lunes, 23 de marzo de 2026

Es tiempo de cuidar lo que siempre Eterno es

En Sueño Profético decían:

Ya, la razón con la verdad tienen cumplido su tiempo. Ya hace más de cuarenta años que se empezó a divulgar este misterio. Misterio en un principio, porque no había Enseñanza espiritual y que nadie la practicara, ni supiera orientar lo que era Dios hablando. Esto es tener a Dios vivo por imposible, o por no querer que nadie sepa que vive. Todo menos tener sed de Dios. El hombre quiere esa vida sin Dios y si algo Lo quiere es por miedo a los martirios del sitio donde Él no está.

Dijo uno:

Estas Comunicaciones empezaron sencillas y sencillas están, para el que ama o el que quiera amar. Al que Dios le molesta no puede entenderlo, porque odia lo que venga del Cielo. Odia a los Santos, que Santo es un hombre bueno. Intenta desbaratar Paz y al Prójimo lo mira siempre en desprecio.

Pues para esto habla Dios, para que el hombre no siga por el camino sin Dios. Para que los sentimientos los limpie con la oración. Para que se diferencie del animal, que sólo vive su carne, y que por eso ni se le pide cuentas ni él piensa lo que hace. Qué más da un padre animal si puede que luego el padre no conozca al hijo ya. Él come, pica o escarba y devora sin pensar. Esto es lo que Dios no quiere que el hombre sea: animal.

Desperté, oí:

Si el hombre no tuviera espíritu, Dios viviría ahí en la Tierra al cuido de la Naturaleza, como antes de hacer el Mundo.

Pero vivía en espíritu antes de crear al hombre y a los millones de especies de animales.

La Naturaleza sin Dios tampoco tenía vida, tenía que tener Dios.

Pero ya, al crear al hombre, hace que el hombre sean dos, y ya con la libertad al hombre lo dejó.

Y Él ya habita en su Reino, que antes de todo formó, con los Ángeles que puso muchos, muchos sin número. No como los Arcángeles que hay tan sólo tres.

Dios se comunica al hombre porque dos en uno es.

Ya es tiempo de cuidar lo que siempre Eterno es.

Todo el hombre que se pierda no es por Dios, que es por él.

***

Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI 

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