En Sueño Profético decían:
Dios no elige al bueno, Dios elige al que a Él le ama. Dios no elige al que quiera salvarse, Dios elige al que lucha por salvar a muchos. Dios, cuando elige, ya antes hubo ofrecimiento de aceptación a lo comprendido o a lo no entendido, diciendo siempre:
– Señor, si Tú me das fuerzas y capacidad, mándame que yo Te sigo. Te sigo porque si no haré pecados, seré soberbio y querré devolver mal por el mal que a mí me han hecho, y yo no quiero ser así. Señor, yo quiero, si a mí me hacen mal, copiar tu ejemplo y así nunca me sentiré de Ti retirado. Haz que de todo me dé pena para que cumpla las Palabras que Tú dijiste en la Tierra. ¿Quién soy yo para no sufrir mientras viva con materia? Yo lo que no quiero es sufrir cuando esté mi carne muerta. Entonces, quiero vivir rogando por los que me dejo aquí. Mándame, Señor, tu Mando para que Te haga servicio Aquí.
Dijo uno:
Todo esto, a su manera, fue el pensar de los Elegidos: Cambiar el bien por el mal, apaciguar espíritus, huir del pecado y llevar palabras o alimento al que de esto esté falto.
Elegido no es el hombre bueno y sí el hombre que a Dios ama.
Desperté, oí:
¡Cuántos hombres buenos hay que podrían ser Elegidos si a Dios amaran!
Es al que ama al que elige, por saber que da Enseñanza.
Es al que hace oración, porque hacer oración es cumplir sus Palabras.
Es apartar de tu mente lo que en contra de Dios vaya.
Si el Elegido no viviera una vida de Enseñanza no podría ser Elegido.
– Yo sé que al hombre esto le extraña: “Los buenos a Dios no le sirven”. Pero que piensen los hombres si Dios puede elegir al bueno que a Él no le ama.
El Amor es el que hace aceptar lo que Dios manda, porque hombre bueno sin Amor es casa sin estar habitada, sólo para la lluvia y para el Sol.
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Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII
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