el hombre. Estas Palabras son dichas para todas las clases sociales que el hombre ha puesto. Aquí, en el Reino de Dios, hay una clase de espíritus: espíritus al servicio de Dios. Y el comprender es para todos igual.

Dios coge a un espíritu y éste ya lleva el Mensaje, pero el Mensaje es Dios el que lo ha dicho. Esto es Palabra de Dios para todos los rincones del mundo.

Desperté, oí:

Todo lo de Dios, siempre fue destacado en la Tierra.

Dios deja la muerte en Lázaro para que el hombre, luego, su Poder vea.

¡Qué cierto que los espíritus del mal quisieran hacer más daño del que han hecho!

¡Qué cierto que el título de los Libros les hará meditar sin leerlos!

Si el hombre se diera cuenta de su poca importancia y de su poco poder en la Tierra, no se atrevería a despreciar nada que del Cielo bajara con el Mando que Dios diera.

Todo el Mando que da Dios, se destaca del hombre por fuerza.


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Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C2

martes, 21 de noviembre de 2017

Lo que fue dicho por Dios, el hombre no puede cambiar

En Sueño Profético decían:

¡Qué confianza tan grande te da el pensar las Palabras que Dios Hombre dejó dichas en la Tierra, y que hoy vuelve a repetir!

“Me voy al Padre, de donde fui enviado, pero Yo estaré en el hombre que quiera mi Presencia.

No entristeceros por mis Palabras, porque Yo mandaré mi Espíritu a que hable en una carne para que no perdáis mi Gloria
”.

Estas Palabras no pueden tener cambio, porque ya serían palabras del hombre.

Dijo uno:

Lo de Dios ves que es de Dios porque nada te cambia y porque por nadie tiene Dios preferencia. Prefiere a los niños, templo de la inocencia. Inocencia que quiere el hombre cambiarla por la maldad de la Tierra.

Desperté, oí:

Cierto que el hombre quiere
hacer que el niño aprenda
el mal que hace el hombre.

Sin pensar,
que por mucho que le enseñe,
el niño, niño será.

Lo que fue dicho por Dios,
el hombre no puede cambiar.

Todo lo que nace tiene su tiempo
para cuidarlo hasta que crezca.

El árbol nace fino y bajito,
y tú no puedes hacer
que el ave se pare y forme nido.

Ni que sus ramas te den cobijo
hasta que el tronco esté ya duro
y las raíces tengan sus nudos.

Para nombrarlos, tú dices árboles,
pero los árboles son aún niños.

Que no pueden dar servicio,
que necesitan tu cuido.

No pidas que el pájaro lleve,
cuando esté en el nido metido,
una rama en el pico
para hacer otro nido.

Déjalo que vuele altura,
y luego, que haga el nido.


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Libro 30 - Investigaciones a La Verdad - Tomo IV - C1

sábado, 28 de diciembre de 2013

La Venida fue lo más grandioso

En Sueño Profético hablaban de la Venida de Dios, de su Predicación, de su Muerte y de su Resurrección. Decían:

“La Venida fue lo más grandioso. Aquel Nacimiento lo sentías tú vibrar en tu cuerpo, esto si a Dios Lo amabas y Lo esperabas. Cuando delante de Él te ponías, tu cuerpo te decía: ¡Es Dios!, y tenías que inclinar las rodillas”.

Salió otro hablando y dijo:

   –Yo Lo seguía en su Predicación. Era ponerse a hablar, y transformaba los rostros. El que Lo amaba, siempre corto su predicar se le hacía. El que había pecado, ya al Verlo, seguir pecando no podía. Recordabas las Palabras y del pecado te ibas. ¡Es que decía unas Palabras que a nadie se las oías! Pues ahora diré yo el momento tan amargo, cuando oí a voces: ¡Crucifícalo!, delante de aquel gentío, con aquella humillación. Yo no podía Mirarlo y del gentío me salí. Me fui donde ya no oía, y entonces fue más sufrir. Aquello no encuentro palabras para poderos decir, la injusticia que pedían.

Dijo otro:

   –Yo sólo puedo contar cuando estábamos unos cuantos reunidos, pero muy apenados, y vimos pasar unas mujeres con caras de dolor, alegría y gozo, que a su vez con palabras iban diciendo: ¡La Fosa está vacía! ¡Ya está en su Reino el Maestro! ¡Ya verán que era Dios, ahora que no pueden estar Viéndolo!

Desperté, oí:

Estos espíritus que están en la Gloria, presenciaron estos cuatro momentos: Nacimiento, Gloria, Muerte de su Carne y Resurrección de esta misma Carne.

Pensar el hombre en esto, debía de quitarle el pecar.

Si pecas sigues de compañero con el que dijo: “¡Crucifícalo!”.


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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pág. 105-106