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domingo, 22 de septiembre de 2019

Si no siembras, no recoges

En Sueño Profético decían:

Si no siembras, no recoges.
Si no crees en Dios Vivo,
no buscas donde digan
que Dios está hablando.

Y si algún día buscaras,
porque te estuvieras ahogando,
¿cómo vas a sentir a Dios
como el que siempre Lo está llamando
en la alegría y en el dolor?

En la alegría, para dar gracias;
y en el dolor y el sufrimiento,
para llamarlo y recibirlo con estas palabras:

Señor, que no me falte paciencia.
Señor, que culpa yo no Te mande
ni de pensar ni de lengua.

Señor, quiero aceptar el sufrir
que le venga a mi materia,
sin decir: “Señor, ¿por qué?”.

Ya, el sufrir del espíritu,
aunque nadie lo comprenda,
es una lucha constante
para acarrear al hombre
a que con Amor comprenda
que si va sembrando el bien,
por fuerza ya sale siembra.

Dijo uno:

Esta siembra es para Dios,
la recolección que tenga.
Y Dios ya va valorando,
y tú recibes su renta.

Ahí empiezas cobrando.
Aquí, Él te está esperando
cuando dejes la materia,
pero sigues enseñando.

Desperté, oí:
¡Qué alegría el que siembre
sabiendo que la cosecha
va al Granero Divino,
que es la Gloria de Dios!

Esta siembra, si no amas,
empiezas, no sigues
y pronto te cansas.

¡Qué cierto que más llaman a Dios
ofendiendo que suplicándole!:

“Señor, que yo acepte
lo que me venga,
que sufriendo y aceptando,
no puedo perder la Gloria.

Y si también voy sembrando,
mando contentos a Dios.
Que es la razón de esa vida,
hasta que Aquí han llegado”.

¡Qué triste tiene que ser
sufrimiento protestando!

¡Y qué Enseñanza más grande:
sufrimiento,
llevando a Dios delante
en tus palabras y tus hechos!


***

Libro 22 - Investigaciones a la Verdad - Tomo III - C1