martes, 21 de febrero de 2012

La reacción del que ya está perdonado


En Sueño Profético hablaban del que peca y ya no peca, pudiendo pecar.

Dijo uno:

Éste ya tiene la fuerza para impedir el pecado y para quitar al que está pecando. Éste, el arrepentimiento lo hace fuerte en la tentación.

Yo oí a la Magdalena después de ya no pecar. ¡Y qué palabras más firmes!
¡Qué firmeza tenía su contestar! No fui yo sólo el que esto oí.

Estábamos unos amigos reunidos a la entrada del pueblo, en un mesón muy conocido, por ser la mesonera persona de admitir a todo el que fuera bueno de espíritu. Esta mesonera, como igual el marido, tenía buenas palabras y modales para todos igual, sin cambiarle su agrado las vestimentas del que allí llegara. Esto se aceptaba, el pobre y el poderoso. El poderoso quitaba de apuros, y el humilde le hacía faenas en los trabajos que éste le mandaba. Aquí se cundió el nombre de “El mesón de todos”. También, como no, iba el Maestro cuando era su paso. Allí dejaban ropas, y al regreso, recogían, y muchos días hacían su almuerzo, que éste siempre era ligero, y hablando más que comiendo.

Entró la Magdalena y se fue en busca de la mesonera, que buena amistad ya les unía cuando dejó de pecar, y uno le dijo:

–Magdalena, ¿todavía te dura el no pecar? ¡Pues cuando hagas otra vez tu vida, más risa vas a dar...!

Quedó parada Magdalena, y le dio este contestar:

–Antes de hacer pecado a Dios, que es el Maestro, le he hecho una súplica: que sin tener compasión, mi cuerpo que es conocido, los demonios me destrocen, y esto sea visto por todos; que en público me dé un castigo de lepra, de rabia, y que esto sirva para todos; que no me den sepultura; que en mí caiga maldición sin que la tierra me cubra, para que mi cuerpo sea alimento de cuervos.

Esto lo oí yo y todos los del mesón, y su fuerte llanto dejó silencio y palidez en todos los rostros.

Despierta, oí:

Aquí se ve la reacción
del que ya está perdonado.

Aquí ven que Magdalena
lleva al Maestro a su lado.

Estas palabras llegaron
al Maestro, sin palabras.
Estas palabras venían
del mismo que las mandaba.

Ella, cuando oyó palabras
que venían con pecado,
su recuerdo era para el Maestro,
y ya lo siente a su lado.

¡Qué fuerza de no pecar,
que a todos dejó callados!

Si no quieres pecar más,
te acuerdas de Magdalena,
y al Maestro sentirás.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 137-138