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viernes, 18 de febrero de 2022

Los años bien empleados hacen a los rudos sabios

En Sueño Profético hablaban de los años. Hablaban de los viejos, de los jóvenes, de los libros, de las carreras, de los estudios.

Oyendo estas palabras se vio un camino y dos hombres: uno viejo y otro joven. Ya dijo el viejo:

    –A pesar de que tú eres joven y yo viejo, tenemos el mismo pensar cuando hablamos de Dios y de su Reino. Que son pocos, yo puedo hablar, por no creer que Dios esté en su Casa, que es el Cielo.

Ya sigue el joven:

   –Si quiere saber la verdad, le digo que estoy pasando unas horas felices. Porque si miro para otro lado, no veo años, veo a profesor con estudios, que Dios lo ha enseñado. ¿Viene más días por este camino? Si viene, yo le prometo esperarlo, porque se me han hecho las horas cortas.

   –Yo te hablo y te cuento cómo pasé mi juventud, y ahora cómo de viejo lo estoy pasando. Tú, aunque tengas estudios, no puedes saber cómo lo pasarás de viejo. De joven sí puedes contarlo. De viejo no sabes lo que pasarás, aunque tengas carrera.

Los años bien empleados hacen a los rudos sabios.

Desperté, oí:

¡Cómo hablaban la vejez y la juventud!

Que si no mirabas y sólo oías, tenía más saber y más aprendías del viejo que del joven.

El viejo decía: “Yo puedo contar mi juventud y mi vejez; tú sólo la juventud; la vejez no sabes cómo se presentará.

Aquí ya hay más saber.

Uno tenía 70, y el joven 27.

El de 70 había estudiado con los libros del Prójimo, y siempre observando sufrimientos para ayudar a quitarlos.

Hablaba de su juventud y de su vejez, y esto iba enseñando.

Hace pensar mucho, que como llegar a la vejez, habiendo estado siempre con Dios, no hay otra enseñanza mayor.

***

Libro 40 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C7