En Sueño Profético decían:
Tu Enseñanza es buscar a Dios,
encontrarlo y seguirlo.
Y ya tienes que obedecer,
porque al seguirlo,
tú vas detrás de Él.
Si Él te dice “coge el camino,
ya no éste y sí aquél”,
si ves que te entra duda,
di: “el demonio es”.
Porque Dios ve los caminos
antes de caminos ser,
y te oye las palabras
por lejos que de Él estés.
Y si piensas las palabras
sin decírselas a Él,
antes de que a ti te llegaran,
antes pasaron por Él.
Él sabe si tú Lo quieres
o si Le haces papel.
Él sabe si sus Palabras
tú las dices al revés.
Él sabe el que Le dice:
“Señor, Te doy el Amén,
aunque delante del mar
dijeras “agua no es”.
Porque Dios, con su Poder,
puede mandar a las aguas
que en su Presencia no estén.
¡Éstos son los que Dios coge,
porque ven lo que Dios ve!
¡Éstos son los que Dios tiene
de roca en fortaleza,
y de altura, remontándole al ciprés!
Desperté, oí:
Igual que esta Enseñanza es grande,
es grande el sufrimiento
de querer que aprendan todos
lo de la Tierra y el Cielo.
El espíritu del mal
va confundiendo a los hombres
para llevarlos a pecar.
Les hace ver los colores
que el color allí no está.
Les hace que los oídos
oigan el crimen normal.
Los lleva a inventar inventos
que sirven para matar.
Hace que el hombre se odie
como el mal animal.
¡Todo es falta de creer
que Aquí tiene el final!
***
Libro 19 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pag. 3-4
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martes, 15 de julio de 2014
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Gloria, empiezo y final sin fin
En Sueño Profético se vio un camino ancho, pero no llegaba al suelo, ni veías diferencia del cielo con lo que pudieras llamar suelo. Era igual si mirabas hacia arriba o para cualquier extremo. Lo que sí te hacía sentir era que no estabas en el suelo.
Empezaron a salir, de aquel Poder, alas y caras de niños. Que las alas las llevaban las cabezas de los niños, y les servían de cuerpo. Estas alas no iban en la cabeza.
¡Entiendo mejor que explico!
Dictan Aquí, en el Cielo, que ésta es la Gloria.
Dice una voz sin cuerpo:
Estos espíritus puros son los ángeles primeros: imagen de flotación de un Poder que Dios Padre crea antes de Él crearse Cuerpo, antes de hacer el mundo que a todo le pone vida y todo queda ahí muerto.
Esta es la Gloria. De Aquí sale la vida en Palabras, que es la vida de los cuerpos.
Desperté, oí:
¡Es sencillo comprender
la descripción de la Gloria
si piensas en el nacer!
Puede nacer cuerpo sano,
y si no lleva Palabra de Dios,
no dices vivo,
y hay que enterrarlo.
¡Quién daría esta descripción
con esta lógica Divina,
prohibiendo el enmendar
nada de lo ya dictado!
Esta Enseñanza Dios la manda
para que el hombre se humille
y se corrija sus faltas.
Si el hombre mirara al Cielo
y en esta Gloria pensara,
la sentía y la vivía
y ya nada le amargaba.
Pídele a Dios que la pienses,
y Él te trae Aquí la memoria.
Gloria, empiezo y final sin fin,
donde hay Un solo Dios,
aunque Tres Dioses se nombran.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 169-170
Empezaron a salir, de aquel Poder, alas y caras de niños. Que las alas las llevaban las cabezas de los niños, y les servían de cuerpo. Estas alas no iban en la cabeza.
¡Entiendo mejor que explico!
Dictan Aquí, en el Cielo, que ésta es la Gloria.
Dice una voz sin cuerpo:
Estos espíritus puros son los ángeles primeros: imagen de flotación de un Poder que Dios Padre crea antes de Él crearse Cuerpo, antes de hacer el mundo que a todo le pone vida y todo queda ahí muerto.
Esta es la Gloria. De Aquí sale la vida en Palabras, que es la vida de los cuerpos.
Desperté, oí:
¡Es sencillo comprender
la descripción de la Gloria
si piensas en el nacer!
Puede nacer cuerpo sano,
y si no lleva Palabra de Dios,
no dices vivo,
y hay que enterrarlo.
¡Quién daría esta descripción
con esta lógica Divina,
prohibiendo el enmendar
nada de lo ya dictado!
Esta Enseñanza Dios la manda
para que el hombre se humille
y se corrija sus faltas.
Si el hombre mirara al Cielo
y en esta Gloria pensara,
la sentía y la vivía
y ya nada le amargaba.
Pídele a Dios que la pienses,
y Él te trae Aquí la memoria.
Gloria, empiezo y final sin fin,
donde hay Un solo Dios,
aunque Tres Dioses se nombran.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 169-170
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