sábado, 10 de diciembre de 2011

Llantos sin remedio - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 282-283-284


En Sueño Profético hablaban de tener y dejar, y de desear por no tener. Decían:

Hay quien le da valor
a lo que valor no tiene.

Éstos son hombres
que aprendieron lo que vieron,
sin saber clasificar:
esto es malo y esto es bueno.

Hombres de pensar sin Dios,
por tener a Dios en desprecio,
por creer que Dios se fue
y que ya no sigue viendo.

El que tenga este pensar,
bien lejos vive del Cielo.

Hay cosas que ya las lloras
cuando no tienen remedio,
cuando el llanto ya no llega,
por estar oídos lejos.

Dijo una mujer:

Yo vi llantos de llorar
por haber tenido desprecio.

Despreciaron a Dios Hombre,
porque vieron a un Hombre Bueno.
Despreciaron a la Madre,
que fue nombrada del Cielo.
A José lo insultaban,
porque era carpintero.

¡Cuántos hablan de Dios
cuando no lo estaban viendo,
cuando se veían corrillos diciendo:
Yo ya no quiero esta vida,
sin ver ya más al Maestro!

¡Cuántos lloraban su llanto,
sin oírlos en el Cielo!

Toda mi familia estaba
en adoración al Maestro.

Mi padre no pasaba día
sin enterarse
dónde estaba el Maestro.

Y como la faena se achicara,
él iba en busca de sus Palabras.

Mi Madre con una prima,
que vivían como hermanas,
cogían a sus chiquillos
y a casa de María se encaminaban.

Cuando volvían,
ya seguía su faena.

Yo que era la mayor,
con los chiquillos jugaba,
y alegría vivíamos todos.

Cuando mataron la Carne
y el Cuerpo ya no lo vieron,
lloraban un llanto triste,
un llanto pero a sabiendas
que ya no oirían su Eco.

Desperté, oí:

Estos llantos eran tristes,
sin fuerza porque no amaron.

Eran llantos sin remedio,
porque no quisieron ser
amigos del Rey del Cielo.

Él ofrecía su Gloria
a cambio de un “sí, yo quiero”.

El hombre no quiso el bien,
porque al bien hay que quererlo
sólo por Amor a Dios,
y ya irás aprendiendo
lo del hombre o lo de Dios.

Lo del hombre hay que quererlo
como cosa temporal.

Y lo que es duradero,
poner en primer lugar.

Si no te enseñaron bien,
de mayor coge otra escuela,
cuando sepas distinguir
el valor de la moneda.

Porque no tiene disculpa
el que de mayor no aprenda.

Dios enseña con Amor,
para que todos comprendan.

Que tu llanto sea de Amor,
sin que medie la conciencia.


***