En Sueño Profético decían:
Id a que os conozcan y no id a conocer –dijo Jesús a los Discípulos–, que los ojos dan razón a lo que los oídos oyeron y la lengua interpretó, al que quiere saber de Mí. Id a donde os quieran oír o se paren al oír hablar de Mí, como Dios que soy. Puede que al ver que sois mis Discípulos, se paren, y ya oyen y está viendo.
Coged por descanso el doblar el camino que ayer anduvisteis, para que más se enteren de que Yo soy Dios pero estoy de Hombre. Cundid mis Palabras, que para eso Yo he bajado del Cielo. Para que el que oyó hablar de Mí, hoy Me vea y Me pregunte de mi Padre, de mi Reino, que todo es un mismo Dios. Si no camináis, pocos os conocerán, porque Yo, siendo Dios, tengo que ir a que Me conozcan para que luego más digan: “Yo Lo he visto en la calle, en mi casa y hablando con los leprosos, parado con los grandes pecadores y amigo de los que ya han dejado el pecado. Yo Lo he visto en el monte y en casa de los gentiles”. Si Yo no voy a que me conozcan, nadie me conoce.
Desperté, oí:
Dios mandaba a los Discípulos porque sabía que así hablarían de su Reino.
Hablaría el que lo amaba y el que Le tenía desprecio.
Pero ya era hablar de Dios, era no guardar silencio.
Era cumplir en la Tierra lo que antes habló en el Cielo.
Era para darse a conocer a los tibios y sembrar remordimiento.
Era poderle al que desmentía que existía Dios en el Cielo.
Y los pocos que Lo amaban, ya lo buscaban y Lo seguían contentos.
¡Apúntate a los pocos, y puede que se hagan muchos!
Para cundir que Dios está vivo y que vive en los dos Mundos.
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Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX