Mostrando entradas con la etiqueta Belleza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Belleza. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de noviembre de 2019

La belleza del espíritu

En Sueño Profético hablaba de la belleza del cuerpo, de la vejez y de la muerte. Decían:

Belleza del cuerpo sin belleza de espíritu, es hucha vacía, llave sin maleta, visión de vejez y muerte de la que órdenes esperas antes de que llegue vejez. Esta belleza del cuerpo te hace luego padecer, si es que llegas a viejo, contando tu figura de papel que tuviste un corto tiempo.

La belleza del espíritu le obliga a salir al cuerpo, y la vejez y la muerte, a Dios Le rondan diciendo: “Señor, si Tú quieres yo no llego hasta que pasen más años”.

Ya la muerte está contenta, porque sabe que, el día que Dios le dé mando, le entra a otro en la Gloria. Esta es la belleza que dura, la que te pone corona. El cuerpo siempre aconseja que no hay otra vida, nada más que la de la Tierra. Por eso hay pocos Premios al espíritu, pues te aparta la materia.

Desperté, oí:

Hablaban en este Arrobo de la belleza del espíritu y de la del cuerpo.

A la belleza del espíritu no le llega nunca vejez y no le va el nombre de: “se ha puesto viejo o feo”.

Ésta deja grande herencia para el que quiere ser heredero.

No reconoce apellidos, ni le ponen número para todo el que quiera entrar en este Testamento. Testamento Antiguo o Nuevo, todo es Palabra de Dios.

Hazte heredero del Nuevo Testamento y vive ya Gloria de Dios.


***

Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C5

miércoles, 21 de febrero de 2018

La belleza y el dinero poco tiempo le hacen

En Sueño Profético hablaban del espíritu y del cuerpo, de lo que el hombre valora lo que poco dura, y desprecia lo que no tiene fin, que su nombre es espíritu, que es lo que le da vida al cuerpo.

El cuerpo busca belleza y dinero. El espíritu busca camino que lo lleve al Cielo. Esto, cuando hay Amor a Dios, que tus pasos lo van diciendo.

Dijo uno:

Yo, cuando vivía con cuerpo, pocos años tenía cuando me di cuenta de que el dinero y la belleza hacían servicio poco tiempo. La belleza, aunque la cuides, no aguanta más de su tiempo. Y el dinero, en la vejez, ya está pensando tener otro dueño. Ahora compara el espíritu: ni se muere, ni conoce vejez, y todo el bien que hizo, Aquí viene con él.

Desperté, oí:

No censures la belleza
donde Dios la haya mandado,
que esto es un adorno
como otro adorno que veas.

Tampoco tires dinero,
poniéndole las palabras:
“Yo no lo quiero”.
Que esto sería no entender
esto que dicta el Cielo.

Va el Mensaje,
a que la belleza se va
y te deja huella nada más.

Y el dinero,
tú lo tienes que dejar
para que otro sea dueño.

El espíritu no te desprecia
ni por pobre ni por rico,
y lo que hagas ahí,
Aquí se viene contigo.

Es más grande esta comparación
cuando tú siempre has querido
que todos quieran a Dios
antes que lo que se ha dicho.

La belleza y el dinero
poco tiempo le hacen,
al mismo, servicio.

Esto es muy deseado,
pero es también peligro.

Puedes ensuciar belleza
o que mueran de hambre
y tú mueras rico.


***

Libro 32 - La Palabra del Creador - Tomo III - C4

martes, 13 de diciembre de 2011

Salud y belleza - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 240-241-242


En Sueño Profético hablaban de la salud. Decían:

Hay más que la salud les sirve para enfermar al espíritu, que para hacerle servicio a éste.

La salud y la belleza, mayoría, la tienen para ir en contra de Dios, que al perder esta salud, culpan a Dios de su mal.

El que ama a Dios, cuida de su salud y su belleza, y constantemente da gracias a Dios por tan grande premio.

En la vida material, el que a Dios no ama, rompe ese premio, y su espíritu sirve para hacerle servicio a Satanás.

Hay quien sufre una enfermedad, y alaba a Dios. Y hay quien está sano, y ofende a Dios, poniéndose enfermo por su vida de pecados.

Dijo uno:

Si el que hace el mal pensara
en que tiene que morir,
antes de hacerlo mal hecho,
remedio pedía Aquí.

Remedio pero contento,
porque el mal lo dejó allí,
allí, porque antes de hacerlo,
echó la vista hacia Aquí,
y Dios le mandó el remedio.

Desperté, oí:

Dios te mandará remedio,
cuando antes de pecar,
pongas la vista en el Cielo.

Si la salud ya la tienes,
y pecados vas haciendo,
no llames cuando tú creas,
a Dios que habita en el Cielo.

Hay quien sufre por aquél
que le ve la enfermedad,
que si lo viera por dentro,
se le quitaba el penar.

La salud y la belleza
son difícil el guardar.
Dios quiere que tú las luzcas,
sabiéndolas administrar.

Que no te sirvan las dos,
para que puedas pecar.

Piensa el de la carne enferma,
que sirve para alabar.

¡Es grande la diferencia
de que ames a no amar!
Pues si amas, ya conservas
la salud que Dios te da,
y esperándote en su Reino,
los ángeles cantan ya.

Pues si sabes que Él te espera,
no sigas pecando más.


***

martes, 22 de noviembre de 2011

La belleza me quería quitar - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 131-132


En Sueño Profético hablaban del pecado que se hizo porque te llevó el que estaba pecando, o el pecado que tú haces porque tú quieres pecado:

Esto es pecado, sin duda, pecado por no haber amado; Aquí refiere al primero del pecado.

Ya hablamos del segundo, el que hace los pecados sabiendo que Dios podía mandar su cuerpo a enterrar, sin que nadie más lo viera, ni sepultura poderle dar.

Dijo Magdalena:

¡Hay tantas formas de pecar! Pero yo sí aseguro, que pecar y pecar, es por no amar a Dios; lo mismo que pensar fecha para quitarte de pecar, esto no es amar.

Yo pequé porque no amé. Pero el día que sentí la Palabras de este Dios viviendo en suelo, no miré mi juventud, la adoración que los hombres me hacían, ni el dinero. Más de uno llegó a decirme: “Magdalena, deja unos años pasar, si aunque quieras ya ser buena, ya jamás lo serás. ¡Acaba tu gran hermosura! ¡Y a la vejez, bien está!”.

Yo me mordía los labios, y la belleza me quería quitar, y delante de mí tenía al Maestro nada más; al Maestro y a sus Palabras. Y al pensar en lo que había hecho, odio tenía a mi cuerpo, que a tantos hice pecar. Si yo hubiera sentido a Dios, no me sujeta la edad.

Desperté, oí:

Magdalena era joven
cuando dejó de pecar.

Bien dice que aquél que espera,
es por no sentir el Amor.

Decía uno pensando,
porque vivía en el pensar:
Si piensas arrepentirte
cuando llegue la vejez,
no pierdas tiempo pensando
que Dios no te da vejez.

Porque viviendo pensando:
“Yo peco y me quitaré”,
haces pecado más grande
que el que peca hasta la vejez.

Dios te perdona el pecado,
sin que lo nombres a Él.

La Magdalena lo dice,
que pecó sin conocer.


***

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Belleza - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 182-183-184


En Sueño Profético hablaban de la fuerza del pecado.

Dijo una mujer:

El pecado coge fuerza donde encuentra su sustento. Este sustento lo tiene el pecado en distintos presentes. En mí fue por la belleza, y el hombre quería premiarme. Este que el premio me hacía, también estaba en pecado casi más que el mío. Mi vida la separé de todo el que era pariente. Era una vida tan sucia, de conciencia y de pecado, que cuando salía a la calle, el que no hacía pecados, me quitaba la mirada antes que hubiera mirado. Casi todos los que me buscaban eran hombres casados. Toda esta fuerza era por no haber a Dios amado.

Ya, un día, una mujer me habló de Magdalena, y me leyó una leyenda –que ésta conservaba– de una tía suya, que su vida la tenía consagrada a que las mozas que Dios las había premiado de belleza, no fueran a servirles para hacerle servicio al demonio, deseando lo que suyo no fuera. Con estas palabras terminaba la leyenda:

“Si el que está haciendo pecado,
echara la vista al Cielo,
moriría sin enfermedad,
moriría de remordimiento”.

Esto se me quedó clavado,
y ya no tenía consuelo.
Veía a un casado,
y más pronto a los hijos
y a la mujer a su lado,
y un ¡Dios mío!, en mi mente,
si esto dejo,
¿cómo podría saber
que me habías perdonado?
¿Dime qué tengo que hacer
si mi ruego es escuchado?

Desperté, oí:

Aquí puede el pecador
aprender a arrepentirse
y a saber cómo es Dios.

A ésta le empujó a pecar
el premio de la belleza
que Dios le había dado ya.

La que tenía la leyenda
y me habló de Magdalena,
le decían cuando pasaba
por la plaza de los hombres:
¡Ésta es mujer de banderas!

Ninguno llegó a ofrecerle
una palabra en pecado,
ninguno llegó a ofrecerle,
porque Dios iba a su lado.

La belleza le servía
como traje de gala
que el espíritu tenía.

¡Es pena para morir,
si te pones a pensar,
que Dios te dé la belleza,
y tú Le hagas un mal!


***

jueves, 13 de mayo de 2010

Belleza del cuerpo y del Espíritu - Libro Recopilación - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Pag. 488-489


En Sueño Profético hablaban de la belleza del cuerpo, de la vejez y de la muerte. Decían:

Belleza del cuerpo sin belleza de espíritu, es hucha vacía, llave sin maleta, visión de vejez y muerte de la que órdenes esperas antes de que llegue vejez. Esta belleza del cuerpo te hace luego padecer, si es que llegas a viejo, contando tu figura de papel que tuviste un corto tiempo.

La belleza del espíritu le obliga a salir al cuerpo, y la vejez y la muerte, a Dios Le rondan diciendo: “Señor, si Tú quieres yo no llego hasta que pasen más años”.

Ya la muerte está contenta, porque sabe que, el día que Dios le dé mando, la entra a otro en la Gloria. Esta es la belleza que dura, la que te pone corona. El cuerpo siempre aconseja que no hay otra vida, nada más que la de la Tierra. Por eso hay pocos Premios al espíritu, pues te aparta la materia.

Desperté, oí:

Hablaban en este Arrobo de la belleza del espíritu y de la del cuerpo.

A la belleza del espíritu no le llega nunca vejez y no le va el nombre de: “se ha puesto viejo o feo”.

Ésta deja grande herencia para el que quiere ser heredero.

No reconoce apellidos, ni le ponen número para todo el que quiera entrar en este Testamento. Testamento Antiguo o Nuevo, todo es Palabra de Dios.

Hazte heredero del Nuevo Testamento y vive ya Gloria de Dios.


***