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sábado, 10 de septiembre de 2022

El Amor entra en la Gloria

En Sueño Profético decían:

No hay Amor mayor que a Dios mandes, que el decir:

Señor, yo acepto lo que Tú quieras

y hago lo que me mandes.

No me dejes que piense

lo que a Ti pueda enfadarte.

Yo quiero seguir tus Pasos

y que me acompañe Paz

para el sufrir achicar,

porque si me falta Paz

no puedo seguir tus Pasos.

Yo sólo quiero pensar

que mi vida es tuya,

y ya yo vivo la Paz.

No dejaré de pedirte

y abrazar lo que me des.

Yo quiero seguir contigo

por toda la Eternidad,

para decir de tu Gloria

lo que otro no puede contar.

Si su espíritu Tú no lo arrobaste,

su cuerpo en la Gloria no pudo entrar.

Dijo uno:

Con estas Palabras,

aceptas y crece el amar,

porque todo lo que pides,

Dios con creces te lo da.

Desperté, oí:

Hay diferencia grande

entre pedir a Dios con Amor

a pedir con exigencia.

El Amor entra en la Gloria.

La exigencia queda fuera.

El Amor hace diálogo

con la petición que tengas.

Decían en la Gloria,

que cuando Dios elige,

antes hubieron pruebas.

Pruebas, sin el Elegido

llegar a saberlas.

Pero el Elegido,

con más ganas,

sube la cuesta.

La cuesta de la vida,

en la que a veces

la ayuda necesitas.

La ayuda del que a Dios ama de verdad.

Porque el que no ama,

a Dios culpa de todo

y de Él te retira.

Para ser Elegido

tienes que traerte a tu presencia

lo que el hombre a Dios le hizo.

Dios Padre lo permitió,

y Dios Hijo lo aceptó.

¡Qué Palabras decían en Gloria,

que aquí mandan dictar!

“Señor, yo acepto lo que Tú quieras

y acepto lo que me mandes.

No me dejes que piense

lo que a Ti pueda enfadarte".

***

Libro 40 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C5

jueves, 17 de febrero de 2011

El querer conocerme, ya te entra en mi Reino - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 183-184-185


En Sueño Profético hablaban de Dios Hijo.

Dijo uno:

Yo viví con Dios Hombre, y en mi primer trato no sabía que era Dios.

Estando yo un día parado en una plaza, esperando a unos amigos –pues estos ya me habían dicho que me llevarían a conocer al Maestro–, pasaron unos por mi lado y se quedaron mirándome. Uno de ellos se acercó a mí y poniéndome la mano en el hombro, pronunció estas Palabras:

–Ya no hace falta que esperes a quien te lleve a que conozcas al Maestro. El querer conocerme, ya te entra en mi Reino. Estas Palabras son de mi Padre: “El que no quiera conocer al Hijo, no sabrá lo que el Padre dice en el Hijo”. Todo lo que Yo digo es de mi Padre.

Marcharon, y yo quede en espera de mis amigos, y cuando llegaron pronunciaron todos a la misma voz:

Desde el principio de la plaza
deslumbra el redor de tu cuerpo.
Queríamos saber de dónde
podría ser el resplandor,
y ya vemos que es tu cuerpo,
que tiene Rayos de Dios.

Ahora ya me lo explico
por qué me miraban "tos",
y se tocaban el brazo,
pero ninguno me habló.

Pues ahora ya veréis
de qué viene el Resplandor:
He conocido al Maestro,
porque Él me conoció
los deseos que tenía
de que me tocara Dios,
de que me tocara el espíritu,
y el espíritu me tocó.

Pero me tocó este hombro,
y fuego me siento yo,
y de la Mano que me puso,
de ahí sale el Resplandor.

¡Qué Palabras tan serenas
y dichas con tanto Amor!,
que cualquiera las diría,
pero dichas así, no.

Desperté, oí:

Él quería conocerlo,
y Dios mismo se acercó,
se acercó, le tocó el hombro,
y se formó Resplandor.

Resplandor que todos veían,
y decían: ¡Esto es Dios!

Se cundió por "toa" la plaza
que allí había estado Dios.
Le dejó un Certificado,
con firma de Resplandor.

Él quería conocerlo,
y Dios el premio le dio.


***