sábado, 28 de diciembre de 2024

El Amor de Dios es para todos

En Sueño Profético decían:

Van a hablar el Amor a Dios y el desprecio.

Dijo el Amor:

Sin este Amor no podría vivir mi cuerpo. Sin este Amor yo me llamaría muerto. Este Amor busca a Dios lo primero, y cuando Lo encuentra, ya su mirada es para el Cielo, pidiendo para el espíritu o para el cuerpo, bien cuando enferma o cuando está el cuerpo bueno y el espíritu se ve enfermo. Que esta enfermedad, si no la curas, a muchos puedes contagiar. La cura es compadecer y ayudar. Con una palabra de Amor, sientes que tu cuerpo ya no es tu cuerpo, por ser tan grande el Poder de Dios.

Dijo uno:

Oyendo el Amor, ya no quieres oír desprecio a Dios. Que esto es lo que hacen con los Elegidos de Dios: desprecio a sus palabras y a sus consejos, y a sus curaciones de cuerpo, que es a lo que se le llama milagro.  

 

Desperté, oí:

 

El Amor de Dios es para todos. Pero el desprecio aparta de este Amor.

El que cree y ama, no puede dejar pasar los días sin oír estas Palabras.

Esto tiene ya una altura, que el recibir que te hacen, otros miran.

Y es que esta Verdad la lleva tu cara.

Son pocos los que aman y los que siguen el Mando de Dios.  

Son pocos los que buscan tener un sitio en la Gloria con Dios.

Se ha nombrado poco el desprecio, por no mandar sufrir a Dios.

Que este sufrir lo recibe el Elegido cuando a estas Palabras el hombre desprecio les da.

Esto es ya tan grande y tan justo, que el que Dios manda tiene que coger su sitio.

Y el que quiera a Dios, que busque este Pregón Divino.

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Libro 40 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C8

jueves, 26 de diciembre de 2024

Carne y espíritu

En Sueño Profético hablaban de las enfermedades de la carne y de las enfermedades del espíritu. Decían:

Las enfermedades de la carne son curadas por unos días, meses o años, pero llega el momento de su irremediable curación, teniendo que dejar la carne muerta.

El espíritu tiene varias enfermedades. Todas, menos una, se pueden curar. El que tiene la enfermedad de no querer a Dios, ésta, es su curación sin remedio.

Dijo uno:

Yo tuve un tiempo la enfermedad de la avaricia, y no quería vivir así. Un día, un buen amigo mío me quitó la enfermedad, enseñándome a valorar la Vida Eterna y a despreciar la temporal; enseñándome que la vida temporal era vida encerrada con valor dentro, que si estás unas hora apretando, te viene cansancio y abres la mano; que esto era el vivir de la materia, y que en cambio, el vivir del espíritu, si lo cuidabas, no cogerías enfermedad, cada día estarías más sano, cada día con más vida, buscando lo que no es vano, buscando lo que la vida temporal está despreciando. Pues de tanto que me hablaba comparando las dos vidas, sentí mi cuerpo cansado y desprecié lo que yo creía no poder vivir sin él, y fue mi espíritu curando.

 

Desperté, oí:

 

Éste se curó su espíritu,

porque a Dios quería, del Cielo.      

Pero tenían que enseñarlo

a que le diera valor,

primero, a todo lo Eterno.

¡Cómo le pone el ejemplo,

con el valor en la mano!

Que por mucho que quisieras,

acabarías cansado.

Acabarías cansado

y el valor destrozarías.

Esto es la carne enferma,

aunque gran cuido reciba.

Que le llega su cansancio,

sin remedio, algún día.

Si el espíritu lo guardas

de enfermedad maligna,

no le llegará cansancio

ni de noche ni de día.

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Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C7

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Mi casa os doy yo

En Sueño Profético decían:

Si escribieras todas las contras públicas que te han puesto en este Camino de Dios para que quede desmentido, más verían que era Dios el que te manda.

No puedes seguir camino si al camino le ponen una montaña. Pues eso han querido hacer para cortar esto que Dios manda que se cunda cada día más. Siempre se ha enfrentado el hombre a la Palabra de Dios, queriendo poner silencio. Aquí han dado hasta premios a los “sepulcros blanqueado”. Nombre que Dios les puso a los que decían “Maestro” y estos mismos Lo clavaron. 

Dijo uno:

Si pensaras en la soledad que le tienen puesta al Lugar que presenta estos Mensajes, verías cruz y calvario; Nacimiento de Dios sin vivienda; y palacios cerrándole a Dios las puertas.

 

Desperté, oí:

 

Siendo Dios el Dueño de lo que iba a hacer el hombre y de lo que tenía hecho, tuvo que ir buscando sitio para que vieran su Nacimiento.

No encontró casa ni palacio, y muy pocos Lo siguieron.

Se cundió que era Dios, y acudieron, los primeros, pastores y hombres del campo.

Cuando vieron que era Dios, la disculpa les sirvió a aquellos que no pudieron decir “mi casa os doy yo”, porque el techo no cubría el suelo en el que ellos vivían.  

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Libro 31 - Te Habla El Profeta - Tomo IV - C4