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miércoles, 2 de noviembre de 2016

No hay más Gloria que busques a Dios donde hable

En Sueño Profético contaban un pasaje de la Vida de Dios Hombre:

Entrando un día el Maestro en una posada, con cinco de nosotros, vio que hablaban unos mozos, del Hijo del Carpintero. Éstos tenían referencias de que la Gloria la llevaba su Presencia. Como la voz levantaban, nosotros, sin intención de oír, oíamos lo que el grupo hablaba del Maestro. Insistía uno:

   –Yo estoy sin sueño hasta que lo conozca. Ayer estuvo en mi casa uno que bien lo conoce. Éste es amigo de Daniel, y empezó a hablarnos de Él a las dos y terminó a las diez, pero en mi casa nadie se movía por el hilo no perder. Mi madre esto repetía:

¡Dios, qué Grande eres!
¡Dios, qué Grande en el Poder!
Yo mañana ya lo busco,
hasta que dé con Él.

¡Quién nos limpiará de pecado,
como nos limpiará Él?

Yo no me atrevo a pedirle
nada que no sea Eterno.

Se acercó el Maestro y les dijo:

Yo soy Dios Hijo,
y mi Padre está en el Cielo,
que mi Padre Vive en Mí,
y Yo al lado del Carpintero,
al que la gente conoce
como padre del Maestro.

Yo iré mañana a tu casa
y entraré como en el Templo,
hablando lo que mi Padre
quiere que sepa este pueblo.
Y ya tu madre hablará
lo que le ha dicho el Maestro,
y para ella ya no seré
el Hijo del Carpintero.


Desperté, oí:

A este Dios no le enfadaba
oír “el Hijo del Carpintero”,
lo que sí a Él le enfadaba,
era el no querer conocerlo.      

Ya, el que Lo conocía,
a gritos decía: ¡Maestro!,
Maestro con la Enseñanza
del Padre que está en el Cielo.

Del Padre que está en el Cielo,
y en Tierra lo estamos viendo.

No hay más Gloria para Dios,
que lo busques donde hable,
o le pidas tu Perdón.

Este “busques” es para ti,
como igual es el Perdón.

Pero si tú ya lo sabes,
donde está hablando este Dios,
ve y oye su Palabra,
y después pide Perdón.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C6

miércoles, 17 de julio de 2013

Dios quiere que en tus sufrimientos a Él busques

En Sueño Profético vi un río y dos mujeres caminaban por la orilla. Dijo una:

Este hecho que refiero es de Amor, de vergüenza y de consuelo. Aquí, en esta misma orilla, un día, cuando yo pasaba a enjabonar mi ropa, había un hombre pescando; me paré y quise decirle algo de mi vida, de lo que yo estaba pasando con el padre de mis hijos –que esto ya era muy nombrado, que a mi marido lo vieran darme a mí tan malos tratos–. Estaba ya decidida a irme con un samario, y que mis hijos vivieran aunque fuera del pecado. Pues este bendito hombre me dijo:

   – ¡Calla! Yo no quiero saber nada, porque no tengo las fuerzas para hacer que razonaras. Espera, que ya no tarda en pasar ese Maestro que nació en Nazaret y va diciendo Palabras que a ti te vendrán muy bien.

No terminó estas palabras, y el Maestro se dejó ver. Venía con una túnica, y un manto venía tras Él, que el viento se lo movía cuando Él movía sus Pies. Cuatro o cinco Lo seguían, y yo mi ropa dejé, y me presenté a su encuentro, y el paso se Lo corté. Cuando me hinqué de rodillas y mi cara la tapé, todos quedaron parados y Él fue el único que habló:

   –Ponte de pie pecadora, pecadora que amas ya, y todo lo que te ocurra, a Dios debes de buscar, que es el que te da consuelo y te quita de pecar. Tú, con tu falta de Amor, a este bendito podías hacer pecar.

Desperté, oí:

Dios quiere que en tus sufrimientos a Él busques, porque en este buscar puedes a otro quitar de pecar.

Si tu sufrimiento lo llevas sin acercarte a Dios, no digas que es sufrimiento, di: “Yo soy pecador”.

Si ésta que iba a lavar, con el pescador no se encuentra, peca por falta de Amar.

Peca y deja a los hijos con máxima libertad, que si el padre fue mal padre, ella está en peor lugar.

Si sufrimiento tuvieras, no dejes a Dios de amar.

Porque si tú amas mucho, puedes quitar de pecar.


***

Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pág. 188-189