martes, 13 de diciembre de 2011

Salud y belleza - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 240-241-242


En Sueño Profético hablaban de la salud. Decían:

Hay más que la salud les sirve para enfermar al espíritu, que para hacerle servicio a éste.

La salud y la belleza, mayoría, la tienen para ir en contra de Dios, que al perder esta salud, culpan a Dios de su mal.

El que ama a Dios, cuida de su salud y su belleza, y constantemente da gracias a Dios por tan grande premio.

En la vida material, el que a Dios no ama, rompe ese premio, y su espíritu sirve para hacerle servicio a Satanás.

Hay quien sufre una enfermedad, y alaba a Dios. Y hay quien está sano, y ofende a Dios, poniéndose enfermo por su vida de pecados.

Dijo uno:

Si el que hace el mal pensara
en que tiene que morir,
antes de hacerlo mal hecho,
remedio pedía Aquí.

Remedio pero contento,
porque el mal lo dejó allí,
allí, porque antes de hacerlo,
echó la vista hacia Aquí,
y Dios le mandó el remedio.

Desperté, oí:

Dios te mandará remedio,
cuando antes de pecar,
pongas la vista en el Cielo.

Si la salud ya la tienes,
y pecados vas haciendo,
no llames cuando tú creas,
a Dios que habita en el Cielo.

Hay quien sufre por aquél
que le ve la enfermedad,
que si lo viera por dentro,
se le quitaba el penar.

La salud y la belleza
son difícil el guardar.
Dios quiere que tú las luzcas,
sabiéndolas administrar.

Que no te sirvan las dos,
para que puedas pecar.

Piensa el de la carne enferma,
que sirve para alabar.

¡Es grande la diferencia
de que ames a no amar!
Pues si amas, ya conservas
la salud que Dios te da,
y esperándote en su Reino,
los ángeles cantan ya.

Pues si sabes que Él te espera,
no sigas pecando más.


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