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martes, 11 de marzo de 2014

El enredo de ese mundo

En Sueño Profético decían:

Vive más feliz el que vive con poco, que el que necesita mucho para vivir.

El que poco necesita, no desea lo que sin ello pasa.

El que mucho necesita, siempre algo necesitará.

Dijo uno:

Estas dos formas de vivir las encuentras a cada paso, a veces sin tener que lejos ir.

El empujón de esa vida hay quien lo vive despacio y hay quien recibe la vida sin pensar que está de paso.

Éste es el que necesita, y siempre estará tramando: “ahora me falta otra cosa, y después de que la tenga, más fácil será encontrarla”.

Pues si estudias estas dos formas de vivir, ves rápido el espíritu que más cerca está de Dios.

El que vive con poco, vive con poco porque vive lo mucho de Dios, y ni sentidos ni materia dejan sitio para la pompa de jabón, que es el tiempo que esa vida dura.

Siempre que haya uno donde muchos hayan y éste sea contacto de Aquí, verán lo fácil que enseña la vida que tiene que vivir la materia. Por muchos que haya, este espíritu quedará en forma de elevación sus palabras, por ser Enseñanza de Gloria y Vida de Paz.

Desperté, oí:

Leyendo este Dictado,
tú aprendes y te reformas tu vida.

Pensarás lo que te sobra,
sin desear lo que no tienes.

La convivencia de Dios
hay veces que pierde el hombre.

La pierde por desear
lo que no tiene valor.

Si la vida se viviera
pensando: “estoy de paso”,
vivías con la mitad
que tú crees necesario.

El que tenga este pensar
y pensar vaya enseñando,
que piense que está con Dios
y su Servicio prestando.

Si la vida vives ahí
y siempre estás deseando,
poco tiempo has de tener
de sentir a Dios a tu lado.

El enredo de ese mundo
tiene al hombre bien liado.

El que Dios enseña Aquí,
va los enredos quitando.

Pero tiene que querer
aquel que viva liado.


***

Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pag. 50-51-52

sábado, 1 de febrero de 2014

Ovillos en enredo

En Sueño Profético se veía mucha gente. Se veía desde altura. Y las cabezas formaban como techo de los mismos cuerpos. Era un movimiento intranquilo, un vacío en el movimiento.

Dijo uno:

Este alboroto de hombres, sin este Pastor del Cielo, irá creciendo el alboroto y serán ovillos en enredo.

¡Con lo sencillo que es el vivir la Ley del Cielo! Que si esta Ley se entendiera donde hay hombres y suelo, moría la intranquilidad y la Paz de Dios le hacía entierro a la intranquilidad.

El hombre, vivir sin Dios, siempre vivirá inquieto, y tres hombres no tendrán nunca el mismo pensamiento.

Ese mundo material está siempre en temblor de cuerpos. La inquietud los aparta de lo Eterno. Debían de tener un día de meditación viendo un triste cementerio, donde ya no existe nada que tú le llamabas cuerpo, donde toda tu ansiedad era para tener para el cuerpo.

Si esto el hombre lo pensara, él mismo se clasificaba con la nota “analfabeto”. Nota que en muchos momentos te puede quitar el sueño.

Desperté, oí:

Si el hombre se juntara, cada uno,
con la Palabra de Dios primero,
se quitaba la inquietud
que el hombre está viviendo.

El cuerpo es hoja verde
que pronto ves en el suelo.

El espíritu es el árbol,
que sigue su crecimiento
hasta llegar a Sitio
que su nombre es el Cielo.

Aquí no hay sitio para el espíritu
que fue apartando de Dios
y no enseñó los Mandamientos.

Si los hombres se juntaran,
estando en esto de acuerdo,
valoraban lo espiritual
y desvaloraban lo del cuerpo.

Y ya sería normal
todos el mismo pensamiento:

“Dios al nacer,
Dios cuando tu cuerpo
se llevan al cementerio”.


***

Libro 19 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo III - Pág. 147-148