En Sueño Profético decían:
No creen que existe Dios; y el que cree, no Lo ama. Esto, no tiene disculpa.
Hacían comparaciones que tenías que aceptarlas:
“¿Quién soplaría el cerillo si no le viera la llama? ¿Y quién se sentaría en los troncos cuando estuvieras con llamas y vieran cortos los troncos?”
Todo es creer lo que estás viendo, y ya, responde el creer.
Nadie alarga la mano para dársela al que sin brazos lo ve. Pues, ¿cómo ver el soldado al que manda en el cuartel, y no levantar el brazo?
Todo lo hace el creer lo que estás viendo.
Todo lo que se ha nombrado es para el cuerpo. Ahora, lo del Espíritu, es sombra que va contigo, que va diciendo: “yo soy”, y aunque la sombra no habla, va presentando figura.
Si no crees en Dios, todo te será indiferente, todo lo que de Él te hablen. Y si crees y no amas, más grandes serán las pérdidas el día que tu cuerpo sombra no haga.
Desperté, oí:
El que no cree en Dios,
todo le es indiferente,
pero va avisando lo que es.
El que cree y no ama,
también avisa.
El que dice que ama y no busca
donde dicen que Dios habla,
no avisa para que lo busquen
o se retiren de él.
Este tiene el perdón
más lejos que el que no cree,
y un día, puede creer.
***
En Sueño Profético decían:
Todos los que sigan los pasos de este Elegido, tienen que ver que todo lo que hace o manda que hagan, ya el Mando Dios se lo manda. Esto se puede ver en los Libritos que han hecho para los niños que Dios entra en su cuerpo por primera vez, que al leerlos ves que es Dios hablando en su Reino para que estos niños lleguen a hombres sin retirarse del Cielo.
Dijo uno con Mando de Gloria:
El pensar de hacer estos Libritos se lo dio Dios al Elegido, pero tenía temor de decir: "Estampas no, Libritos". Pero Dios no le ha quitado de su pensar el querer hacerlos hasta que se han hecho. ¡Y cómo habrán gustado que el sueño no le llegaba y le salían estas palabras: "Señor, me das tantas alegrías, que ya me sobra todo lo que otro pida"!
Estos Libritos tienen que formar Ruido Divino. Sean entregados a los niños cuando estén preparados para su Primera Comunión.
Las Palabras de estos Libritos para los niños, tienen que hacer pensar a los hombres, por ser Palabras que al leerlas, de Dios sientes llamada.
Desperté, oí:
Si creyeran en el Poder de Dios, a las palabras del Elegido jamás les pondrían el no.
Decían, que deben pensar, cuando el Elegido dice con temor; "haced o debo de hacer", porque esto baja del Reino de Dios.
Todo el que aquí pueda ayudar y no diga no, que sea perseguido hasta que dé lo pedido.
Éste tiene que ser perseguido como el día a la noche y como la noche al día.
Tu pedir es que a Dios lo nombren mucho.
Uniendo los Mensajes de los Libros.
Y ya vives Semana Santa con Dios Vivo.
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En Sueño Profético hablaban de hacer cuanto puedas y de pensar “¿por qué no lo hice?” Este hacer y este hice es Amor al Prójimo, deber de cristiano y tener a Dios presente.
Dijo uno:
El que hace lo que puede, Dios lo sabe antes que el hombre. El que puede y no hace, Dios lo sabe y lo deja, pero Dios no está delante. El que hace lo que puede siempre de Dios se está acordando y pensando “Dios esto quiere: no vivir del Prójimo despreocupado. No decir que no tienes tiempo, ni decir que no eres culpable de lo que aquél le ha pasado”. Y ya, si esto no lo piensas, seguirás viviendo tu vida con tu camino trazado hasta que te llegue el día en el que los trazos estén borrados por el aire, por el sol o por la fuerte tormenta que, sin rayos y sin agua, la oscuridad no te deja ir a donde quieres llegar.
Es la tormenta la que a éstos les tiene que llegar. Es la tormenta la que por encima de tus obras pasará y acampará en tu vivienda cuando pienses: “Me porté mal”.
El que hace lo que puede, Dios le da para que pueda más y aunque se vea cansado no deja su caminar. Es tan hermoso cansarse cuando ya no puedes más, sin engaño ni protestas, porque esperas su mandar y en el Mando manda fuerzas y tiempo al Prójimo das. Cuando se ven estas fuerzas es amando de verdad.
Desperté, oí:
Cuando recuerdes tu vida piensa primero “pude hacer y no hice” o “hice todo lo que pude hacer”.
Tú tan sólo sabrás la suma que te dan dos y tres.
Es mala la enfermedad que tú te quieras poner cuando pienses: “pude hacer y no hice y tengo tormenta de oscuridad que, con truenos, me atormenta esta vida”.
En cambio, si haces lo que puedas sin medida ni protesta y esperas su mandar jamás te llegará tormenta.
De todo lo que ahí hiciste Aquí se pide la cuenta.
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Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II
Prologar un libro, para los que nuestra profesión no es la de escribir, no es cosa fácil, y menos aún, cuando el Libro que vas a prologar está escrito, como en este caso, por un Profeta.
El hombre intenta desmentir al que Dios le habla. Eso es como intentar detener un tren a gran velocidad sólo con tus manos, poniéndote en medio de la vía.
Es obligación del hombre, cuando Dios habla, no sólo no obstaculizar la vía, sino facilitar el paso del vehículo por el que Dios transmite su Palabra: el Profeta, el Elegido.
Si el hombre que dice que cree en Dios, en realidad creyera, no se extrañaba de que Dios le hablara a cualquier persona. Lo que ocurre, es que hay hombres que quieren a un Dios a su manera: ciego, sordo y mudo. Un Dios que no pueda verlos, que no pueda oírlos y que no pueda hablarles, porque si les hablara, quedarían al descubierto.
En Sueño Profético decían:
¡Qué sencillo es vivir con la receta del Cielo! Si el hombre la practicara, se ahorraba sufrimientos.
El cuerpo es exigente cuando ve que te domina y hace que desees aquello que menos sirva. Y ya vives trabajosa una vida que es sencilla. El cuerpo no se alimenta tan sólo de la comida, hay cosas de más valor que el hombre no las practica.
La vida de la materia es fácil el vivirla. A más te acerques a Dios, mucho menos necesitas y vives mucho mejor.
Dijo uno:
Por no vivir vida fácil, mucha gente pierde el Cielo. Por no vivir vida fácil, el hombre pierde lo bueno. Si el hombre cogiera esa vida sin avaricia ni esfuerzos, no llegaba a desear aquello que lo retira del Cielo.
Desperté, oí:
Si llevas la vida fácil,
llevas Paz dentro del cuerpo.
Y sacarás la receta del Cielo
y acortarás trabajos y sufrimientos.
La vida es trabajosa
porque el hombre se la ha puesto,
con los cuatro garabatos
que ponen al hombre inquieto.
Que esta inquietud hay veces
que le da la muerte a tu cuerpo.
La vida, con Dios delante
y haciendo lo que Dios manda,
no te llega inquietud.
Vives Paz, te sobra tiempo
y nunca desearás aquello
que te ponga inquieto por no poder
alcanzarlo.
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En Sueño Profético decían:
No hay mejor certificado que aquel que esté firmado por tu entrega al Prójimo, que esta entrega, si no amas a Dios, te cansa y dura poco.
Dijo uno:
Yo, algunos días, seguí a Juan de Dios y viví escenas que no pude olvidar, y que quería olvidar por el sufrir que me hacían.
Un día fuimos a un hospital y estuvimos con un enfermo que nadie a su cama se acercaba porque había hecho mala vida. Todas las demás camas tenían visitantes: a unos le llevaban más y a otros menos, pero la cama sola con el enfermo no la veías. Pues a este solitario iba Juan todos los días. Tenía algo en la piel que retiraba y hacía pensar si podía contagiar. Pues una tarde llegó Juan con ropa que parecía que de la tienda salía, y cuando vieron la ropa se acercaron unos a él, con ira, y ya le dijeron: “¿Esa ropa le vas a dar a éste, que siempre iba borracho dando golpes de esquina en esquina, habiendo hombres que son buenos y su vida siempre ha dado buen ejemplo? ¡Este hombre no merece ni que venga a verlo!” El enfermo, al oírlo, llenó la almohada de lágrimas, y mirando a un Señor que Juan llevaba dijo: “Señor, más que la ropa, merezco las palabras, pero si sano haré lo que Juan hace, y jamás me oirá nadie decir estas palabras que tanto daño hacen cuando te acompaña el arrepentimiento”.
Desperté, oí:
Lo que Juan a Dios le pedía, lo oye en la boca del enfermo.
Juan pedía curación y arrepentimiento.
Pues Dios lo concede y con Juan lo vieron.
Toda la familia buscaba a Juan, porque no lo creían.
Pues si Milagro vieron en la enfermedad, más Milagro era verlo acompañando a Juan de Dios de hospital en hospital.
Si esto hicieran los buenos, habría muchos arrepentimientos.
A este hombre le hizo pensar el bien que lo fue a buscar, que lo mandó la oración que a Dios mandaba Juan de Dios.
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En Sueño Profético decían:
Si de Dios no fuera este Mando, ¿quién lo podría seguir con tanto desprecio, con tanto sufrir y tantos obstáculos? Que el que dice que ama a Dios puede quitarlos. Si esto no fuera de Dios, ya se habría parado. Lo primero el escribir, lo segundo el caminar dando aliento al necesitado de Espíritu y ayudar a que viva el cuerpo. Si esto no fuera de Dios, quedaría en secreto, porque el hombre, de Dios no quiere saber nada como no se vea enfermo. Y mayoría nombran a Dios sin seguridad de que pueden hacerlo. No tienen Fe ni Esperanza. La falta de Caridad te lo va diciendo.
Desperté, oí:
La Fe, la Esperanza y la Caridad tienen cada una un sitio.
La Fe, cuando a Dios pides.
La Esperanza, cuando esperas lo que pides.
Ya, la Caridad, tiene que verla el de delante y el de detrás.
El de delante, porque espera.
Y el de detrás, porque si quiere, acompaña a llevar la Caridad.
Si quieres saber dónde actúa Dios, sigue al Instrumento.
Y verás abandono a estas Palabras y sufrimientos que superan la altura de las montañas.
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