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domingo, 13 de septiembre de 2020

Cargo, salud y dinero

En Sueño Profético decían:

Si el hombre se ofreciera a Dios cuando tiene el cargo, la salud o el dinero, a pocos cristianos verías sin adorar a este Cielo.

Y el que no fuera cristiano, aprendería a serlo cuando viera a los cristianos que ninguno caía al suelo, porque antes de caer, alguien le daba la mano.

Si el que vive el cargo, la salud y el dinero, se ofreciera a Dios, ese mundo sería cambiado. Y el hombre vería normal el tratarse como hermanos. Porque luego, en el final, hay un Juicio que espera, para que puedas llevar el Mandamiento Nuevo que Dios Hijo enseñó y practicó.

Desperté, oí:

Con estos tres personajes:
cargo, salud y dinero,
ocupándose del mundo,
todo hombre sería bueno.

Ya, el que malo quiera ser,
no será culpa de los cristianos.

El cargo pondría la ley
de vivir como cristianos.

El que tuviera salud,
al caído le alargaría la mano.

Ya, el dinero,
quitaría muchos odios
entre ricos y poderosos.

El hombre sin practicar
las Palabras de este Cielo,
que su nombre es Evangelio,
muchas veces ya se ha dicho
que no puede ser hombre bueno.

El bueno tiene que ser,
primero servir a Dios
sin excusas ni protestas.

El hombre se ofrece a Dios
cuando el cargo a él lo dejó.

Cuando le llegó ruina,
o cuando salud le faltó.

Si tienes un personaje
de los tres aquí nombrados,
mira al Cielo, ofrécete,
y Dios ya te mandará Mando.


***

Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C6

viernes, 29 de septiembre de 2017

Haz que tu espíritu siempre tenga la salud de la Gloria

En Sueño Profético hablaban del espíritu enfermo. Decían:

El diabólico es el que persigue la Palabra de Dios.

El espíritu enfermo es el que se retira de Dios, aunque veas que reza el Padre Nuestro. Esta enfermedad puede entrar en el sufrimiento o en las grandezas que el hombre lucha tanto por tenerlas.

La enfermedad del espíritu no es como la de la carne. Que si ésta quieres curarla, mayoría de veces no puedes y no sabes si Dios quiere la curación que tú pides, porque puede ser más curación, que no te cures.

El espíritu enfermo, si tú dices: “yo quiero curarme, Señor”, Dios ya te ha curado. Y nunca te negará Dios la curación, porque tu espíritu enfermo no puede entrar en la Gloria de Dios si tus sentidos no están perturbados, que éste ya es enfermo de carne. Pero estos enfermos no se están Aquí citando hoy.

Desperté, oí:

Haz que tu espíritu siempre tenga la salud de la Gloria, y que guíe a tu cuerpo para que sirvas para el Cielo antes que para la Tierra.

¡Qué cierto
que si quieres tener
tu espíritu siempre sano,
puedes tenerlo!

Y asegura,
que jamás te llegará entierro.

Pero tienes que coger y practicar
las recetas que van con este Sello.

Que es la Palabra de Dios
dicha y hoy diciendo.

Da esta receta, diciendo,
para el que quiera tener
su espíritu siempre bueno.


***

Libro 25 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo III - C6

domingo, 9 de diciembre de 2012

Administra tu salud

En Sueño Profético hablaban la vejez y la enfermedad, la salud quedaba callada, como avergonzada.

Dijo primero la vejez:

   –Yo estoy contenta con llevar las arrugas y quitadas las fuerzas. ¿Quién amaría a Dios si vejez no hubiera? En la vejez piensa el hombre, cuando ve vejez que llega.

Ya dijo la enfermedad:

   –Yo me siento responsable cuando a veces no hago pruebas a los jóvenes, y a los que ya la juventud dejan. A veces, la enfermedad, los jóvenes la desean, y yo, si no me conocen, hago porque me conozcan. Mucho peor es dejarlos sanos en carne y enfermos de conciencia. La enfermedad de la carne no dura, aunque el hombre quiera. ¿Qué es una vida enferma, una vida de materia, si la comparas con la Vida, la que es Vida, que es la Eterna? Si no llegara vejez, pocos entraban en Ella.

Dijo uno:

Que no extrañen estas palabras: “Entraban en Ella”. Esta “Ella”, es la Gloria, que siempre al hombre espera; espera al que cree que esa Vida siempre es buena.

El que vive amando a Dios, a éste, sí vejez le llega, sabe que esta vejez, Dios no la mira siquiera, porque Dios lo deja entrar en su Gloria cuando quiera. Y si su carne se enferma, puede que este enfermar sea, para el que lo vea, una forma de frenar.

Desperté, oí:

La enfermedad y la vejez
pudieron dialogar,
dejándose a la salud
sin parte allí tomar.

La salud es la que más
a Dios le hace sufrir.

Pocos tienen la salud
para adorar a Dios,
y al afligido acudir.

Pocos se sienten contentos
y administran su salud,
obligándola a que piense,
que Dios es premio que da
para que vaya a ofrecerse
al que la vejez y salud
le faltan “pa” defenderse.

La salud es la que siempre,
a Dios le da peor pago.

El hombre con su salud,
casi siempre está pecando.

Administra tu salud,
y que mueras siendo santo.


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Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 263-264-265

martes, 13 de diciembre de 2011

Salud y belleza - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 240-241-242


En Sueño Profético hablaban de la salud. Decían:

Hay más que la salud les sirve para enfermar al espíritu, que para hacerle servicio a éste.

La salud y la belleza, mayoría, la tienen para ir en contra de Dios, que al perder esta salud, culpan a Dios de su mal.

El que ama a Dios, cuida de su salud y su belleza, y constantemente da gracias a Dios por tan grande premio.

En la vida material, el que a Dios no ama, rompe ese premio, y su espíritu sirve para hacerle servicio a Satanás.

Hay quien sufre una enfermedad, y alaba a Dios. Y hay quien está sano, y ofende a Dios, poniéndose enfermo por su vida de pecados.

Dijo uno:

Si el que hace el mal pensara
en que tiene que morir,
antes de hacerlo mal hecho,
remedio pedía Aquí.

Remedio pero contento,
porque el mal lo dejó allí,
allí, porque antes de hacerlo,
echó la vista hacia Aquí,
y Dios le mandó el remedio.

Desperté, oí:

Dios te mandará remedio,
cuando antes de pecar,
pongas la vista en el Cielo.

Si la salud ya la tienes,
y pecados vas haciendo,
no llames cuando tú creas,
a Dios que habita en el Cielo.

Hay quien sufre por aquél
que le ve la enfermedad,
que si lo viera por dentro,
se le quitaba el penar.

La salud y la belleza
son difícil el guardar.
Dios quiere que tú las luzcas,
sabiéndolas administrar.

Que no te sirvan las dos,
para que puedas pecar.

Piensa el de la carne enferma,
que sirve para alabar.

¡Es grande la diferencia
de que ames a no amar!
Pues si amas, ya conservas
la salud que Dios te da,
y esperándote en su Reino,
los ángeles cantan ya.

Pues si sabes que Él te espera,
no sigas pecando más.


***