En Sueño Profético vi una torre. Se veía de arriba abajo, o sea, desde el final de la torre. Había como un hormiguero, y en movimiento continuo se movían las hormigas, que a veces también volaban porque alas tenían.
Dijo uno que Dios manda:
Si estas hormigas quisieran derrumbar la torre, ¿cree el hombre que la derrumbarían? Pues más imposible es derrumbar donde Dios pone sus Palabras. Si esto no fuera así, el hombre, hormiguero formaría con espadas y fusiles. Pero la Fe y la confianza sólo te hacen sentir algo que no hay fuerzas humanas que lo puedan desmentir: que Dios a diario te habla sin que en ese momento tengas cuerpo. Luego, espíritu y materia siguen su Mando, y ya ves Escritos que son del Cielo. Esto, para derrumbarlo, tenía que estar Dios muerto y que no hubiera sido Dios, sino un hombre bueno.
Desperté, oí:
A más dureza le pongan a las Palabras de Dios dichas en el Lugar que Dios quiera, más golpes recibirán. Y cada vez con más fuerza, golpes tendrán que aguantar.
¿No se dan cuenta los hombres de que son hormigueros en la torre queriendo derrumbar las Palabras y las Obras de Dios?
Les tiene que llegar el día de la muerte, y sin remedio para el Perdón.
Donde Dios da sus Palabras, lo primero ves la acción.
Si esto está al descubierto, ponle el miedo en el no.
Porque el Juicio Final no te admite defensor.
***
Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C2
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sábado, 7 de enero de 2017
viernes, 16 de enero de 2015
Culpables sin defensor
En Sueño Profético hablaban de los culpables del sufrimiento del que recibe estos Mensajes, Elegido para el Cielo y la Tierra. Decían:
Culpables sin defensor que pueda revocar estas Palabras.
Los Representantes de Dios, si son Representantes de Cristo, deben acudir si oyen decir: “Dios a mí me habla”. Al oír esto deben retirar maldad que acudiera a ellos, hasta observar el hecho y enterarse de los pasos del Elegido y Huella que fuera dejando esto.
Y una vez vista su intocable corrección, inclinarse al Mando que Dios da al espíritu que trae sin cuerpo a su Gloria, como a tantos trajo antes de su Bajada a la Tierra y después de su Subida al Cielo.
El acudir a oír y enterarse, no tiene peligro, aunque fuera un invento de unos sentidos sin ningún fundamento. Esto sería fuente que busca uno que va sediento, que le señalan el sitio, va, y no hay agua corriendo. Pero, ¡y si corre la fuente...?
Pues esto es Lugar donde Dios habla. No acudir a él es no tener sed de Dios y no creer en sus Palabras, que Aquí dictan algunas:
“Y vendrá mi Espíritu”.
“Muchas cosas aún Me quedan por deciros”.
“Donde haya dos hablando de Mí, Yo allí estaré. Porque antes de la palabra está el pensarla, que es cuando ya Yo estoy”.
Desperté, oí:
De no ser verdad que Dios habla en un Lugar, debe el Representante acudir, para ir cortando, para no confundir con el Evangelio.
Pero de ser verdad como aquí lo ve el ciego, que aunque no puede leer,
su espíritu está sintiendo vivir en Prójimo este “Diciendo”...
¡Cuánto bien haría el Representante de Dios, al hacer ver que el hombre viera que él creía firmemente que Dios puede comunicarse en mil maneras!
Yendo delante la Caridad al caído y el visitar y estar en el Prójimo incansablemente.
Hacer frente al pecado tratando de derrotarle.
Si esto lo ve el Ministro de Dios, ¿cómo puede guardar silencio tantos años, dándole Dios poderes, y nombrarse Representante?
Este silencio es llevar al mismo Dios a que Lo juzgue Pilatos.
Si entonces Dios apartó, ¿qué esperan los que hoy están despreciando este Caso?
En este Mensaje se ha escrito lo que Dios nos ha mandado.
Pero ha quedado mucho, que será en otro arrobo dictado.
***
Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - C5
Culpables sin defensor que pueda revocar estas Palabras.
Los Representantes de Dios, si son Representantes de Cristo, deben acudir si oyen decir: “Dios a mí me habla”. Al oír esto deben retirar maldad que acudiera a ellos, hasta observar el hecho y enterarse de los pasos del Elegido y Huella que fuera dejando esto.
Y una vez vista su intocable corrección, inclinarse al Mando que Dios da al espíritu que trae sin cuerpo a su Gloria, como a tantos trajo antes de su Bajada a la Tierra y después de su Subida al Cielo.
El acudir a oír y enterarse, no tiene peligro, aunque fuera un invento de unos sentidos sin ningún fundamento. Esto sería fuente que busca uno que va sediento, que le señalan el sitio, va, y no hay agua corriendo. Pero, ¡y si corre la fuente...?
Pues esto es Lugar donde Dios habla. No acudir a él es no tener sed de Dios y no creer en sus Palabras, que Aquí dictan algunas:
“Y vendrá mi Espíritu”.
“Muchas cosas aún Me quedan por deciros”.
“Donde haya dos hablando de Mí, Yo allí estaré. Porque antes de la palabra está el pensarla, que es cuando ya Yo estoy”.
Desperté, oí:
De no ser verdad que Dios habla en un Lugar, debe el Representante acudir, para ir cortando, para no confundir con el Evangelio.
Pero de ser verdad como aquí lo ve el ciego, que aunque no puede leer,
su espíritu está sintiendo vivir en Prójimo este “Diciendo”...
¡Cuánto bien haría el Representante de Dios, al hacer ver que el hombre viera que él creía firmemente que Dios puede comunicarse en mil maneras!
Yendo delante la Caridad al caído y el visitar y estar en el Prójimo incansablemente.
Hacer frente al pecado tratando de derrotarle.
Si esto lo ve el Ministro de Dios, ¿cómo puede guardar silencio tantos años, dándole Dios poderes, y nombrarse Representante?
Este silencio es llevar al mismo Dios a que Lo juzgue Pilatos.
Si entonces Dios apartó, ¿qué esperan los que hoy están despreciando este Caso?
En este Mensaje se ha escrito lo que Dios nos ha mandado.
Pero ha quedado mucho, que será en otro arrobo dictado.
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Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - C5
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