En Sueño Profético decían:
Se van a nombrar actuaciones y palabras que donde se vea que viven, es Lugar que Dios visita:
Calma y Paz presentará, y en reserva ya tendrá consejo que va de Arriba, porque en la calma y la Paz se ve verdad o mentira. Luego ya viene detrás la constancia y el perseguir el mal que hace sufrir, porque en contra de Dios está.
Dijo uno:
Al que Dios da sus Palabras para cundirlas en los hombres, antes él se las pidió a Dios con su ejemplo y su aceptación a todo lo que le llegara.
Nunca pedid cuentas a Dios, porque ya es dudar de su compaña. En vez de pedirle cuentas, pedidle que nunca se os vaya esa sensación tan grande de que Dios vive y que oye tus palabras.
Desperté, oí:
Esta sensación te sirve
para ir ya contagiando
al que cree que Dios es muerto,
que está Vivo
y que si tú quieres,
Él no falta de tu lado.
Pero tienes que vivir
Paz de Dios
y Caridad repartir.
Repartir, cuando la pidan
por querer a Dios seguir.
Que este seguir ya te exige
que Paz tienes que vivir.
La Paz se posa en la cara,
porque ya salió de dentro,
del espíritu, que es vida
que vive a Dios o a los demonios.
El espíritu de Dios,
transmite que Dios es Vivo
y que no es muerto.
***
Libro 25 - Meditaiones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo III - C2
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jueves, 21 de septiembre de 2017
martes, 30 de junio de 2015
Repetir el Amor
En Sueño Profético hablaban de Teresa de Ávila. Decían:
Era su Amor tan grande, que el oírla hablar de Dios hacía que tú también amaras. Su Amor a Dios rebasaba las contras que le vinieran, contras que el hombre ponía por no querer que eso fuera.
Ya salió hablando Teresa:
Eso tenía que ser aunque el hombre no quisiera. ¿Qué poder tiene ahí el hombre para que deje en vía muerta los Mensajes que Dios dicta para que el hombre ahí aprenda? Aprenda tan sólo a amar, que esto es lo que te lleva a que conozcas la Gloria cuando aún tienes materia.
Un día, yo dije a una que al acecho siempre estaba cuando me veía en la calle con mi vida ya trazada. Esto fue lo que ella dijo:
―Teresa, yo que te veo un poco ya preocupada… ¿Ya no tienes los éxtasis que en aquel tiempo contabas?
Esto no lo dijo ella, esto fueron unas palabras que salieron del mal espíritu que ella en su cuerpo guardaba. Gente había delante, y soltaron carcajadas. Pues aquí va mi respuesta:
―Yo te podría contestar, pero mis contestaciones son para el que sabe amar, amar a este Dios del Cielo, que Lo clavan en la Cruz, cada día amaneciendo.
Desperté, oí:
¡Daba pena contestar
palabras nombrando a Dios,
a personas que tomaban
a risa lo de este Dios!
Yo tenía para contestar
a montones las palabras,
porque le decía a mi Dios
que Palabras me mandara.
Pero yo, algunas veces,
las Palabras me guardaba.
Daba pena que dijeran
palabras que me ensuciaran
las que mi Dios me decía
para que yo administrara.
Se veía que no amaba,
en la pregunta que hizo:
¿que si Dios ya no me hablaba?
¡Si Dios habla al que Lo ama,
y yo amaba con locura…!
¡Si antes de que me hablara,
yo pedía mi sepultura,
por si algún día le faltaba
a este Amor con locura,
locura que me mataba!
Si otra vez pudiera estar
con materia ahí en la Tierra,
vuelvo a repetir este Amor,
que ahí acaba y Aquí empieza.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C5
Era su Amor tan grande, que el oírla hablar de Dios hacía que tú también amaras. Su Amor a Dios rebasaba las contras que le vinieran, contras que el hombre ponía por no querer que eso fuera.
Ya salió hablando Teresa:
Eso tenía que ser aunque el hombre no quisiera. ¿Qué poder tiene ahí el hombre para que deje en vía muerta los Mensajes que Dios dicta para que el hombre ahí aprenda? Aprenda tan sólo a amar, que esto es lo que te lleva a que conozcas la Gloria cuando aún tienes materia.
Un día, yo dije a una que al acecho siempre estaba cuando me veía en la calle con mi vida ya trazada. Esto fue lo que ella dijo:
―Teresa, yo que te veo un poco ya preocupada… ¿Ya no tienes los éxtasis que en aquel tiempo contabas?
Esto no lo dijo ella, esto fueron unas palabras que salieron del mal espíritu que ella en su cuerpo guardaba. Gente había delante, y soltaron carcajadas. Pues aquí va mi respuesta:
―Yo te podría contestar, pero mis contestaciones son para el que sabe amar, amar a este Dios del Cielo, que Lo clavan en la Cruz, cada día amaneciendo.
Desperté, oí:
¡Daba pena contestar
palabras nombrando a Dios,
a personas que tomaban
a risa lo de este Dios!
Yo tenía para contestar
a montones las palabras,
porque le decía a mi Dios
que Palabras me mandara.
Pero yo, algunas veces,
las Palabras me guardaba.
Daba pena que dijeran
palabras que me ensuciaran
las que mi Dios me decía
para que yo administrara.
Se veía que no amaba,
en la pregunta que hizo:
¿que si Dios ya no me hablaba?
¡Si Dios habla al que Lo ama,
y yo amaba con locura…!
¡Si antes de que me hablara,
yo pedía mi sepultura,
por si algún día le faltaba
a este Amor con locura,
locura que me mataba!
Si otra vez pudiera estar
con materia ahí en la Tierra,
vuelvo a repetir este Amor,
que ahí acaba y Aquí empieza.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C5
domingo, 7 de julio de 2013
Repartir este Amor
En Sueño Profético hablaban de amar a Dios ocultándote del hombre, o buscar al hombre para que ame a Dios:
Si hay Amor, tú tienes que ir repartiendo este Amor, porque el Amor crece y te exige que lo lleves donde hay hombres de Dios o donde pecadores se encuentren.
Estas palabras se oían de dos mujeres. Una buscó a la que amaba, que es la grande Teresa. Mucho le habían hablado de esta mujer tan llena de lo que ya se ha nombrado. Pero con su indiferencia, vivía sin conocerla.
Ya se oye a Teresa:
Hay veces que yo quisiera
que mi Amor a Dios
me lo siguiera cualquiera,
y vería que es Amor
donde no existen fronteras,
donde no te asusta el miedo
por oscuridad que veas,
donde el llanto es alegría,
donde hay tristeza
por querer que más te sigan.
Aunque a veces, el seguir,
sea fiera, que si te alcanza,
ofende al Dios de Aquí,
pero ya él se destapa.
Yo no sé cómo no ve el hombre
cuándo es Amor del Cielo
o cuándo es falsedad,
si aquel que siente este Amor,
jamás lo podrá ocultar.
Yo andaba la pradera
y subía por los cerros
como pluma que la mueve
un Mando del Alto Cielo,
y pensaba en el decir,
y me llevaban los vientos
con el Mando que había Aquí,
y ya mi Amor me hacía guardia
a lo que podían decir.
A veces, en el silencio,
a Dios oía decir mi nombre,
pero mi llanto no podía dejar de oír
esa Voz que me dejaba
en éxtasis y sin sufrir.
Desperté, oí:
¡Ay Palabras que eran versos
con Divinidad y aroma!
¡Ay Comunicación,
que para que llegue al hombre,
tengo que oír y ver
lo que Dios sabe de sobra!
Que yo quisiera oír,
pero que no llegue a Gloria.
Que yo quisiera vivir,
pero oyendo a los hombres,
todos, amándote a Ti.
Mándame que tu Palabra
la lleve por los senderos.
Mándame donde yo oiga:
“sin Amor de Dios, yo muero”.
Mándame, si yo merezco
el recibir de tu Mando.
Mándame, porque yo muero
si mi Dios no me ha mandado.
Por mucho que Tú me mandes,
yo reverencio tu Mando,
porque ya me das el premio
cuando yo hago tu Mando.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 210-211-212-213
Si hay Amor, tú tienes que ir repartiendo este Amor, porque el Amor crece y te exige que lo lleves donde hay hombres de Dios o donde pecadores se encuentren.
Estas palabras se oían de dos mujeres. Una buscó a la que amaba, que es la grande Teresa. Mucho le habían hablado de esta mujer tan llena de lo que ya se ha nombrado. Pero con su indiferencia, vivía sin conocerla.
Ya se oye a Teresa:
Hay veces que yo quisiera
que mi Amor a Dios
me lo siguiera cualquiera,
y vería que es Amor
donde no existen fronteras,
donde no te asusta el miedo
por oscuridad que veas,
donde el llanto es alegría,
donde hay tristeza
por querer que más te sigan.
Aunque a veces, el seguir,
sea fiera, que si te alcanza,
ofende al Dios de Aquí,
pero ya él se destapa.
Yo no sé cómo no ve el hombre
cuándo es Amor del Cielo
o cuándo es falsedad,
si aquel que siente este Amor,
jamás lo podrá ocultar.
Yo andaba la pradera
y subía por los cerros
como pluma que la mueve
un Mando del Alto Cielo,
y pensaba en el decir,
y me llevaban los vientos
con el Mando que había Aquí,
y ya mi Amor me hacía guardia
a lo que podían decir.
A veces, en el silencio,
a Dios oía decir mi nombre,
pero mi llanto no podía dejar de oír
esa Voz que me dejaba
en éxtasis y sin sufrir.
Desperté, oí:
¡Ay Palabras que eran versos
con Divinidad y aroma!
¡Ay Comunicación,
que para que llegue al hombre,
tengo que oír y ver
lo que Dios sabe de sobra!
Que yo quisiera oír,
pero que no llegue a Gloria.
Que yo quisiera vivir,
pero oyendo a los hombres,
todos, amándote a Ti.
Mándame que tu Palabra
la lleve por los senderos.
Mándame donde yo oiga:
“sin Amor de Dios, yo muero”.
Mándame, si yo merezco
el recibir de tu Mando.
Mándame, porque yo muero
si mi Dios no me ha mandado.
Por mucho que Tú me mandes,
yo reverencio tu Mando,
porque ya me das el premio
cuando yo hago tu Mando.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 210-211-212-213
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