En Sueño Profético decían:
A este Elegido, Dios lo tiene para que publique estos Mensajes, dichos en la Gloria para que el hombre no olvide que Dios está con Cuerpo en su Reino. Aquí está Dios Padre Eterno y Dios Espíritu, aunque todo es un mismo Dios. Luego está la Madre Virgen de Dios Hijo. En este mismo sitio están los Arcángeles y los Ángeles. La Gloria tiene vivienda para los Santos que en la Tierra fueron conocidos y para todos los que cumplieron los Mandamientos. Cielo y Gloria están al Mando de Dios Padre. El Mundo Él lo hizo con su Palabra, que tiene Poder para hacer y destruir.
Dijo un espíritu de Dios:
Se han dictado muchas Palabras que decían en la Gloria, pero faltan decir muchas más para que el que quiera la Gloria, haciendo lo que Dios dice, no la pierda.
Desperté, oí:
¡Qué Verdad con tanta Fuerza decían en la Gloria!
Eran Palabras con tanta Verdad, que ya tenías que poner tú aquí éstas:
- Señor, yo quiero estar siempre haciendo tu Mando, porque así ven que Esto viene de Ti.
Aquí hacen falta algunos más de los que están unidos al Elegido, para cundir Esto en Libros, y en cintas con los Mensajes en canciones y hablados.
Aquí hay algunos que no tienen descanso, cumpliendo con grande fuerza el Mando de Dios.
Hablaban mucho, en el Arrobo, del creer. Decían que el creer, te acercaba al bien y del mal te retiraba.
El que cree en Dios no puede dudar de lo que diga este Elegido, que es Elegido para enseñar de esta Gloria, que es donde está la Vida Eterna.
Hablaban mucho del creer. Decían, que si tú creías mucho en un grande peligro, a él no te acercabas.
Y si creías que te iban a dar un grande premio y te llamaban, tú a la cita no faltabas.
Pues piensa en creer en lo que Dios le da a este Elegido, y darle grande desprecio.
Si le das desprecio, cómo el día que falte tu cuerpo, Dios te va a entrar en la Gloria y en su Reino.
Pon el creer, primero, en todo lo del Cielo. Y después, en lo que veas en la Tierra.
Y da gracias a Dios por haber conocido a un Profeta en estos tiempos de grandes pecadores.
Que Dios permite, por ser vida de paso comparada con la Eterna.
Aquí, el espíritu, daba lágrimas.
***
Libro 68 - La Palabra del Creador - Tomo VII