jueves, 31 de octubre de 2024

Enseña a tu espíritu

En Sueño Profético decían:

Ella es para enseñar del espíritu. Y una vez el espíritu enseñado, el espíritu es el que enseña a la materia.

La materia, pronto se adapta al egoísmo; al desprecio al Prójimo; a la desobediencia de Dios; a practicar el pecado; a llenarse de envidia, como Caín, queriendo matar las virtudes, matando la inocencia de Dios.

Para enseñar a no vivir esto es el que Dios Aquí trae. El que esta Enseñanza quiera, actuará su materia sin esfuerzos para cumplir las Leyes de Dios; vivirá vida sencilla, fácil, con Paz de Dios; tendrá su espíritu fuerza para rechazar el pecado, y su carne irá detrás del espíritu, no dejando que esta carne avergüence al espíritu. Porque luego, este espíritu se descara cuando es poseído por espíritus malos, haciendo vida en contra de Dios y teniendo contacto con el demonio.

Para que sepan rechazar la guía del demonio, es el que Dios elige, para que conozcan lo que es Vida de Dios o vida de contentar a los espíritus que en el Abismo te quieren meter con sus actos y risas diabólicas.

Dijo uno:

La Enseñanza del espíritu está muy abandonada por el hombre. El hombre vive vida sólo de materia, porque no cree en Vida de Eternidad.

Desperté, oí:

El que enseña vida de espíritu, ya está enseñando vida de materia.

Esto no lo comprende el que en Aquí no cree.

Cuanta más atención le pongas a las cosas materiales, menos creencia en la Vida sólo de espíritu.

Se ve lo poco que cree el hombre en esta Vida, cuando Dios trae Aquí a uno para que de Aquí hable.

Y también se ve la falta de Enseñanza cuando de todo le piden, menos esta petición:

¿Cómo tengo que ser para tener a Dios contento?

¿Cómo guiaré mi espíritu para librarlo del mal?

Esto no pregunta el hombre.

El hombre busca al Lugar para la materia, pero sin confianza.

Lo busca por si el Lugar le pudiera servir. Esto no es creer en la Vida Eterna.

El Lugar es para la Enseñanza del espíritu, y esta Enseñanza la anula el hombre.

La anula por falta de seguridad en la Vida Eterna.

Enseña a tu espíritu, y él enseñará a tu carne.

Y tu carne ya publicará: a la Gloria quiero entrarme.

Porque materia correcta es preparar equipaje.

***

Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - C9 

miércoles, 30 de octubre de 2024

La Enseñanza del espíritu

En Sueño Profético vi a un niño de dos años, a una niña de diez, a una mujer de veinte, a un hombre de cincuenta y a uno de noventa.

Apareció uno y dijo:

Este niño dejó su materia a los dos años –siguió señalando–, ésta a los diez, ésta a los veinte, éste a los cincuenta, y ya, final del viaje, a los noventa. Este viaje dura según la fecha de tu billete. Si a los dos años da pena el soltar la materia –diez, veinte y cincuenta–, ya a los noventa, tú pides soltarla, o pides que la suelte aquel que antes hubiera dado pena sólo el pensarlo. La Enseñanza del espíritu no es necesaria, es imprescindible. El espíritu tiene que estar preparado y enseñado para vivir Aquí. Si el hombre no pasara de los cincuenta, muy pocos entrarían en esta Gloria. La edad y la enfermedad sirven para que muchos no pequen más. ¡Es pena dejar de pecar por estas dos razones!

Dijo una:

Yo dejé de pecar a los veintitrés. Hasta aquí bastante pequé. Pero ya, desde los veintitrés, sólo adoré. Adoré y mil veces al día pedí que me perdonara y me diera fuerzas para que donde yo entrara, el pecado se acabara. Yo pienso lo que pequé, y amarga lloro mi culpa. Pues quienes me podían quitar de que no hiciera pecados, éstos pecaban aún más, ya que yo el pecado lo veía como regocijo. A este Dios quise desquitarle el mal, y al ver mi vida cambiada, hubo quien del convento me habló. Pero yo allí no me veía, y quedé ahí, en materia, consagrada a este Dios.

Desperté, oí:

Si sientes la Voz de Dios,

aunque mucho hayas pecado,

corres por ver a este Dios.

Sientes, si quieres sentir,

que la Voz de Dios no llama

si tú no quieres sentir,

aunque pecados no hagas.

Puedes creer que no pecas,

porque a este Dios no ames,

pues de no amar a Dios,

el pecado de ahí nace.

Nace cuando no se ama,

nace cuando no hay Amor,

nace cuando tú no piensas

que hay Gloria y hay Dios.

***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C7

martes, 29 de octubre de 2024

La ermita de la Paz

En Sueño Profético explicaban de la persona que tiene contacto con Dios, cómo son los efectos.

Dijo uno:

Yo tuve contacto

con uno que Dios en él hablaba,

y no tenía engaño

el que oía sus palabras.

Ya, fuera del pueblo

donde yo habitaba,

vivía un hombre en familia,

y este hombre tenía fama

de que todo el que allí iba,

sus males le consolaba.

Era un hombre más bien fuerte

y de voz como apagada.

Vivía de un terreno

que él mismo se lo labraba,

y le daba unos cuartos,

y a la familia ayudaba.

Este hombre veía a Dios,

y es que lo demostraba.

Cuando hablabas tú con él,

¡qué Paz sentía tu alma!,

¡qué ganas de ser más bueno!,

¡y no veías importancia a nada!

Todo el que de allí venía,

la cara traía cambiada.

No se podían repetir las palabras

sin que alguien te dijera:

“Yo necesitaba Paz,

y quien la diera no encontraba”.

Ya lo mandaban al sitio,

y una vez que lo aprendían,

hacían camino limpio,

sin dejar asomar hierba.

Llegó este hombre a morir,

y toda la gente aquella

que vivía con Paz de Dios,

se juntaron y,

con la familia contenta,

hicieron como una ermita

de lo que era su vivienda,

y le pusieron de nombre

“La ermita de la Paz”,

donde llegabas llorando

y salías “consolá”.

Dicen, que si iban niños,

ángeles veían volar.

Había veces

que los niños de un año y seis,

sus miradas quedaban extasiadas.

Los de un año chillaban

con risa de carcajada,

y los de seis decían:

¡Mira! ¡Mira ángeles de verdad!

Desperté, oí:

Cuando la Paz la veían,

fijo que Dios allí vivía.

Vivía y daba Paz

para que su Sello vieran,

y todos se traían Paz,

todo el que Paz quisiera.

Allí hicieron una ermita,

en sitio de su vivienda.

Allí iban amarguras,

y se venían sin ellas.

Pues aquello convirtieron

en Cielo, Cielo de Tierra,

que los ángeles bajaban

para que los niños los vieran.

Los ángeles, para los niños.

La Paz, para los mayores.

Y la Gloria, “pa” “to” el mundo.

***

Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C5