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lunes, 4 de mayo de 2026

Donde hay un enfermo o pobre, allí estoy Yo

En Sueño Profético decían:

Para saber si Dios habla, estudia primero el temple. Este temple es único, sin alteraciones. Este temple saca de sitio al espíritu contrario. Su trato es bullicioso y siempre contento; contento que va traspasando el obstáculo de la carne y humillando a ésta a que quede el espíritu de dueño y señor, dándose grandes transformaciones en el que sigue al Profeta. 

El que a Dios se acercaba, de Dios se llenaba. A Dios Lo desprecia el que no Lo necesita; no lo necesita el que en lo material todo le sobra; y todo le sobra porque no conoce al Prójimo; y no conoce al Prójimo porque no conoce a Dios. Dios es Prójimo, y Prójimo es Dios. Hay quien busca a Dios sin ocuparse del Prójimo. Aquí se esconde Dios. Y sí se te aparece, cuando buscas al Prójimo sin acordarte de Dios. Este dogma tiene clausura. Él dejó a la Madre y se ocupó del Prójimo. Esto era la Voluntad del Padre. Por eso dicho está: “Donde hay un enfermo o pobre, allí estoy Yo”. Hay quien buscaría a Dios si este Dios no le pidiera cuentas.

Desperté, oí:

Si el hombre pensara que su mecanismo está todo en un Sí de Dios o en un No, vería lo poco que sabe.

***

Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - C10 

viernes, 24 de marzo de 2023

Id al Prójimo, que allí estoy Yo

En Sueño Profético decían:

El Amor a Dios no necesita palabras, lo va diciendo la acción que pertenece a cada palabra.

Dijo un espíritu que sigue este Mando:

El Amor a Dios lo ve el que también él está amando. Y es que este Amor te hace que pienses: “Id al Prójimo, que allí estoy Yo”.

Quien crea en estas Palabras, valorará más la vida del Elegido.

El Elegido quiere que todos este Amor sientan, y que vean y piensen el bien que va dejando.

El Elegido tiene justificantes de la Paz y el Amor que ha ido repartiendo.

Desperté, oí:

Hablaban de las muchas maneras de vivir para consolar los sufrimientos y la enfermedad de la carne.

Aquí no hacen falta palabras para que vean que a Dios amas.

El Amor de Dios desprecia la libertad que da el hombre.

Decían en la Gloria, que el Amor de Dios, sin letras, va escribiendo con la acción.

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Libro 48 - Investigaciones a la Verdad - Tomo VIII - C3

miércoles, 29 de julio de 2020

Allí está hablando Dios

En Sueño Profético decían:

Sufre el que lleva las Palabras de Aquí, porque el que las oye, no cree en la Comunicación de Dios al hombre. No cree y no busca al Comunicante. Al contrario, pone distancia, dudas y desprecio.

Estos son cristianos por fuera, no cristianos por dentro.

Dijo uno:

No puede haber lentitud en dejar las cosas de este Cielo como algo de la Tierra, que te molesta el saberlo, y mejor que no te hablen, porque te ponen inquieto.

A los que pudieron saber y no quisieron, ya les llegará el momento de querer oír. Pero no oirán de boca del que Dios le da el Mensaje. Porque el Mando de Dios ya lo mandará a otros caminos que la siembra antes nazca, por ser el terreno más limpio.

El día que esto llegue, habrá quien se ponga triste. Pero ya no volverá, como años que viviste y se quedaron atrás; como crecimiento hecho, que no puedes achicar cuando haya sido el cuerpo.

Todo esto ha de pasar el que no quiso escuchar lo que Dios está diciendo.

Desperté, oí:

No admite disculpa ni buenas palabras, no buscar con ansias y dejando todo, aquel que le digan: “Allí está hablando Dios”.

Querer desmentir, sin llegar a verlo, es mucho peor si sabes la vida que lleva y que enseña aquel que te han dicho.

Tú entras en el grupo de los que se pondrán tristes cuando de bien lejos oigan lo que tú no estás oyendo.

Todo es no creer en un Dios Único y Verdadero, Creador y Poderoso, Padre de todos los hombres, del que quiera ser su hijo.

El que rece el Padre Nuestro, le da firma a este Escrito.


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Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C3

martes, 14 de enero de 2020

Allí Dios da sus Palabras

En Sueño Profético decían:

Si nombras mucho a Dios y tu acción es como Él manda, ya tienes sitio en la Gloria, porque la Gloria de Dios es Gloria para el que hace lo que Dios manda. Que Dios te manda muy poco, tan sólo, que su Voluntad por ti sea aceptada; que busques donde te digan: “Allí Dios da sus Palabras”.

Dijo uno:

Cuando Dios elige un sitio, es donde se ve el que ama o el que cree.

Si crees de verdad, sin decir “yo creo”, y no estás mintiendo, no puedes quedar como punto muerto.

Ahora, si piensas “yo amo y no acudo”, no dices verdad.

Vamos a poner Amor, y creer en cosas de Tierra:

¿Quién oiría llamada de algún superior, mirara hacia atrás, y andando siguiera, teniendo que ir luego a su presencia, donde esperarían leyes bien severas, que lo encarcelaran mientras ya viviera?

Esto es creer sin que Amor hubiera.

Ya llega el Amor, de un Amor limpio, que Dios aquí media: el hijo que aún su infancia lo lleva, que cae y se levanta y a la madre llama con ojos de pena. ¿Puede no acudir y decir “yo amo”?

Si esto lo piensas, tiene poco estudio en dar el resultado.

Desperté, oí:
Es atrevido creer y no acudir. Pero es imposible amar a Dios y pasar delante del Elegido, sin decir: “¿Qué dice Dios?”.

Esto, el que diga que ama, ya está creyendo engañar a Dios.

Si amas a Dios, sería castigo que te prohibieran ir al Elegido.

Que este castigo no lo soportabas por que al Elegido seguías y buscabas.

Tiene que cumplirse el tiempo, no por venganza, y sí por darle el hombre a Dios desprecio.


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Libro 22 - Investigaciones a la Verdad - Tomo III - C2

sábado, 22 de junio de 2013

Ella decía mi Jesús, mi Jesús de Allí del Cielo

En Sueño Profético decían:

Este hecho que Aquí referimos fue en Vida de Dios Hombre:

Yendo yo siguiendo al Maestro –pues había quedado con uno de sus Discípulos y llegué tarde a la cita–, me encontré con dos mujeres que su deseo era conocerlo. Y dijo una:

   –¿Vamos para el mismo camino, digo, siguiendo al Maestro?

   –Sí. Yo he “llegao” tarde y me he “desviao” de ellos. Pero no importa, pronto daremos con ellos.

   –¿Tú ya has tenido trato con Este que es Dios del Cielo?

   –No. Yo es que soy buen amigo de uno que le llaman Pedro, y éste quiere que yo oiga hablar, pero al Maestro. ¡Cuando sube a la montaña y creo que queda allí un silencio...! Que este silencio lo dan las Palabras de Este Maestro.

Dijo una de las mujeres:

   –Yo a ellos no los conozco, a quien conozco es a la Madre de Ése que llaman Maestro. Un día la vi tejer, y me tuvo hablando de ello: ¡Que Jesús en la montaña vivía más que con ellos...! Yo no sabía su Nombre, porque siempre oía “Maestro”. Ella decía mi Jesús, mi Jesús de Allí del Cielo.

Desperté,  oí:

La Madre decía “Mi Hijo”,
pero sabía que era Dios.

Era Virgen siendo Madre,
Madre por tener a Dios,
y que Virgen quedaría
por no intervenir varón.

La Madre, aunque era Madre,
no podía mandar a Dios.

Mandaba su Amor tan grande,
de Madre a un Hijo y Dios,
que lo había mandado el Padre
para redimir a “tos”.

Ella fue Madre,
pero Él era Dios.
Dios que quiso hacerse Hombre
para enseñar a no pecar,
primero a que se amaran
y luego a perdonar,
pero daba esa Enseñanza
dejando la Libertad.

Este Dios cuando Lo quieres
es cuando no pecas más,
y lloras porque pecaste,
y hoy no puedes remediar.

Cuando no hagas pecados,
di: “Yo a Dios lo adoro ya”. 

Porque el que peca y adora,
peca en vez de adorar.


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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pág. 70-71

martes, 13 de noviembre de 2012

Yo vi a Dios allí, en el Prójimo


En Sueño Profético decían:

Nunca preguntes si a Dios aman; es normal que contesten que sí; el sí lo dan de palabras, pero en sus hechos dicen que no. Los hechos del que a Dios no ama, pronto los ve el que ama. El que ama nota intranquilidad de espíritu cuando está con el que no ama.

Dijo uno:

Paz sin Amor no puede ser, ni Amor sin Paz, ni ir al Prójimo sin pensar ver a Él.

Un día, labrando yo la tierra, oí un lamento bastante retirado, y como la faena que yo tenía, llegando a la noche, me faltaría día, no quería perder momento de dejar el arado. Viendo que el lamento no se iba de mis oídos, paré la faena, y queriendo y no queriendo buscar de dónde salía el eco que a mí venía, oí más fuerte, pero con súplica:

“Aquí tienes la ocasión, si quieres servir a Dios. Lee todos mis escritos, que escritos los dejé yo. Todo el que acuda al Prójimo, acude porque allí está Dios”.

No tuve ya más remedio que ir, pero fue por Dios. Cuando llegué a aquel sitio que el lamento me llevó, diré lo que me encontré: había un hombre ya mayor, que iba por los cortijos pidiendo lo que sobró. Se había caído este hombre, y no sé cómo cayó, pero tenía su cuerpo enterrado de piedras que se desprendieron a su paso.

Desperté, oí:

Cuando vi aquel cuerpo sangrando 
y con ganas aún de vivir, 
me agaché quitando piedras, 
pero él temía morir.

Me dijo con grande Amor: 
“Yo sabía que alguien vendría, 
porque yo llamaba a Dios”.

Y Dios mandaría al Prójimo,
Para qué vieran a Dios.

Yo vi a Dios allí, en el Prójimo, 
pero Lo vi de verdad: 
las piedras que allí quitaron, 
yo no podía quitar.

No podía quitar las piedras, 
ni parar su gran sangrar.

¡Qué cosa entró por mi cuerpo, 
cuando lo vi caminar 
sin sangre y el saco a cuestas, 
que él había llenado ya!

A Dios Le dije llorando: 
“Nunca pasará esto más, 
pues si oigo algún lamento, 
corro sin mirar “pa'trás”.


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Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 206-207-208

jueves, 7 de junio de 2012

Mi vida cambió el sufrir, cuando a Dios lo vi allí

En Sueño Profético vi un grupo de mujeres y hombres. Éstos, muy afanados, hablaban del Amor a Dios.

Dijo uno:

Yo vi bastantes veces al Maestro sin saber era el Maestro. Pero yo, cuando lo veía, siempre paraba mi andar, y al pensar me venía: “¿Será Éste, Ese que dicen que es Dios Hijo?”. Pero luego ya, en mi tranquilidad pensaba: “¿Y puede ser un Dios así, así tan normal?”. Lo que sí notaba yo, era, que cuando me paraba a mirar, sentía odio al pecado, y a nadie quería contar. Pues veréis aquella duda quién me la quitó a mí: Estando en esta duda, pasó un niño de unos siete años, y con la voz subida dijo:

   –Maestro, mi padre viene a buscarte. Yo te he visto y mi padre te va a hablar.

Me adelanté antes que el padre, y no sabía cómo le iba a hablar. Él me conoció en el momento y no me dejó pronunciar.

   –Háblame. Dime, ¿qué quieres, si no es conocerme nada más?

   –He oído hablar de Dios y yo quiero su amistad.

Contestó el Maestro:

   –Ya con esto, tú te salvas. Y Yo te doy potestad para que salves a todo el que quiera amistad conmigo, o al que me siga y ya no quiera pecar.

Salió una mujer hablando,
con fuerza de un batallón:

Yo lo conocí un día,
que estando segando yo,
recogía las espigas
y espigas no veía yo.

Cuando miré a distancia,
ya estaba "formao" un montón,
y al lado de las espigas
estaba este Grande Dios.   

Tuve que gritar: ¡Maestro,
Tú eres el Hijo de Dios!

Yo, durante mi faena,
lo llamaba en silencio,
pues mi cuerpo no podía
seguir dando rendimiento.

Ya tenía los sesenta,
y mi vida había sido
un continuo sufrimiento.
Pero ya, desde que lo vi,
se me acabó el sufrimiento.

El Amor que dentro tenía,
salió fuera y todos ya lo veían.

Desperté, oí:

Mi vida cambió el sufrir
cuando a Dios lo vi allí.

Yo no hablaba de las penas
que antes había pasado,
pues seguro que estaría
siempre conmigo a mi lado.

Si tantas penas pasé,
y la alegría comparo,
no me enteré de las penas,
"comparao" con el hallazgo.

Tan sólo saber que Dios
te perdona si tú quieres,
aquí ve el hombre el Amor
que este Dios al hombre tiene.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 194-195

martes, 14 de febrero de 2012

“DONDE HAYA UN POBRE O ENFERMO, ALLÍ ESTOY YO”


En Sueño Profético hablaban de los defectos que te retiran de Dios. Decían:

La vanidad es uno de los grandes defectos, que es más defecto porque el hombre no le ve defecto. La vanidad hace que te retires del sitio que a Dios llaman; la vanidad te hace que te retires del pobre, del humilde, y por consiguiente, del que enfermedad tiene. La vanidad no es amiga de la Ley de Dios.

Dijo uno:

Dios, siendo Dios, se hizo Hombre y no cogió sitio que vivieran la vanidad.

El que vive este gran defecto para el hombre, y gran pecado para Dios, luego se avergonzará ante estas Palabras que Dios ya dijo a muchos:

“Si no quisiste mi Doctrina allí en la Tierra, Aquí no puedes querer mi Reino. Si allí despreciaste al humilde, aquí Me verás con ellos, porque Yo allí en la Tierra los quise siendo Yo el Dueño. Yo enseñé mi Doctrina sin diferencia. El que a mi Padre amaba, ya era mi compañero. No puede entrar Aquí el que ahí Me dio desprecio”.

Desperté, oí:

Estas Palabras Dios dijo
cuando Lo vieron de Hombre:

“Donde haya un pobre o enfermo,
allí estoy Yo”.


Si el vanidoso se aparta,
ya no está donde está Dios.

A Él Lo vieron en la mesa
del poderoso y del pobre.

Al poderoso le hablaba
para que busque al humilde
y practique su Enseñanza.

Para que le dé un salario,
y consuelo en sus palabras.

Si el poderoso ya tiene,
es Dios el que se lo manda.

Que a veces este mandar
es para que dé Enseñanza.

Enseñanza como Dios,
que a la pobreza buscaba.

Desprecia la vanidad,
para que luego Aquí Dios
no desprecie tu amistad.

Que es más grande y poderoso
el que a Dios quiera imitar.


***

Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 188-189-190