miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los dos daban buen ejemplo, pero uno al mundo engañaba

En Sueño Profético decían:

Hay quien hace bien por el hombre y no por Dios. Y hay quien hace el bien por Dios sin ocuparse del hombre.

Dijo uno:

Yo presencié un día una riña –que ésta no es la palabra–. Eran dos que estaban considerados como personas de ejemplo. Dijo uno:

   –¡Qué trabajo me costaría el hacer vida de desorden! ¿Cómo quedaría yo ante mis amistades? ¡Cómo se asombraría el que ya me conoce!

Ya salió hablando el otro:

   –Pues yo, en lo que hago, no me ocupo del hombre; lo hago todo por Dios. Si supiera que Dios se enfadaba, no haría nada, aunque quedara mal ante el hombre. Tu comportamiento es de no amar a Dios. Tú no amas a Dios ni quieres al hombre. Tú temes y guardas tu carne. Esto no es amar, esto es respetar las leyes del hombre, que casi siempre van en contra de Dios.

Desperté, oí:

¡Qué razón tenía este hombre,
de hacer lo que a Dios agrada!

Eran palabras tan justas,
que tenías que oír y callarlas.

Los dos daban buen ejemplo;
uno al mundo engañaba.

Era buena la apariencia:
el pintar de la fachada.

El que hacía ahí en la Tierra
todo lo que a Dios agradaba,
lo haría bien con el hombre,
que era lo que Él mandaba.

Si lo hacía bien con Dios,
no era fachada pintada.

Era joya que hay dentro,
que el hombre abre para mirarla,
porque por fuera veía
ya esta joya que brillaba.

El que lo hacía por el hombre,
es postura que se traza
aquel que en Gloria no cree
y sólo tiene fachada.

El hombre que ama a Dios,
Él las leyes se las manda.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 246-247