En Sueño Profético decían:
Dijo Jesús en sus últimos días:
“Haced oración a mi Padre, porque os vendrán momentos de muchos sufrimientos, de muchas dudas y de muchas tentaciones, todas en contra de Mí, porque así lo quieren los espíritus del mal. Intentarán a Mí el tentarme. Haced oración, que más buscarán a los que están más cerca, que a los que están más lejos, aunque los que están más lejos también Me amen. El que Me haya ofendido por tentación, amándome, luego llorará, y más fuerte será el amarme, cuando la oración venza a la tentación. Haced oración para que la carne no canse al espíritu. Que sea el espíritu el que le pueda a la carne. Cuidad la acción, cuando no sean de mi Enseñanza”.
Y viendo Jesús que no entendieron lo último que dijo, siguió diciendo:
“El que no quiere que Yo sea Dios del Cielo, cuando vea al ave volar, dirá que está parada; y cuando esté parada, él la verá volando y a grande vuelo. Ésta es la acción que siempre tenéis que cuidar, pero más en estos momentos. Haced oración y ahuyentad los gritos de los espíritus del mal que van en silencio”.
Desperté, oí:
Es la oración al Padre
la que Jesús hace y encarga
para el que Lo quiera.
Sabía que a los más cerca,
más tentaciones les harían.
Luego, saldría el Amor,
pero mientras, padecían.
El dejó en su Última Cena,
el remedio que sería
para todo el que Lo ame.
Y en sufrir o en alegría,
buscar su Última Cena,
que es su Sangre y su Cuerpo,
que es la Vida.
El que a Dios ame
y tentaciones le sigan,
que practique el Padre Nuestro.
Y que a diario recuerde:
“Éste es mi Cuerpo y mi Sangre”.
“Tomad”, lo deja
a la libertad del hombre.
***
Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C7
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