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miércoles, 14 de julio de 2021

Dios hace llano en la montaña

En Sueño Profético decían:

Se están quedando al descubierto los que mucho sufrir al Elegido le han hecho. Para valorar este sufrir tienes que conocer al Elegido y ver los impedimentos que le han puesto y le siguen poniendo para que quede retirada como cuerpo ya muerto.

Dijo un espíritu con Mando de Dios:

Los sufrimientos que al Elegido le llevan dados, el Poder de Dios los está cambiando, abriendo caminos para dar más escándalo y para que queden al descubierto los que hicieron un mal tan grande, que este mal era queriendo desmentir que Dios esté hablando. Pero Dios permite y sigue permitiendo todo el mal que al Elegido le están haciendo. Pero el Mando de Dios los está dejando al descubierto, y están viendo que el Elegido más sigue el Camino de Dios, y su Fe espera que cada día crean más esto que le pasa.

Desperté, oí:

Se van a decir estas palabras que con fuerza decían:

Si lo que le pasa a este Elegido no fuera verdad, el sufrir que tiene escondido sería una gran publicidad.

Ya está subida la montaña. Habiendo sufrido tanto, Dios hace llano en la montaña.

Dicen en la Gloria, que el no aceptar estas Palabras, dichas con Mando de Dios, es destaparse los espíritus que viven para el cuerpo, pero no para Dios.

De estos espíritus hablaban mucho, por el daño que hacen.

Pero con la presencia de este Elegido, ya les entra algo a los que quisieran que silencio aquí se pusiera.

Yendo Esto por el camino que va y no poniendo aquí silencio, cada día se cundirá más este puro Evangelio.

***

Libro 60 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VII - C4

lunes, 11 de noviembre de 2013

El pastor de la montaña

En Sueño Profético decían:

Para saber de Dios, primero tienes que amar, y cuando ames, ya sabrás, y cuando sepas, ya no callarás.

Un pastor, en la montaña, puede saber de Dios y aprender, esto si ama.

Un pastor había en la aldea donde yo me crié, que éste venia del campo, y a la aldea y al pueblo inmediato enseñó a conocer a Dios. Decía, que él nunca se sentía solo, y que Dios muchas veces le contestaba –porque el siempre estaba llamándolo– en el ganado, en el rebaño que él cuidaba, que era la montaña toda un vellón de lana. Estos corderos, decía, que él los observaba, y que no había duda de que tenían comunicación con Dios. Nos contó, que un día de bastante calor, cuando bajaba de la montaña –ya en la falda de ésta–, se negó el rebaño a seguir andando por no poder beber, ya que el agua quedaba a un buen trecho. Decía, que viendo a las corderas sedientas, miró al Cielo, y en el mismo momento se echaron al suelo negándose a andar; que de la falda de la montaña bajaba un torrente de agua, y que rápidamente las corderas se pusieron en pie, y con su suave lengua saciaban su sed. Fue seguir andando las corderas, y dejar de bajar agua. Él contaba muchas veces menos, pero mucho menos, de lo que en el campo le pasaba. Ginés se llamaba este hombre, y a Ginés todos buscaban. ¡Buen corro formaba en su casa!, o en la plaza del pueblo, que allí se juntaban los que querían trabajo, y cuando necesitaban braceros, allí los encontraban. Siempre tenía este Ginés algún mensaje de su Amor y sus corderos, de su creencia en Dios, del chirriar de tantos pájaros, de que ningún animal ofendía a Dios.

Esto lo dijo un día que le preguntaron:

   –Oye, ¿Por qué sabes que a Dios no ofenden?

Este pastor contestó con palabras de plomo:

   –He visto morir a muchos, y se arrinconan, te miran con súplica y dejan que los acaricies, y ya quedan rígidos. Esto da enseñanza. Ha habido veces de ver un grupo de borregos sin moverse, ir por ver que pasa, y encontrarme uno muerto; estar yo un día triste, y no dejar de rodearme pájaros, y cada uno con su trino me hablaba de Dios: sé que me hablaban de Dios por el bienestar que yo sentía.

Desperté, oí:

Este pastor te dice,
que si amas, Dios te habla.

Él, todo a Dios pedía,
y Dios se lo enviaba.

Seguro que en la ciudad
no había quien supiera
las maneras que Dios
tenía de hablar.

El pastor en la montaña,
sus corderos y su Amor,
unen con Dios las palabras.

Como tenía sus penas,
que hoy no son dictadas,
Dios le manda los pájaros
para alegrarle su alma.

Luego, todo le servía
para enseñar en la plaza.

Para formar los corrillos,
para que todos llamaran
a este Dios que todos creen
que su altura nos separa.

Que todos Lo creen lejos,
que todos Le ven las faltas,
porque Dios no habla al hombre,
al hombre que el hombre manda.

El pastor miró al Cielo,
y un Amor grande mandaba,
y Dios manda a los corderos
que se paren, que agua manda.

Ama tanto este pastor,
que encima de la montaña
se comunica con Dios.

Como no había más hombres,
le sirve el conversar
con los pájaros, los corderos
y el agua, que al bajar,
de Gloria llena el sendero.

Al pastor, en la montaña,
Dios le manda su Palabra.


***


Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Capítulo 5