En Sueño Profético vi una muralla y uno dijo:
En esta muralla habló Dios, cuando vivió de Hombre, a los hombres del Amor a sus Palabras, de cómo conocer al que más Lo quería y creía que su Enseñanza no venía del hombre, que venía del Padre que se hizo Carne y era el Salvador para el que quería ser salvado.
Aquí, en esta muralla, dejaron muchos pecados. Unos los dejaron al oír al Maestro, y otros iban cuando se enteraban que aquí quedó el Eco de sus Palabras. Hubo quien aseguraba que oía: “Id perdonados y perdonad”. Esto lo referían en sitios donde, sin ellos saberlo, unos días antes ésta fue la despedida: “Id perdonados y perdonad”.
Esta muralla separaba el pueblo del campo y con frecuencia pasaba el Maestro por la calle y Lo paraban para hacerle preguntas, que algunos querían oír a Dios como hombre, no como Dios, para seguir pecando. Y en estas preguntas era donde se paraba y ya todos oíamos:
“Si alguno va a seguir pecando, que no pregunte y que no siga. Aquel que pregunte, que pregunte queriendo oír el Perdón”.
Desperté, oí:
Hay quien ve mal el pecado aunque aún en el pecado viva.
Que para éstos se paraba el Maestro en la muralla y en los trayectos que Le hacían la pregunta.
Y ya todos oíamos:
“Id perdonados y perdonad”.
“Enseñad a aborrecer el pecado”.
“El que crea engañarme, ya está pecando, porque Yo permito, pero sé quien está pecando”.
“Practicad el Amor a mi Padre que es lo que ahuyenta al pecado”.
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Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - C6