jueves, 30 de abril de 2015

El hombre adora, a veces, sin adorar

En Sueño Profético hablaban de los Santos que el hombre adora, de los Elegidos que vida de acecho tuvieron por el mal espíritu.

Dijo uno:

El hombre, cuando alaba al Elegido, es cuando ya lo ve muerto para los muchos que no quieren contar con este Lugar que Dios habita para hablarle al hombre. Es este Lugar, pozo de sufrimientos, pozo donde echas sufrir y en fondo queda.

Éste es pozo del hombre, el pozo que aquí se nombra, pero con brocal de Dios, que en el fondo quedan las penas, y al brocal asoman rosas desmintiendo esas penas.

Yo, cuando vivía vida,
cuando viví con materia,
no podía comprender
el adorar de la Tierra.
Adorar a lo que dijo,
y matar a aquel que cuenta,
a aquel que cuenta lo mismo,
porque contar sólo cuenta
este Dios cuando te arroba,
dejando ahí la materia.

Yo quisiera convertir
a todos en pozos de penas,
de esas penas que da el hombre,
y que rosas ver por fuera.

Al espíritu que Dios trae
y luego lo cuenta,
lo deberían adorar
antes de ver carne muerta.

Desperté, oí:

Yo creo que el hombre adora,
a veces, sin adorar.

Yo creo que si adorara,
todo el pozo era brocal.

No hay sufrir con más sufrir,
que amar a este Dios del Cielo
y te castiguen ahí.

No es sufrir, sufrir
por el castigo que pone
el que a Dios no ama ahí.

Mi sufrir era pensar,
que Dios, que veía sufrir,
los tuviera que juzgar.

Yo echaba los sufrimientos
donde no los viera nadie,
donde el hombre no pensara:
¿quién querrá que Dios le hable?

El pozo que yo tenía,
era de fondo inigualable,
cuando más penas echaba,
más bajaba Dios a hablarme.

¡Ay pozo sin haber pozo!
¡Ay penas sin verlas nadie,
que se convierten en gozo,
y rosas al brocal salen!  

Si has de adorar a los Santos,
adóralos con la carne,
porque el Santo de Dios,
siempre es Santo de adorarle.

TERESA DE ÁVILA


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C5