En Sueño Profético decían:
Si te vistes con el traje del Prójimo, conoces y sientes donde el sufrimiento se encuentra.
Si te vistes con el traje del Prójimo, en ti sientes aquello que otro tenga, porque tú llevas el traje de las alegrías y las penas. Las alegrías, porque ves a Dios. Y las penas, de ver que el hombre, del Prójimo se aleja, que es alejarse de Dios.
Dijo uno:
Yo siempre oí decir a mi madre que la vida sin Prójimo era barca sin río, jaula sin pájaro. Que el Prójimo te hacía pensar en la Vida Eterna.
Si al Prójimo podías ayudar y le cerrabas las puertas, yo creo que ella sentía el dolor del que el dolor tenía. Decía, que si el trigo no se sembrara, cosecha no se recogería.
Pues igual es hacer el bien para cuando se cumplan tus días de que la Tierra abandones, bien de noche o de día, con pocos años o con muchos. Que con muchos, no va el decir: lo que un cuerpo dure. Con la vejez ya se negó tu cuerpo a poder hacer lo que todos vieron.
Desperté, oí:
No hay mejor documento
para cuando quede ahí tu cuerpo,
que haber vivido Prójimo.
Poniendo en ti el traje
que otro llevaba puesto.
Esto, yo no pude olvidar
el tiempo que mi espíritu
dio vida a mi cuerpo.
Yo quería servir a Dios
para tener a Dios contento.
Yo hacía este pensar:
“Si en el Prójimo está Dios,
yo debo ir a verlo”.
***
Libro 31 - Te Habla el Profeta - Tomo IV - C5
Mostrando entradas con la etiqueta Verlo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Verlo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 5 de septiembre de 2018
viernes, 15 de abril de 2011
El que Lo busca por verlo, es el que primero Lo ve - Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pag. 167-168
En Sueño Profético decían:
Hay quien busca a Dios por el sufrimiento; otros, por la alegría; y otros, por verlo. El que Lo busca por verlo, es el que primero Lo ve.
Éste se olvidó del sufrimiento y del bienestar, pero no se olvidó de amarlo, tanto, tanto, que Lo sigue hasta verlo.
Si mucho Lo amaba sin verlo, a qué grado llegará este Amor cuando Lo vea y Dios, el Único Omnipotente, diga:
“Yo Soy el Dios de todos los hombres. Yo Soy el Dios que Amo al hombre y dejo que el hombre no Me ame. Yo Soy el Dios de Israel. Yo Soy el Dios de Abraham. Yo Soy el Dios de Moisés. Yo Soy el Dios de todos los Profetas. Yo Soy el Único Dios que separa el espíritu de la carne. Yo Soy el Único que resucito a los muertos”.
Cuando este hombre oiga y sienta estas Palabras, dichas con la Fuerza de esta Gloria, no habrá quien pare este Grito, que aunque calle, alborota.
La alegría de la cara de este Elegido, irá hablando de esta Gloria, y si tienes un sufrimiento y el trato le das a ella –porque ella quiere tu trato, pero quiere que tú quieras–, ya verás el sufrimiento como una cosa cualquiera, porque este sufrimiento no sigue, que ahí se queda.
Desperté, oí:
El sufrimiento de ahí, muchas veces tú lo sufres porque no piensas Aquí.
Si crees en la Eternidad, y piensas en esta Gloria, desecharás sufrimientos que el que no cree ni piensa, alberga.
La Paz, la Alegría y la Esperanza son la Bóveda de Dios.
La ira, la intranquilidad y la esperanza pérdida son el Abismo.
***
Suscribirse a:
Entradas (Atom)