miércoles, 1 de febrero de 2017

El niño de ayer, el niño de hoy

En Sueño Profético hablaban del esfuerzo que hace el hombre para darse a conocer como hombre importante, sea en la rama que sea, pero de Dios no le hables.

Esto lo ven pasado,
de otros tiempos que hubo,
donde no había tanto adelanto
y no nacían los niños corriendo,
como ahora está pasando.

Ni los cuerpos veías muertos
en hombres de pocos años.
Porque mientras eran jóvenes,
enfermedad les llegaba
y no sabían curarlos.
Y si llegaba una guerra,
si había muertos, eran a palos.

Los ancianos vivían al lado de los niños,
hasta que eran solados,
y les dejaban el mejor sitio
con mimos y con agrado.

¡Esto no era cariño…!
¡Hoy están mejor cuidados…!
¡Tienen salón de deportes,
por si quisieran usarlo…!
¡Y dormitorios donde están solos,
que nadie puede molestarlos…!

¡Todo lo que ven es nuevo,
pero no saben apreciarlo,
porque ponen el recuerdo
en los tiempos ya pasados!

Hay días que sienten pena,
porque ponen el recuerdo
en tiempos sin adelanto.

Desperté, oí:
 
Hablaban de antes del adelanto,
y decían palabras
que avergonzaban al adelanto.

Ponían comparaciones
de cómo vivía el cuerpo
sin cultura y sin progreso.

Que el adelanto debería servir
para pensar más en esta Vida,
que es de donde sale
el permitir del adelanto.

Que adelanto sin caridad, ni humanidad,
premiando el pecado,
era atraso con gran fracaso.

Que piense el hombre que esté preparado
para diagnosticar este Mensaje,
y verá verdad en la vida que había antes.

Si el adelanto pusiera
el Amor de Dios delante,
el Cielo daría la nota,
con Paz,
que es la nota más grande.


***

Libro 24 - Dios Habla al No Queiro del Hombre - Tomo II - C5