domingo, 19 de febrero de 2012

A este Lugar Dios lo enseña con la misma Enseñanza que Dios Padre enseñó al Hijo


En Sueño Profético hablaban del Lugar que Dios coge para hablarle al hombre:

A este Lugar Dios lo enseña con la misma Enseñanza que Dios Padre enseñó al Hijo. Aquí ve el hombre distinto Lugar, pero las mismas Palabras y Enseñanza. Este Lugar tuvo su Enseñanza de cómo conocer a los espíritus malignos, diabólicos. Dios le hizo que conociera a Luzbel, dejando Dios a este espíritu que tomara parte en el Arrobo, para que después, con esta Enseñanza, este Lugar enseñara a derrotarlo. Este Luzbel es príncipe de los espíritus diabólicos, ejército que él tiene en el abismo. Todo esto está visto y apartado por este Lugar. Ya, una vez enseñado, quedan a una distancia de apartamiento, teniendo este Lugar fuerza para separarlo de donde esté este Lugar.

Si la Enseñanza no fuera de Dios, los espíritus diabólicos atormentarían al Lugar, trabucándole la Enseñanza y dejando desmentido el Mensaje. Este Lugar está preparado para enseñar a cualquiera que duda tenga, si la Visión es Dios o de Luzbel. Aquí es donde se ve si el espíritu es traído por Dios o es actuación de pecado para desmentir el Poder de Dios.

Desperté, oí:

Si Dios no enseñara actuación y los resultados del demonio –nombre conocido por todos–, el hombre le pondría pruebas a este Comunicante.

Le pondría las pruebas, y mayoría de veces ofendería a Dios.

Dios, cuando deja que hagan uso de su Palabra, es porque antes Él enseñó.

En el Dictado es sin equívoco, por ser dictado por Dios y comunicado por espíritus de su Gloria, que antes vivieron como el Comunicante.

En el Arrobo no puede haber fallo, puesto que este Arrobo no lo puede hacer nadie si no es Dios.

Cuando es el hombre el que hace, queda claro en lo material; en lo Divino no hay quien pueda llevarse el espíritu y luego dejarlo donde fue sacado, dándole vida otra vez a la materia.

Si de Dios Vivo quieres saber, busca el Lugar donde hable Él.

Y aquí aprenderás lo que luego los Libros publicarán.


***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 101-102