martes, 14 de febrero de 2012

“DONDE HAYA UN POBRE O ENFERMO, ALLÍ ESTOY YO”


En Sueño Profético hablaban de los defectos que te retiran de Dios. Decían:

La vanidad es uno de los grandes defectos, que es más defecto porque el hombre no le ve defecto. La vanidad hace que te retires del sitio que a Dios llaman; la vanidad te hace que te retires del pobre, del humilde, y por consiguiente, del que enfermedad tiene. La vanidad no es amiga de la Ley de Dios.

Dijo uno:

Dios, siendo Dios, se hizo Hombre y no cogió sitio que vivieran la vanidad.

El que vive este gran defecto para el hombre, y gran pecado para Dios, luego se avergonzará ante estas Palabras que Dios ya dijo a muchos:

“Si no quisiste mi Doctrina allí en la Tierra, Aquí no puedes querer mi Reino. Si allí despreciaste al humilde, aquí Me verás con ellos, porque Yo allí en la Tierra los quise siendo Yo el Dueño. Yo enseñé mi Doctrina sin diferencia. El que a mi Padre amaba, ya era mi compañero. No puede entrar Aquí el que ahí Me dio desprecio”.

Desperté, oí:

Estas Palabras Dios dijo
cuando Lo vieron de Hombre:

“Donde haya un pobre o enfermo,
allí estoy Yo”.


Si el vanidoso se aparta,
ya no está donde está Dios.

A Él Lo vieron en la mesa
del poderoso y del pobre.

Al poderoso le hablaba
para que busque al humilde
y practique su Enseñanza.

Para que le dé un salario,
y consuelo en sus palabras.

Si el poderoso ya tiene,
es Dios el que se lo manda.

Que a veces este mandar
es para que dé Enseñanza.

Enseñanza como Dios,
que a la pobreza buscaba.

Desprecia la vanidad,
para que luego Aquí Dios
no desprecie tu amistad.

Que es más grande y poderoso
el que a Dios quiera imitar.


***

Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 188-189-190