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jueves, 19 de septiembre de 2013

La Tierra está sembrada con árboles de pereza

En Sueño Profético decían:

La pereza te roba Amor a Dios. La pereza, muchas veces es mandada para irte retirando de Dios. La pereza, mayoría de veces hace que quedes mal y te busca tu sufrir.

Yo, a veces, sentía pereza, y pronto me la quitaba, y esto hacía que me tomaran envidia, y ya me hacía pensar que la pereza no es amiga de Dios.

Si yo, antes de que dijeran: “¡Teresa, que te quieren conocer! ¿Tienes que ir o vendrán aquí al convento?”, antes de terminar la palabra, yo decía: “sí”.

El frío no lo sentía,
aunque frío me veían a mí.
El calor lo recibía
según por donde pasaba.
Si era sitio de arboleda
el camino que llevaba,
algunas veces las hojas,
el fuerte sol me quitaban.
Pero yo iba tan contenta
que hasta las hojas besaba.

El hábito se movía
como niña columpiada.
Ya se iba la pereza
y fortaleza quedaba.

A veces eran casonas,
de esas casas que buscaban
a los reyes los vasallos,
a las reinas engalanadas,
a los príncipes que viven
una vida deseada
por el que no vive dentro
de aquellas grandes murallas,
que a veces el rey no quiere
vivir en tan grande casa,
pero tiene que seguir
lo que otro hombre le manda.

Aquí no hacía calor,
hacía frío de murallas,
que a veces daba este frío,
pereza y frío a las palabras.
Pero yo pronto encendía
la lumbre con mis palabras,
y se ponían en corro,
y ya Teresa no hablaba.

El corro empezaba grande,
y cuando yo más hablaba,
se iba achicando el corro
y en anillo se quedaba.

Y cuando era en el campo,
en un corralón,
que ni era campo del todo,
que allí metían ganado,
también echaba pereza
se fuera por otro lado.

Yo, para hablar de mi Dios,
no había invierno ni verano.

Desperté, oí:

Ni la pereza ni el miedo,
ni la gente de castillos,
ni el rico ni el pordiosero,
me quitaban de que fuera
hablando yo de este Cielo.

Yo quiero que todos lean
mis Mensajes y que aprendan,
que aprendan a despreciar
la pereza de la Tierra.

¡Ay Tierra que manda Dios,
y el hombre se adueña de ella!
¡Ay Tierra que vive el hombre,
y al Dueño le cierra la puerta!

La Tierra está sembrada
con árboles de pereza,
que los riegan los que no quieren
que Dios habite en su Tierra.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 127-128-129

jueves, 28 de julio de 2011

Caridad, Paciencia y Pereza - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 137-138-139


En Sueño Profético hablaban de la caridad, de la paciencia y de la pereza.

Dice Juan de Dios:

La caridad es la que junta a la paciencia y a la pereza. La caridad la manda el Amor a Dios. Sin Amor a Dios, no puede haber caridad, no puede haber paciencia, y sí mucha pereza. Con los enfermos se presenta mucho este último personaje, siendo un gran peso para tu comportamiento con el enfermo y el necesitado. ¡Cuántas veces, ya que me había marchado del sitio, iban otra vez a buscarme! Y es que al enfermo le cura según como tú le hables. Yo ya tenía por norma darle las palabras siempre envueltas de Dios. Aquí refiero un caso, que fue en un hospital:

Yendo una mañana visitando las camas de unos incurables, que yo hacía a diario, se acercó a mí una mujer y no la entendía llorando, ya que su pañuelo varias veces secó sus ojos; me dijo:

―Tú eres Juan, yo no te voy a pedir nada que tengas que ir fuera del hospital. Lo que te pido lo llevas dentro de tu ser, y sé que no se te acaba. Es, que vengas a la cama de mi marido, para que tus palabras entren por sus oídos y lleguen a su espíritu. Estas mismas palabras son las que mi marido me ha dicho.

Fue oír estas palabras y sentir a Dios dentro de mí repetir sin descanso: “Dad consuelo al afligido”. Aquí fue el Amor a Dios el que me llevó a la cama de aquel pecador, que estas fueron sus palabras:

―Primero quiero me perdone por quitarlo del enfermo que está solo. Yo, mi enfermedad no me da dolor. Es mi conciencia la que me atormenta por todo el mal que siempre he hecho. Si tú me dices que a Dios mejor agrado no pidiendo el Perdón, cambio mis palabras por pedir el castigo.

Tuve que llamar a Dios y abrazar al pecador ya perdonado.

Desperté, oí:

Aquí hay Amor a Dios
porque Juan se lo ha impregnado.

Pasaba todos los días
y miraba con cuidado.

Pedía sin conocerlo
y le miraba las manos.
La lepra ya le tenía
varios dedos amputados.

Dicen, que el primer día
que Juan pasó cerca de su cama,
le dieron deseos de decir:
“Si algún día le hago falta,
no tiene nada más que pedir”.

Él no se acercó
sin que lo llamaran,
por ver sobra de dinero.

Donde veía pobreza,
no esperaba la llamada.

Aprende de Juan de Dios
a dar caridad en palabras.

Pero primero ten Amor,
y ya el Amor se encarga.

JUAN DE DIOS


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sábado, 6 de marzo de 2010

Esta Enseñanza te quita pereza para hacer el bien - Libro 42 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo IV - Pag. 13-14


En Sueño Profético decían:

El que sigue esta Enseñanza, jamás de Dios se retira. El que sigue esta Enseñanza, tiene que cambiar de vida, pero tiene que oír las Palabras que de Aquí digan o leer estos Escritos y comparar con la vida que él haga, y verá que no es la misma que Dios manda.

Dijo uno:

Esta Enseñanza te quita pereza para hacer el bien, y todo lo que piensas es para llenar espíritus con fuerza. Cuando el espíritu tiene rebose de Amor de Dios, va impregnando espíritus y en ellos algo va dejando. Unos se dan cuenta y otros sienten algo interior que no es de la Tierra. Estos hacen sentir y tienen mirada que luego otros comentan con estas palabras: “Tiene algo, que si oyes y miras te sientes cambiado, y quieres saber lo que está pasando”.

Desperté, oí:

Dios, en su momento, le da las Palabras que sirven de bálsamo.

Le da las Palabras y acción que abre caminos, caminos de Dios.

Esto no lo hace el que Aquí Dios no trae.

Al que le mandas llevar los Mensajes, es un bien que al que se lo merece haces.

El que los lleva, va con alegría y contento.

Si los que te siguen están unidos, hacen más fuerza. Dios dejó dichas estas Palabras:
“Donde dos hablen de Mí, Yo estoy con ellos.”

Es alegría pensar, aunque tú no veas a Dios, que Él te está viendo.


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