En Sueño Profético vi llover con gran fuerza, luego se vieron los mares y una voz decía los nombres. Se presentó un gran viento y se llevó las calles donde tenían el letrero, quedando todo en montones de escombros. Se vio una fuerza de luz y dijeron:
- Esto es un rayo, que baja con su destino y hará barreras en el suelo hasta quedar enterrado, y nadie tendrá poder para que no caiga el rayo. Después oirás el trueno, que tampoco hay poder para ponerle silencio.
Esta Visión que se ha hecho está dentro de las fuerzas a las que el hombre no puede hacerle frente.
Dijo otro, contestando al que explicaba:
Aún hay fuerzas mayores, como el corrimiento de tierra, enterrándose los pueblos, y las olas de los mares desafiando en altura a grandes barcos de peso y llevándolos a la orilla o hundiéndolos sin esfuerzo.
¿Por qué no se para el hombre y mide su poder con lo que Aquí se ha nombrado? Tal vez se enmiende aquél que la Gloria quisiera.
Desperté, oí:
Con lo que se ha nombrado el hombre se achica, pero no se enmienda.
Se achica cuando la ola se hace como la montaña.
Se achica cuando el terremoto divide la tierra dejando tremendas brechas.
Tan tremendas que al mirarlas te ves como una parte de pavesa, que ni siquiera te ves como una pavesa entera.
Ya, si ves el rayo bajando con silencio y oyes el trueno, te justifica lo que ya ha pasado si tú te quedas con vida, sin quedar enterrado.
Si ves el rayo, ves al hombre fracasado con su valentía y su poder.
El rayo y la tormenta, con sus truenos de poder, achican al hombre al caer.
Que más achica que enmienda.
Con el huracán el hombre se ve como tarabilla al aventar.
Cuando lean este Mensaje, al nombrarlo, le dirán:
“El Mensaje que compara los errores con la Verdad”.
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI