En Sueño Profético decían:
Cuando sientes el Amor de Dios no puedes tener amistad con quien no lo siente y a Dios no nombra con Amor.
Estando diciendo estas palabras se vio una calle y dos hombres hablaban con fuerte voz. Ya dijo uno estas palabras:
– Mi familia puede ser como quiera, y si no quieren hablar de Dios ya saben que después de muertos Dios les castigará. Pero, mientras tengan cuerpo, amistad tengo con ellos.
De momento se oyó al que iba con él:
- Yo no estoy de acuerdo con las palabras que estás diciendo, ya que para mí hace el mismo mal el que mata como el que le da la pistola sabiendo que va a matar. Ya contaré cómo fue mi vida:
En mi casa no se podía hablar de Dios, pues mis padres decían que si querían hablar de Dios se fueran a la calle. Ya, un día, de esos días que te sientes cabezón por la edad que tienes, le dije a mi madre: “Madre, yo no puedo estar en esta casa, porque ya tengo 14 años y desde niño estoy mirando al Cielo, donde veo Ángeles entre las nubes, que esto lo dije un día y me castigaste. Pues ya te voy a decir que me voy a vivir con el dueño de la finca donde trabaja padre, ya que éstos son muy buenos y un día, cuando salía de la Ermita, me llamó y me dijo: “¿Te quieres venir a vivir a mi casa con mis dos hijos y mi mujer? Pues mi mujer, cuando te ve de rodillas delante de Dios, quiere que también estés entre sus hijos. Que esto lo ha pedido mucho y ya Dios lo ha concedido”. Esto ocurrió cuando yo tenía 14 años y ahora, cuando lo estoy contando, tengo 42. Mis palabras no dejan de nombrar a Dios, porque es un Amor que me hace sentir feliz, y vivo más feliz por estar lejos de mi familia, que familia ya no son para mí.
Desperté, oí:
¡Qué palabras con tanta Enseñanza se oían en el Mensaje!
Se vio la calle y los dos hombres que, aunque trabajaban en el campo, se veían limpios.
Estas son Enseñanzas para oírlas, porque decían palabras que no dictan.
Tan solo decían éstas:
– Ya no tenía padres ni hermanos cuando el Amor de Dios entró en mi cuerpo. Pues el Nombre de Dios me hacía pregonero.
Estas palabras fueron dichas por dos campesinos que tenían estudios del grande Amor del Cielo.
Ya se dicen unas palabras que antes del sueño daban alegría:
Todo lo que aquí venga trae Poder de Dios.
Que esto se ve en los que están aquí unidos, pues ellos dan el uno y Dios les da el ciento.
Que estas palabras se dicen mucho cuando se cree: “Dios te da el ciento por el uno que tú des”.
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Libro 70 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo X