En Sueño Profético hablaban de Jesús, contaban Hechos de su Vida de Dios Hombre. Decían:
Él siempre decía:
“El que cree en mí Padre, Me busca a Mí, porque ya me esperaba”.
Dijo otro:
Yo Le oí estas Palabras:
“Al que quiera mi Gloria, lo conoceréis sin que él lo diga. Lo mismo que al ver la fruta, conoceréis el árbol. Esto se conoce como al siervo y al señor”.
Dos Discípulos cuentan un caso que a ellos les cogió delante:
Estando un día en el campo con el Maestro, oyendo cómo teníamos que continuar cuando Él nos faltara, uno Le preguntó:
–¿Luego cómo sabrán que éramos tus Discípulos?
Dijo el Maestro:
–Deja la palabra “éramos” y coge “somos”, porque Yo continúo de Maestro, y enseñando al que mis Palabras quiera. Enseñaré en Espíritu y sabrán que sois mis Discípulos por vuestras obras, porque predicaréis con el ejemplo. No puede nadie decir que es mi Discípulo, sin hacer lo que Yo hago; y haciéndolo, lo dirán otros.
Cuando se ponía a hablar, todos poníamos la vista al suelo, y el silencio era escándalo. Nos hacía sentarnos, y Él, muchas veces, quedaba de pie. Cuando alguno Le hacíamos preguntas, decía:
–Preguntad, que si es con Amor, Yo os llenaré de Sabiduría, para que podáis llenar.
Desperté, oí:
No cambian las Palabras cuando son dichas por Dios.
Dios siempre dice “amaos”, las obras son cantos a la Gloria.
La Gloria te exige que hagas lo que va en contra del pecado.
No hay mejor “sí amo a Dios”, que buscar a Dios en el Prójimo.
El Discípulo quería saber qué hacer para seguir diciendo: “soy su Discípulo”.
Dios Hombre y Maestro le repite lo que tantas veces habían oído los cristianos y los fariseos:
No hay Amor a Dios, sin obras. Y sí hay grande Amor y Obediencia a la Palabra de Dios, cuando tú ames al Prójimo sabiendo que éste es Dios.
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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - C4