lunes, 19 de octubre de 2026

El ser bueno

En Sueño Profético decían:

El ser bueno, más que se nace, se aprende. El bueno es amigo de la alegría y amigo del sufrimiento, enemigo del pecado, y lo que hace por Dios lo hace con agrado, y nunca le oirás decir: “¡Sacrificio me ha costado!”. La promesa te la cumple antes de ver el milagro, y si milagro no viera, también le dice milagro.

¡Es que lo bueno ya tira de lo que quiere hacerte malo!

El bueno, si tú lo sigues, va defectos achicando y agrandando las virtudes que en olvido habías dejado.

Dijo uno:

El ser bueno, más que se nace, se aprende. Porque si has nacido bueno y la enseñanza es del malo, tú desde chico verás normal el hacer vida de pecado.

El ser bueno, de chico hay que enseñarlo, y luego, ya de mayor, tú solo vas eligiendo: ¡Esto es bueno! ¡Esto es malo! ¡Esto no lo manda Dios! ¡Debo de ir alejándome!

El hombre debería tener, al pasar los 20 años, una isla con letreros que de cerca se leyeran –y mejor leerlos de lejos–, con gran iluminación: “Aquí vivimos los malos”. Y que esto se conociera como la cabra y el pavo, que no puedes confundirte y vivir equivocado esperando que saque polluelos la cabra y el pavo sea ordeñado.

Desperté, oí:

Todo el que quiera ser bueno, que se lo pida a Dios.

Pero empleando estas frases:

Señor, yo quiero seguir tus Pasos.
Hazme fuerte en el sufrir,
hasta subir al Calvario.

Señor, que sea torpe en aprender
lo que me aparte de Ti.

Y que comprenda en el aire,
en el sol y en la noche,
lo que me lleva hacia Ti.

Si algo Te hice mal,
que el mal ya se quede ahí.

Porque cuando hice el mal,
vivía lejos de Ti.

***

Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII 

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