En Sueño Profético decían:
El que busque al Elegido, por Amor a Dios, y su contacto no merme, él también es elegido.
La presencia del Elegido te da renta. Que si tú amas, ves la ganancia.
No hay paga mayor, que oír, del que Dios trae Aquí, estas Palabras.
Si el hombre pusiera a la vista los beneficios recibidos del que Dios Aquí enseña, algunos pedirían Perdón por temor a que volviera aquello que ya pasó.
Dijo uno:
La presencia del Elegido,
compárala con el Sol,
que si mucho Sol tú tomas,
huella el Sol te dejó.
No hay quien tenga contacto
sin notar transformación.
Los Discípulos fueron
muchas veces conocidos
antes de decir quiénes eran.
Llevaban esa señal
que no era de la Tierra.
Esta señal no se adquiere
con títulos ni monedas,
se adquiere cuando tú digas:
“Señor, mándame lo que Tú quieras,
que si el Mando de Ti viene,
es regalo que me entregas.
Yo me vería desgraciado
si Tú Mando no me dieras”.
Desperté, oí:
No puede entender a Dios
el que el Amor tenga chico
y el entender lo ponga mayor.
No puede entender a Dios
aquél que Le pida cuentas
de lo que pasa o pasó.
Lo de Dios es más difícil entender
cuando tú pones la comparación.
Entonces nada ves claro,
y los trazos que tú haces,
fírmalos como fracaso.
Es sencillo y es difícil entender
al que Dios le está mandando.
Pero el que recibe el “Ve”,
grande sufrir va llevando.
Pues siendo Premio de Dios,
tiene que ir midiendo y pesando.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II C3
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jueves, 18 de junio de 2015
lunes, 16 de diciembre de 2013
Entender de la enfermedad del espíritu
En Sueño Profético hablaban del sufrimiento. Decían:
Hay sufrimientos en la vida, que no los puede quitar el hombre. Y hay sufrimientos que los da el hombre y los puede quitar el hombre.
El sufrimiento del espíritu es producido por el mismo hombre.
Dijo uno:
Si el hombre viviera Amor a Dios, tenía seguridad de espíritu sano, y ya no sufría ni daba sufrimiento.
El que tiene el dolor de la carne, sufre él y el que lo está viendo.
El que tiene enfermo el espíritu, es él el primero que pasa el sufrimiento, y van cogiendo parte del sufrir todos los que viven para el Cielo.
El hombre busca a grande prisa el médico para el enfermo de la carne, y a veces sabe que ya no tiene remedio.
En cambio, al del espíritu no dan medicamento, que es la oración y pedir a Dios por ellos, para que pueda soltarse el que amarrado esté sin quererlo.
A éstos no les da nadie ni oración ni lamento, para que puedan salvarse.
Como cuando transfusión la ponen sin enterarse el que tan grave se vio; que mayoría siguen la vida por grande precipitación que tomó el que quería que más tiempo estuviera con los que a él lo querían.
Desperté, oí:
Hasta que el hombre no quiera
entender de la enfermedad del espíritu,
no hará por curarlo.
Que el medicamento es
la oración y buscar al necesitado.
¡Ten seguridad,
que haciendo esto,
medicamento vas dando!
La enfermedad del espíritu
tiene a ese mundo infectado.
Porque el que dicen que es bueno,
tiene a Dios olvidado.
¡Qué cierto que el hombre corre
cuando la carne está grave,
y como tenga sus días,
de nada el correr le vale!
Pero del espíritu enfermo,
no se compadece nadie.
Y nadie entiende
si es endemoniado
o enfermo que pueda curarse.
Si el hombre dijera “no”
al empiezo del pecado,
el niño haría crecimiento
con el espíritu sano.
¡Qué lástima que el mayor
se ocupa de contagiarlo!
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pág. 54-55
Hay sufrimientos en la vida, que no los puede quitar el hombre. Y hay sufrimientos que los da el hombre y los puede quitar el hombre.
El sufrimiento del espíritu es producido por el mismo hombre.
Dijo uno:
Si el hombre viviera Amor a Dios, tenía seguridad de espíritu sano, y ya no sufría ni daba sufrimiento.
El que tiene el dolor de la carne, sufre él y el que lo está viendo.
El que tiene enfermo el espíritu, es él el primero que pasa el sufrimiento, y van cogiendo parte del sufrir todos los que viven para el Cielo.
El hombre busca a grande prisa el médico para el enfermo de la carne, y a veces sabe que ya no tiene remedio.
En cambio, al del espíritu no dan medicamento, que es la oración y pedir a Dios por ellos, para que pueda soltarse el que amarrado esté sin quererlo.
A éstos no les da nadie ni oración ni lamento, para que puedan salvarse.
Como cuando transfusión la ponen sin enterarse el que tan grave se vio; que mayoría siguen la vida por grande precipitación que tomó el que quería que más tiempo estuviera con los que a él lo querían.
Desperté, oí:
Hasta que el hombre no quiera
entender de la enfermedad del espíritu,
no hará por curarlo.
Que el medicamento es
la oración y buscar al necesitado.
¡Ten seguridad,
que haciendo esto,
medicamento vas dando!
La enfermedad del espíritu
tiene a ese mundo infectado.
Porque el que dicen que es bueno,
tiene a Dios olvidado.
¡Qué cierto que el hombre corre
cuando la carne está grave,
y como tenga sus días,
de nada el correr le vale!
Pero del espíritu enfermo,
no se compadece nadie.
Y nadie entiende
si es endemoniado
o enfermo que pueda curarse.
Si el hombre dijera “no”
al empiezo del pecado,
el niño haría crecimiento
con el espíritu sano.
¡Qué lástima que el mayor
se ocupa de contagiarlo!
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pág. 54-55
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