En Sueño Profético hablaban de las dos vidas: temporal y Eterna. Hablaban de la cultura, de la Paz, de la tristeza. Decían:
La tristeza necesita la Paz. Pero la Paz no quiere la tristeza. La tristeza es polilla que entra en buena madera, que si no la matas, ella acaba con la madera por buena que sea.
La tristeza acaba con la persona, hasta dejarla como madeja que mojas. La tristeza y la maldad quieren que desconfíes de esta Gloria.
El sufrimiento con Paz, el que lo viva se nota que éstas son asignaturas de cultura de la Gloria.
Dijo uno:
No hay día que sea más largo que un día con tristeza, dejándole al día entero que te presente escenas, casi siempre de mal gusto, para aumentar la tristeza.
La tristeza no resiste al que a Dios vive de cerca. Pero, ¡qué pocos destacan la pena y la tristeza!
De pena no se muere nadie, si a Dios buscas en tu pena. Si la pena está en la Tierra, Él te manda fortaleza. Y si en la Tierra no está, es que Dios está con ella. Y no es pena, llámale conformidad de un tiempo que se ha cumplido de este paso por la Tierra.
Desperté, oí:
Estudia esta asignatura:
“que la tristeza no es de Dios”,
y la Paz se te retira.
En cambio, el sufrimiento,
poniendo a Dios delante,
te trae a tu memoria
todo lo que a Dios Le hicieron.
Sufre echando la tristeza,
y más vives este Cielo.
Y ya, Él te irá mandado alegría,
que son fuerzas al sufrimiento.
La tristeza quita a Dios
de que viva en tu pensamiento.
***
Libro 19 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo III - C7
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martes, 7 de octubre de 2014
martes, 23 de julio de 2013
Persona siempre contenta
En Sueño Profético hablaban de la persona que siempre está contenta, de la persona que siempre tiene a Dios en su interior y que otro ve por fuera. Estas personas siempre están contentas, siempre te pegan Paz, siempre alegría demuestran.
Dijo uno:
Las penas sin alegría
no caben en esta Vivienda.
Por eso, al que Dios elige,
siempre alegría le encuentras,
siempre te da la salida
para que dejes las penas.
Hay personas que convierten
las alegrías en penas,
y en vez de alabar a Dios,
a Dios ofende su pena.
La persona que ama a Dios
y de Gloria la llena,
no le quita esta alegría
nadie que ahí pise Tierra.
Es tan fuerte este contento
de sentir sin darte nada,
que aquí sí es sufrimiento.
Éstas son palabras justas –las anteriores ya nombradas–, de Teresa. Esa Teresa que nombre dejó en Ávila.
Es tan fuerte este contento
de sentir sin darte nada,
que aquí sí es sufrimiento.
Esto otro, también era oído con Amor en ella:
Si a mí me obligara el hombre
a tener cara de pena,
por mucho que me pasara
mientras viviera yo en Tierra,
era el mayor martirio,
y a Dios mal pago Le daba.
El que no tenga alegría,
de alegría que Dios manda,
¡qué horrible vive la vida!
¡Qué pena no vivir todos
con alegría en su cara!
Desperté, oí:
Es el contacto de Dios
el que va quitando penas.
Hay más personas sufriendo,
por un sufrir sin sufrir.
Hay más personas pidiendo,
que Dios les conteste Aquí.
El sufrir es el sin Dios,
el que no siente esta Gloria
porque buscó la alegría
en alegría diabólica.
Busca siempre la alegría
en alegría del Cielo,
y siempre verán tu cara
dando alegría y contento.
La alegría de la Tierra
se acaba en el empiezo.
La del Cielo, ahí la vives
y Aquí te empieza contento,
de pensar que no te vieron
ni el sufrir, ni cara triste.
La alegría es de Dios,
y la tristeza, del hombre.
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pag. 186-187
Dijo uno:
Las penas sin alegría
no caben en esta Vivienda.
Por eso, al que Dios elige,
siempre alegría le encuentras,
siempre te da la salida
para que dejes las penas.
Hay personas que convierten
las alegrías en penas,
y en vez de alabar a Dios,
a Dios ofende su pena.
La persona que ama a Dios
y de Gloria la llena,
no le quita esta alegría
nadie que ahí pise Tierra.
Es tan fuerte este contento
de sentir sin darte nada,
que aquí sí es sufrimiento.
Éstas son palabras justas –las anteriores ya nombradas–, de Teresa. Esa Teresa que nombre dejó en Ávila.
Es tan fuerte este contento
de sentir sin darte nada,
que aquí sí es sufrimiento.
Esto otro, también era oído con Amor en ella:
Si a mí me obligara el hombre
a tener cara de pena,
por mucho que me pasara
mientras viviera yo en Tierra,
era el mayor martirio,
y a Dios mal pago Le daba.
El que no tenga alegría,
de alegría que Dios manda,
¡qué horrible vive la vida!
¡Qué pena no vivir todos
con alegría en su cara!
Desperté, oí:
Es el contacto de Dios
el que va quitando penas.
Hay más personas sufriendo,
por un sufrir sin sufrir.
Hay más personas pidiendo,
que Dios les conteste Aquí.
El sufrir es el sin Dios,
el que no siente esta Gloria
porque buscó la alegría
en alegría diabólica.
Busca siempre la alegría
en alegría del Cielo,
y siempre verán tu cara
dando alegría y contento.
La alegría de la Tierra
se acaba en el empiezo.
La del Cielo, ahí la vives
y Aquí te empieza contento,
de pensar que no te vieron
ni el sufrir, ni cara triste.
La alegría es de Dios,
y la tristeza, del hombre.
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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pag. 186-187
domingo, 25 de abril de 2010
Hace que seas persona mala, aunque tú no quieras serla - Libro 77 - Dios No Quiere, Permite - Tomo IX - Pag. 43-44-45
En Sueño Profético decían:
El espíritu del mal tiene tanta fuerza que hace que lo que quieras lo odies, y lo que odies lo quieras. Hace que seas persona mala, aunque tú no quieras serla. Te da razones diabólicas, te quita la parte buena. Te va apartando de Dios, que algunas veces te das cuenta pero la mayoría no. Te manda a casa del médico sin tener explicación, sin tener tu carne enferma, que lo que tiene es falta de Dios y falta de aceptación a lo que nadie quiere, que es el sufrir y el dolor. Por eso estas Enseñanzas te hacen ver claro cuándo estás enfermo o cuándo el maldito espíritu del mal en tu cuerpo ha entrado.
Dijo uno:
Cuando el mal es de la carne pronto es localizado, pero si es del espíritu recorre todo el cuerpo y donde haga más daño allí se queda parado.
Desperté, oí:
La enfermedad de la carne no alborota al que te cuida.
En cambio, la del espíritu pocas veces no contamina.
Es la peor enfermedad y no la cura la medicina.
La medicina llega donde es materia.
Donde no hay materia es la Oración lo que llega.
Lo que el hombre nunca manda, tal vez porque se avergüenza y ve ridículo dar esta receta.
Qué razón, que es inmovible, ésta que el Mensaje empieza y con la misma termina.
El espíritu del mal tiene tanta fuerza que hace que lo que quieras odies, y lo que odies lo quieras.
Hace que seas persona mala, aunque tú no quieras serla.
***
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