En Sueño Profético decían:
Si piensas en el enfermo
y te pones a pensar,
no te encuentras con razones
de que te puedas quejar.
La enfermedad es lo primero
que se debía pensar
cuando tú te encuentras sano
y no necesitas “na”.
Todo el que salud tiene
y lo ves “pa ca” y “pa lla”,
tiene que llegar momento
que la salud deje ya,
y entonces hará memoria
de aquel que tenía el mal
con dolencias en su carne
que no se podían curar.
De esta carne incurable
se debería ocupar
el que tiene indiferencia
a esta triste humanidad.
Dijo uno, y no de mucha edad:
Vivía yo con un matrimonio, que a veces me hacía pensar. No querían al enfermo, por temor a ser pegada la enfermedad que tuviera, y se ponían a hablar, y sin caridad decían:
Todo el que va a contagiar,
la muerte yo le daría.
Éstos, salud y dinero,
más bien de sobra tenían.
Un buen día amaneció
mujer y marido malos.
Al marido le dio en la sangre
algo que dejó parados
su cuerpo, piernas y brazos.
Unas manchas aparecieron
en el cuerpo de la esposa.
Cuando el médico las vio,
dijo que eran contagiosas.
Desperté, oí:
Este marido y mujer
creían que la salud
ellos podían contener.
La enfermedad la tenían
como aquello que te estorba,
que tú coges y lo tiras.
Salud tenían de sobra,
y poco Amor a este Cielo.
Esta salud les servía
para un tiempo pasajero.
De una noche a la mañana,
los dos la salud perdieron.
Recordaban en su mente
lo que tanto referían:
“Todo el que tenga contagio,
yo la muerte le daría”.
Esto llegó para ella,
lo que al Prójimo le haría.
Si tienes buena salud,
reverencia noche y día.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C6
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