domingo, 24 de agosto de 2014

Donde conozcan el Sol, el aire y los mares

En Sueño Profético decían:

Ya tienen que cundir esta Verdad los que querían que esto llegara y los que no querían que Verdad fuera. Ya lo tienen que aceptar los que no querían que fuera, para seguir hablando de Dios cada uno a su manera; para decir que Dios hubo, pero que si hoy viviera, ¿cómo se morirían los hombres de hambre y de miseria?; para enseñarle al niño el mural de las iglesias, la arquitectura de antes, los arcos con esas piedras que se ponen a explicar, y horas delante se llevan con aquel vacío explicar, y a Dios jamás se lo nombran.

Dijo uno que Dios le da a su espíritu el habla, que la Palabra es de Dios:

Se hablará de este Elegido donde conozcan el Sol, el aire y los mares; y le hará pensar al hombre, que de su espíritu es él el responsable; que Dios es Eterno, y que el bien que le haga al espíritu es unión con Dios, y el mal, separación de Gloria.

Estas Enseñanzas con estas aclaraciones, hoy son únicas. Esto es diálogo de Dios, del Cielo al hombre en la Tierra, para que el que ame, ame más; para que el que peque, teniendo este diálogo, no pecará; y para que el que está pecando, si lee este “diciendo” de Dios, se quite del pecado. Por eso la Enseñanza de esto es mundial. Esto es resurrección de la Palabra de Dios en el hombre que vivía olvidado de la Existencia de Dios.

Desperté, oí:

El hombre no busca a Dios,
y Dios no deja al hombre.

El hombre ofende a Dios,
y Dios le da el Perdón, si quiere.

Esta Enseñanza es fácil
el aprenderla los hombres.

Porque Dios le habla al niño,
que es el que mejor comprende.

Que puede que sean niños
aunque se vean de hombres.

Amando a Dios no hay maldad,
y ya seguro que todo entiendes.

Esta Enseñanza hacía falta
que llegara a todo hombre
que vive de la enseñanza.

Para que enseñe de Dios,
antes que de lo que no hace falta.

De Dios se tendría que hablar,
de su Gloria y su Enseñanza,
hasta que Dios no dejara
ese mundo en Cielo y agua.

El Cielo, para el espíritu.
Y el agua, para cubrir
a los cuerpos que de Dios
no querían la Enseñanza.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Capítulo 1