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miércoles, 6 de febrero de 2019

El Amor a Dios y el amor al hijo

En Sueño Profético decían:

Hay quien busca a Dios para pedirle, y no Lo busca para darle las gracias por lo que siempre le está dando.

Hay quien pide el Amor que dentro lleva, y hay quien pide con ira y con protestas.

Hay quien su carga ve más grande, y no ve al que Dios le manda ayudarle.

El pedir a Dios, más que aprenderlo, es sentirlo dentro de tu mismo cuerpo, como sientes al hijo antes de que esté pidiendo, que tan sólo al mirarlo, ya le vas llevando lo que está queriendo.

Dijo uno:

Yo traté a muchas madres, y no eran enseñadas a querer ni a tratar al hijo, cuando les pedía agua.

Esto me hizo Mónica que lo pensara:

Decía, que el Amor a Dios y el amor al hijo, no necesitaba enseñanza; que en el querer ansioso, no hacen falta palabras; que el Amor a Dios, el que lo sienta, la acción anula las palabras.

Desperté, oí:

Es grande el amor al hijo, pero le supera el Amor a Dios.

Dios no necesita al hijo. El hijo no vive sin Dios, ni su cuerpo, ni su espíritu.

Yo cuando oía a las madres “mi hijo y después Dios”, ya no veía una madre, y del niño, me daba tal compasión, que cuando miraba al mío, por él también pedía a Dios.

Le pedía con más ganas, para que el niño al llorar, Dios cogiera una plegaria y a su madre perdonara.

Quiere después a tu hijo, porque en tu hijo Él manda.

Y sabrá mejor que tú el corregirle sus faltas.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C4

martes, 5 de mayo de 2015

Éste es mi Hijo, y mi Hijo soy Yo

En Sueño Profético veía gente con paquetes, cestos y animales al hombro; otros llevaban corderillos, que éstos ya les cubrían los dos hombros y su lana daba calor al cuerpo.

Se quitó esta Visión que en el Sueño Dios hizo, y apareció esta que aquí queda escrita: mucha gente que iba andando se paraba y hacía sus comentarios de Dios Niño, de sus Palabras, de su Sabiduría. Oías a unos, y gozaba tu espíritu; y oías a otros, y no había llanto, porque faltaba materia.

De momento, la Fuerza de Dios llevó allí un monte, y el gentío que había no dejaba ver a Dios Hombre. Volvieron unos cuantos la cara y estas palabras dijeron: “Se ve que es Enviado del Cielo porque sus Palabras entran profundamente en el cuerpo del que Lo ama. Y se pone inquieto y con alboroto de hacer daño, el que no quiere que sea Dios”.

Ya venían unas mujeres, y quedando un poco paradas, dando ellas sus razones y sus respuestas, dijo una: “No pude mirarle la Cara cuando ya Lo había visto sin querer, cuando oí el griterío pidiendo: “¡Crucifícale!”. Lo pedían aquellas bocas que ya estaban muertos para Él.

Se vio un Hombre de espaldas, lejos de donde estaban haciendo la Enseñanza y, sin nadie explicar, se oyó la Voz del Padre: “Éste es mi Hijo. Y mi Hijo soy Yo”. Ya quedó allí un sentir de Gloria, que aquí no podrá escribir porque Espíritu no manda que escriban este sentir, que es vivir Dios en Palabras.

Desperté, oí:

¿Qué debería costar
el sólo oír este Mensaje?

¿Y qué debería pensar
aquel que a este Dios no ame?

Te empieza con su Venida
y el responder del hombre.

El que iba en su busca
y Le llevaba un presente,
era porque fijo estaba
que era Dios entre los hombres.

Éstos gozaron a Dios.
Y las mujeres sufrían
cada vez que referían
la Cara que ellas vieron
que el hombre a Dios Le tenía.

Su Muerte aquí no se nombra,
en este arrobo que es Vida.

Esto es para Enseñanza,
que sirva para el que olvida.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C3

sábado, 6 de octubre de 2012

Dios Hijo murió siendo Valiente

En Sueño Profético decían:

La prudencia agrada a Dios. La prudencia con la valentía defienden la Palabra de Dios. Dios, en su Vida Pública, enseñaba humildad, y les daba de compañera la valentía.

Dijo uno:

Si eres humilde y no tienes valentía, no puedes seguir a Dios.

Estas frases fueron del Maestro dichas en una Enseñanza suya:

Tened humildad, pero que no sirva esta humildad para haceros cobardes.

Tenéis que estar preparados para las preguntas que os harán los que no quieren que divulguéis mis Palabras, pero tenéis que actuar valientes, siempre sin aceptar lo del hombre que irá en contra de mis Palabras.

Habrá quien quiera que Me neguéis, por no saber que detrás de la humildad está la valentía.

Sabrán que Yo soy Dios, porque Yo mismo Me doy el nombre de Padre Eterno.

Me verán Humildad al trato que Me da el hombre, y Me verán Valentía cuando mi Cuerpo manche el madero de Sangre.

Nunca podré callar lo que diga en Mí mi Padre.

Si esto Yo lo pudiera sujetar, ya no era Hijo y Padre, y Dios no está hoy en la Tierra.


Desperté, oí:

La humildad que enseña Dios
es distinta a la del hombre.

Y la prudencia de Dios,
te enseña a ser valiente.

El hombre quiere decir
prudencia al que desmiente.

Pues si callas la verdad,
ya dejas de ser prudente.

Dios Hijo enseñó prudencia,
y murió siendo Valiente.

No ocultaba el Dios,
y así Lo vió la gente,
que era Dios y permitió
el mal trato de palabras,
de azotes, y hasta de Muerte.

Que el hombre le siga a Dios
en humildad y en valiente.

Que no hay cosa más verdad,
que no calle el inocente.


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Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 86-87-88

sábado, 16 de junio de 2012

Su hijo se curó, por el Amor que tenía

En Sueño Profético hablaban de la Vida de Dios Hombre.

Decían dos mujeres:

   –¡Qué destacar tenía cuando de Hombre vivió! Juntas estábamos aquel día que lo vimos pasar.

Dijo una:

   –Yo ya llevaba algún tiempo de quererlo conocer. Cuando alguien me decía: “Hoy he visto al Maestro otra vez”, me entraba pena y un disgusto, con ansias de conocer a Aquél que no había duda de que Dios pudiera Ser.

Ya contestó la otra:

   –Yo, a pesar de la gente que aquel día iba con Él, lo conocí de momento. Recuerdo, que cuando yo estaba mirando, sólo una Imagen se vino del grupo hacia donde estábamos, y cuando miraba al grupo, allí estaba Este Dios. Cuando pasaba el gentío, del grupo se separó y vino hacia nosotras. ¡Calla, que te voy a decir las Palabras que me dijo!:

   –Sí, Yo soy el Hijo de Dios Padre, al que tu voz llega a mi Padre, para la curación de tu hijo.

Cuando yo quedé sorprendida por lo que dijo de: “La Voz llega a mi Padre”, volvió a decir:

   –La Voz no llega por el Eco, la Voz llega por el Amor.

   –Nadie como tú sabe, cómo quedó mi rostro cuando vi a Dios delante de mi Presencia. Ya fue cuando las dos nos inclinamos y alabamos su Nombre diciendo: ¡Bendito seas Dios Hombre, que a Salvar al hombre vienes!

Desperté, oí:

¡Cómo quedó esta mujer,
cuando vio a Dios delante!

Al hijo tenía enfermo,
de noche llamaba al Padre,
pero llamaba en silencio.
Por el hijo le pedía,
que le sanara la carne.

Pero cuando ya vio a Dios,
que se le puso delante,
pidió por el pecador
y se le olvidó la carne.

El Espíritu de Dios
se le ponía delante,
y luego miraba al grupo,
y lo veía de Carne.

Por el Amor que tenía,
al Padre oyó sin Voz,
conoció a Dios de Carne
y el hijo se lo curó.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 188-189-190

viernes, 30 de marzo de 2012

Si a tu hijo dices que quieres, di que a Dios antes prefieres


En Sueño Profético hablaban de las madres.

Dijo una:

Para querer mucho al hijo, primero tienes que querer a Dios. No amar a Dios y decir “quiero a mi hijo”, es querer sin fondo, querer humano, querer para una satisfacción tuya o un porvenir que tú intentas asegurarte.

Madre queriendo al hijo, es primero Dios, porque Dios es el que se lo cuida, le cuida su espíritu y no deja le ensucien la carne.

Yo hablé con tantas madres
y a todas siempre decía:
Si a tu hijo dices que quieres,
di que a Dios antes prefieres.

Si a tu hijo quieres más,
cuando tu hijo se ensucie,
¿a quién puedes ir a buscar
que comprendiera tu llanto
y quitar su suciedad?

Suciedad que aquí en la Gloria
lo echarían para atrás,
pues lo sucio del pecado,
Dios lo aparta sin pensar.

Yo, antes de tener mi hijo,
a este Dios amaba ya,
y cuando lo tuve al hijo,
ya era mi disfrutar
de saber que yo lo amaba
y Dios lo amaría más.

Desperté, oí:

Dios tenía que amarlo más,
por ser espíritu suyo
y Vida de Eternidad.

¡Si yo quería a mi hijo,
y conmigo no podía estar
nada más que un rato chico,
que Él me quería prestar!

Porque la vida del cuerpo
se acaba antes de empezar.

Yo a las madres recomiendo
que echen todo su Amor
en esta Hucha Divina,
Hucha que sólo abre Dios,
cuando tú digas: ¡Dios mío!,
mi hijo es pecador.

Pero yo como soy madre,
por mí dale su Perdón.

Para esto a ti te sirve,
que ames primero a Dios.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pag. 257-258

domingo, 19 de febrero de 2012

A este Lugar Dios lo enseña con la misma Enseñanza que Dios Padre enseñó al Hijo


En Sueño Profético hablaban del Lugar que Dios coge para hablarle al hombre:

A este Lugar Dios lo enseña con la misma Enseñanza que Dios Padre enseñó al Hijo. Aquí ve el hombre distinto Lugar, pero las mismas Palabras y Enseñanza. Este Lugar tuvo su Enseñanza de cómo conocer a los espíritus malignos, diabólicos. Dios le hizo que conociera a Luzbel, dejando Dios a este espíritu que tomara parte en el Arrobo, para que después, con esta Enseñanza, este Lugar enseñara a derrotarlo. Este Luzbel es príncipe de los espíritus diabólicos, ejército que él tiene en el abismo. Todo esto está visto y apartado por este Lugar. Ya, una vez enseñado, quedan a una distancia de apartamiento, teniendo este Lugar fuerza para separarlo de donde esté este Lugar.

Si la Enseñanza no fuera de Dios, los espíritus diabólicos atormentarían al Lugar, trabucándole la Enseñanza y dejando desmentido el Mensaje. Este Lugar está preparado para enseñar a cualquiera que duda tenga, si la Visión es Dios o de Luzbel. Aquí es donde se ve si el espíritu es traído por Dios o es actuación de pecado para desmentir el Poder de Dios.

Desperté, oí:

Si Dios no enseñara actuación y los resultados del demonio –nombre conocido por todos–, el hombre le pondría pruebas a este Comunicante.

Le pondría las pruebas, y mayoría de veces ofendería a Dios.

Dios, cuando deja que hagan uso de su Palabra, es porque antes Él enseñó.

En el Dictado es sin equívoco, por ser dictado por Dios y comunicado por espíritus de su Gloria, que antes vivieron como el Comunicante.

En el Arrobo no puede haber fallo, puesto que este Arrobo no lo puede hacer nadie si no es Dios.

Cuando es el hombre el que hace, queda claro en lo material; en lo Divino no hay quien pueda llevarse el espíritu y luego dejarlo donde fue sacado, dándole vida otra vez a la materia.

Si de Dios Vivo quieres saber, busca el Lugar donde hable Él.

Y aquí aprenderás lo que luego los Libros publicarán.


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Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 101-102

martes, 6 de diciembre de 2011

Esta Gloria es el Padre y el Hijo - Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 88-89


En Sueño Profético hablaban de la Gloria. Decían:

Ésta es la Gloria –yo me veía como soy, y ya no me veía–. Y esto es Dios: Poder sin que el hombre pueda llegar a este Poder, por no haber poder para Dios.

Ésta es Gloria de Dios y Gloria para el hombre, para el hombre sin materia, y ya su espíritu forma Voluntad de Dios, quedando en esta Gloria al ruego y servicio de Dios.

Esta explicación dada por Dios en un espíritu de su Gloria, no la entenderá el que no ame; y el que está en contra del Mando de Dios, le formará condena.

Esto hace sentir y oír el Poder de Dios. Este mismo Poder llena la inteligencia que transpone al hombre. Aprendiendo esta Enseñanza, puedes sentir Gloria y demostrar Poder Divino. Este Poder puede ser de varias formas demostrado: en la Sabiduría, en la humildad y en la constancia a la Palabra de Dios. La constancia es la medida que más Aquí se valora. Amor: alimento de la constancia; constancia, por no faltar el Amor.

Esta Gloria es el Padre y el Hijo, con el Espíritu de Dios. Aquí no vive la materia, por tener Libertad de Dios. Aquí sólo vive el espíritu que Libertad ahí dejó.

Desperté, oí:

Aquí son incontables para el hombre
los espíritus que hay.

Aquí todo es Dios.
Aquí todo es Dios Padre.

Aquí, ya la voluntad,
se la dejaste al Padre.

Porque Él mandó el espíritu,
y en nada hizo obligarte.

Ésta es la Gloria de Dios,
la que el hombre desmiente.
Ésta es la Gloria de Dios,
donde Dios está presente.

Ésta es la Gloria de Dios,
imposible para el hombre.


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lunes, 12 de julio de 2010

Si tú amas a tu hijo, a Dios tienes más que Amarle - Libro 39 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo IV - Pag. 80-81


En Sueño Profético hablaban del sufrimiento, decían:

Hay sufrimientos escondidos, pero otros no puedes esconderlos. Luego, está el que sufre y al sufrir no le guarda secreto. Este no piensa que a Dios pueden Ofenderlo, cuando vean que es persona que nada hace mal hecho, esto para el hombre, que para Dios habrá tenido momentos de pedir Perdón, por ver en sus recuerdos que alguna vez ofendió por falta de Caridad en algo que presenció.

Dijo Mónica de Agustín:

El sufrimiento de una madre no se puede comparar con otro sufrir, porque la palabra madre no puede ponerla nadie. Si tú amas a tu hijo, a Dios tienes más que Amarle. Y ya guardas tu sufrir para que a Dios no Lo culpen por Él dejar su Permitir.

Yo, cuando llegaba la noche, me venían estas palabras: “Señor, por mucho que yo sufra, que de Ti jamás me vaya, y así podré hablarle a las madres cuando les llegue sufrir y a Ti quieran Culparte. Yo, Señor, agrando el sufrir cuando pienso que no Te lo quito a Ti. Pero si Tú ya lo sabes que arrepentido vendrá, mi sufrir ya no es tan grande, porque pienso que la Gloria le darás”.

Desperté, oí:

Tuve grande sufrimiento cuando oía decir:

“Mónica sigue a Dios, y Dios no le quita el sufrir”.

Mi cuerpo abría puertas para que entrara la muerte.

Yo no quería vivir, para que mi presencia hiciera a Dios sufrir.

Cuando Dios a mi hijo me lo quitó del pecado, me buscaban muchas madres y me abrazaban llorando.

Unas para que pidiera por sus hijos; y otras porque habían llorado conmigo.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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miércoles, 12 de mayo de 2010

La madre a la que Dios concedió el grande Milagro - Libro 82 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo VI - Pag. 162...167


En Sueño Profético decían:

Si a Dios le pides lo que en la Tierra no te dan, pídelo con alegría, y ya se verá que tu creer pide Milagro. Este pedir son pocos los que lo piden así.

Dijo un espíritu de la Gloria:

Yo Le pedía a Dios, con Fe y Esperanza, para que me concediera lo que nadie podía concederme. En la Tierra hay cosas que dan sufrimientos a unos y, con el que tiene la culpa del sufrir, no puedes contar con él, porque él te da a ti el sufrimiento y él se llena los bolsillos de dinero.

Yo tenía tres hijos: Uno con dieciocho años, otro con quince y otro con diez. Mi mujer, madre de mis hijos, enfermó por la vida que llevaban nuestros hijos. Diré el comienzo del sufrimiento:

Había un mesón cerca de mi casa, y los clientes aumentaban porque el dueño contaba con mis hijos para mandarlos a por ellos, que aunque tenían mala fama, se dejaban allí el dinero con sus vicios, y el mesón llenaban.

Yo tenía unos terrenos de una huerta que mis padres me dejaron, junto a la del dueño del mesón y su mujer. Éstos la tenía para traer a ella a los que de otros sitios despedían pos sus vicios. Vicios que hoy son el alimento de muchos en el mundo, con el nombre de droga.

Ya diré cómo su madre –mi mujer- recibió este sufrimiento:

Fue cerrándole la puerta y negándole la comida a nuestros hijos. Yo me ponía por medio y le decía a mi mujer:

-Así harán más pecado para coger dinero para comer, igual que hacen para la droga pagar.

El que tenía diez años era el que a la madre le contaba las noches que yo me pasaba llorando y a él abrazado. Una noche me dijo:

-Padre, yo me voy con madre, me acuesto en la misma habitación y me duermo cuando ella ya se ha dormido. No la quiero dejar sola porque se pone a llorar, y un día dijo: “Yo me mato”. Y cuando la abrazo me dice: “Si estoy contigo no lo hago”.

Yo no podía quedarme por la noche porque en el mesón tenía que estar para llevar el negocio, que era para mantener a los que estoy nombrando. Pues un día mi pedir fue a Dios en una Ermita que había en el pueblo.

Desperté, oí:

A esta Ermita iban pocos, pero yo una noche, antes de ir al mesón, entré y de rodillas me puse delante de Dios, que para mí estaba con Cuerpo por el sentir que sintió el mío.

Me puse las manos en la frente y estas fueron las palabras:

“Señor, yo he sido malo y nunca Te he pedio como ahora Te estoy pidiendo por mis hijos y por mi mujer. El sufrir de los hijos la tienen llorando noche y día, y a mí me dice que Te pida para que Te la lleves antes de que haga el pensar que el espíritu del mal le tiene”.

Allí estuve dos horas pidiendo a Dios, porque su Poder era el único que mi casa podía cambiar. Yo veía que se movía la Imagen, y comprendí que Dios me había concedido mi petición.

Pues cuando salí de la Ermita, me estaban esperando en la puerta mis tres hijos con cara de pena y dijeron:

“Padre, vente con nosotros, que madre te está esperando, llorando y contenta, y que ella te diga el Milagro que Dios le ha mandado”.

Me fui con ellos y cuando llegué a casa me estaba esperando. Su presencia era como conocida por mí, pero no por la alegría que me dio.

Se abrazó a mí llorando y dijo:

“Ya te ha concedido Dios lo que tanto le has pedido por nuestros hijos en la Ermita. Yo pedía ya sin Fe, pero ahora quiero seguir a Dios amando por mis hijos, que ya los tengo a mi lado”.

Dijo el padre estas palabras:

“Si a Dios Le pides con Fe, sin cansarte, Dios te hace Milagros”.

Todo lo de esta familia se cundió en el pueblo, y ya al mesón entraron más, y se fueron a vivir y a trabajar a la huerta de la que el padre era dueño.

Termina el Mensaje diciendo:

El pedir a Dios con gran Fe hace que te conceda Milagros.

Se oía esta voz:

“Soy la madre a la que Dios concedió el grande Milagro”.

Este Mensaje es para ver cómo a la madre los hijos se abrazaron y, llorando, decían palabras de alegría.


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lunes, 10 de mayo de 2010

Te falta querer al hijo - Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - Pag. 239-240-241


En Sueño Profético decían:

Si quieres tener contacto Aquí, pon a Dios lo primero ahí. Si a Dios no quieres primero, no puede oír tus ruegos.

Yo siempre recomendé, cuando pisaba la Tierra, (más que a nadie, a las madres), que antes que al hijo, a Dios quisieran.

Mis palabras no podía detenerlas cuando oía a una madre decir:

“Yo creo que la Virgen no puede enfadarse porque diga que a mi hijo lo quiero más que a nadie, porque mi hijo es mi carne y lo que a él le duela, a mí más me duele que a nadie”.

Yo pronto le contestaba:

Cuando tu hijo se enferme, (ahora de carne, y cuando sea hombre, de espíritu por el Camino de Dios haberlo dejado), tú no podrás llamar a Dios ni mojar pañuelo con lágrimas como lo mojé yo cuando el pecado a mi hijo arrastró.

Con lágrimas y sin lágrimas, siempre a Dios tenía presente, más veces, sin que las lágrimas agua a mis ojos dieran.

Mi sufrir, más que por mí, era por Dios, porque Él era el Padre Eterno y lo quería más que yo.

Desperté, oí:

Si a Dios no quieres primero que al hijo, te falta querer al hijo.

Yo hacía mi Oración y metía a las madres para que siempre tuvieran Presencia de Dios delante.

Si sufres con su inocencia, cuando su carne enferma, no tiene comparación el sufrir cuando ves que el pecado lo amarra.

Cuando le pudo al pecado, más que yo sufría él, cuando oía y no quería oír lo que el arrepentimiento, sin palabras, le decía: “¿Yo podré ser perdonado?” Esto lo supe por él.

Cuando ya lo vi de cerca buscando a pecadores, mis ruegos a Dios, aún eran mayores.

Primero llamaba a Dios, luego pensaba en las madres que cómo querer al hijo antes que a Dios.

Yo sufría porque Dios tenía más sufrir que yo.

Mi sufrir Dios lo premió, con que yo viera a mi hijo buscando al pecador.

Mi nombre mandan que dicte.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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martes, 27 de abril de 2010

Sufrimiento del hijo - Libro 81 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VIII - Pag. 125-126-127


En Sueño Profético decían:

Hay sufrimientos tan grandes, que antes de que lleguen, sólo el pensarlos, quitan la vida. Estos son los sufrimientos que más se esconden si no das con quien comprenda tus lágrimas, que quedan dentro hasta que Dios las saca y ya el sufrir se acaba.

Dijo Mónica de Agustín:

Yo les digo a las madres, que cuando el niño eche a andar, que esta Oración no les falte:

"Señor, que mi hijo llegue a hombre,
y que sea un niño grande,
y que del pecado huya
como la fiera en el monte
cuando el disparo oye".

Esta es la Oración para el hijo, ahora dicto la de la madre:

"Señor, por mucho sufrir que me llegue, mándame castigo antes de que manche tu Nombre. Lo que Te pido, Señor, es que yo siga a la Madre Virgen, que fue el primer Sagrario que Dios Padre elegió para el Hijo, y que mi Oración sirva para las madres".

Desperté, oí:

Como el sufrimiento del hijo, no hay sufrimiento mayor.

Pero, cuando deja de ser niño, este sufrimiento tan solo lo quita Dios.

Yo, con los días hacía cadena en la noche y mis pañuelos mojaba al pensar que Dios sufría por él para que el pecado abandonara.

Pues cuando Dios me concedió que el pecado lo soltara, le veía cuerpo de hombre y espíritu de niño, como cuando lo acunaba.

Era que ya había llamado a Dios, en sus noches solitarias.

Esto él fue el que lo dijo, pero sin poner palabras.

Fue buscando pecadores, y su vida primero les contaba.

Luego, salía mi nombre, el de madre, que si eres madre amando a Dios, no hay quien sufra más, primero, por Dios, y luego, por tu hijo, por si perdiera el Reino de Dios.

Ahí consolaba a las madres, y Aquí estoy en Oración.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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martes, 13 de abril de 2010

El Brazo de Dios Hijo - Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII - Pag. 79-80


En Sueño Profético vi un Brazo que a una Mano seguía, y a la vez de ver el Brazo, estas Palabras se oían:

Este es el Brazo de Dios Hijo, el mismo que vio el hombre en la Tierra. Este es el mismo Brazo que resucitó a Lázaro, dio el Perdón y apartó echando a las tinieblas. Este es el Brazo que Él se dejó clavar, porque tenía que cumplirse lo que Él había dicho antes de bajar a la Tierra. Él sabía que su Sangre sería derramada por la maldad del hombre, por su ira y por su soberbia. Pero, ¿cómo enseñar Dios al hombre sin bajar a la Tierra? Él tuvo que ir enseñando, siendo Dios, la Caridad, levantando al caído y ofreciendo el Perdón para el que Lo quisiera. Fue diciendo. “Yo soy Dios”. Al oír esto, hubieron más que blasfemaron, que dieron oración a estas Palabras. Pero a pesar de todo, Él seguía enseñando y echando semilla donde más hacía falta. La Fe hacía Seguirlo y cumplir sus Palabras.

Desperté, oí:

Se ha visto el Brazo vestido, recto, y la Mano hacia arriba.

Recto, el Camino de Dios. La Mano, según tú pidas.

-Vete, tu Fe te ha salvado- le dijo al que Le tocó la Túnica.

Esto dijo de Palabras y el Brazo señalando.

-¡Lázaro!¡Levántate! También vieron aquí este Brazo, y antes de que lo bajara, lo vieron resucitado.

Pero la Mano al revés.

La Mano de Dios la ve, todo el que quiere, en la Tierra.

El Brazo es el que no ven con su Túnica y su Fuerza.

Hasta que Dios no los trae, premiándolos, cuando aún viven con materia.

Que estos Mensajes se cundan para enseñar de la Gloria.

Que siendo Principio y Final, el hombre nunca Lo nombra.


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jueves, 18 de marzo de 2010

Primero Dios y después mi hijo - Libro 81 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VIII - Pag. 49-50


En Sueño Profético hablaban del Amor de la madre al hijo. Decían:

Si la madre no ama más a Dios que al hijo, le falta amor al hijo, y siempre tendrá un hueco por algo que bien no hizo. Si a Dios pone delante, todo lo hará por su hijo, y si algo lo hizo mal, el Cielo será testigo de cuando la vio actuar por salvar al hijo.

Esto nunca tendrá cambio, como tampoco el marido que Dios te aceptó desde el Cielo con las Palabras que dijo, que ahí están escritas y continuarán hasta el final de los siglos.

Es el Amor que a Dios le tengas el que te lleva por el camino que extraña al que este Amor no siente.

Ser madre no consiste en decir: “Este es mi hijo”. Hay otra cosa mayor que es el que te lo deja vivo de espíritu para siempre, porque tú se lo has pedido, y has pedido por las madres que quieren mucho a sus hijos y todo es para el cuerpo y nada para el espíritu. Estas madres están queriendo a los trajes de los hijos, y desde niños les gritan demostrándoles el cariño. Pero pocos gritos oyes diciendo: “Señor, que me conserves su espíritu. Que como yo Te quiero, haz que te quiera mi hijo, que nunca me enfadaré cuando le oiga decir: “Antes al Cielo que a nadie”.

Desperté, oí:

Cómo tomarán las madres estas palabras, dichas por una madre en el Cielo a la que Dios manda que las diga.

¡Qué cierto que es la madre la que al hijo retira de que primero ame a Dios!

Porque ella, siendo madre, tiene que poner primero a Dios estando el hijo delante.

Esta es la contestación de la verdadera madre:

“Dios hace el número uno, y mi hijo, el número dos”.

La que no sienta esto tendrá el sufrir mayor cuando tenga que decir: “Señor, mi hijo, en Ti está su Salvación”.

La que pone primero a Dios, en Él confía, porque piensa: “Él lo quiere más que yo”.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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