En Sueño Profético decían:
No hay Paz con más Paz que hacer lo que tiene Dios mandado. No hay satisfacción mayor que oír al necesitado y poder quitarle algo del sufrir que va llevando.
Dijo uno:
El hombre aquí no llama pecado al no ocuparse del Prójimo, y no lo enseña por no haberlo practicado. Si el hombre pensara un día lo que Dios tiene mandado, seguro que se hacía bueno o moría avergonzado. Seguro que en su pensar pensaba lo que nunca había pensado. Que aquí digo yo el pensar:
Si Dios bajó para quitar de pecar y enseñar a no pecar, para vivir en el Prójimo. Y para que el hombre no se olvidara de él dijo: “Donde veáis un pobre o un necesitado Yo estaré allí”. Si el hombre pensara esto, no se olvidaba que al no cumplir estas Palabras ya estaba él pecando. El hambriento es lumbre que muere si no la alimentas. Y el pecado, si lo persigues, cortas el fuego y en nada queda, cuando tú seas de Dios y el que pecó lo hizo con la fuerza de otro que lo arrastró a que pecado hiciera. Que también esto es de Dios: buscar al pecador y perdonar, si éste quiere ser perdonado. Pues si no buscas al pecador ni das ayuda al Prójimo, ya estás pecando.
Desperté, oí:
No hay mayor alegría que pensar: “yo quité a muchos de pecar”.
“Yo enseño a que no pequen, porque Dios así lo quiere”.
Ya te lleva tu memoria lo lejos que tus pies dejaron.
Y vives aquel momento, aunque te hayas olvidado.
Y al hambriento lo recuerdas sin olvidar las Palabras que Dios dejó ahí en la Tierra:
“Donde haya un pobre o un necesitado Yo estaré allí”.
Que Prójimo tienen de nombre porque se lo puso Dios.
Pues si Dios está en el Prójimo todo se lo haces a Dios.
Dando comida al hambriento o buscando al pecador.
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI