En Sueño Profético vi muchos niños y sus risas y juegos te hacían despreciar todo lo que te lleve al pecado.
Ya dijo uno:
Estos niños viven la inocencia. A estos niños si los guiara el recato, ni la ira ni la soberbia conocerían. Llegarían a ser hombres, pero hombres sin vivir el pecado. Y esto iría de padres a hijos como Dios tiene mandado. Y se seguirían amando con presencia de recato.
Estos niños, que Visión Dios ha hecho en el campo, es para que aprenda el hombre que en inocencia no vive el pecado. Que también el hombre podría despreciar la maldad que al niño quiere enseñarle.
Dijo otro:
El hombre cree que la maldad es una asignatura imprescindible para el crecimiento del niño. Que esto es estirar piernas de tres años y de cinco hasta ponerlas a la altura de un hombre de veinticinco. No comprende el que impone estas enseñanzas que altura, crecimiento y entender las palabras todo viene con su tiempo. ¡Cómo vas a sembrar trigo y a la semana cogerlo, por mucho que allí cavaras y que regaras la tierra! Pues esto es querer que el niño viva ahí sin su inocencia.
Desperté, oí:
Deja al niño como el trigo, que ya llegará su tiempo.
Que cuando llegue el calor el grano busca al granero.
Y el niño si tu lo enseñas, mientras hace crecimiento, será hombre y será niño, como Dios quiere en el Cielo.
No quieras que sea culto separándolo del Cielo y hablándole del pecado que el no puede comprenderlo.
Deja al niño por su paso y enséñale lo primero que el pecado y la guerra hacen llorar a este Cielo.
Pero ponle los zapatos según el pie vaya creciendo.
No le pongas los del hombre al que gaste el diecinueve.
Que esto no es adelanto, que es deformación de mayores.
Cuando lean este Mensaje ¡ojalá se reforme el hombre!
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI
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