En Sueño Profético hablaban del espíritu con cuerpo y del espíritu sin cuerpo. Decían:
El espíritu sale del cuerpo por dos llamadas: una, por la llamada del Arrobo; y otra, por la llamada de la muerte del cuerpo. Que el cuerpo muere porque el espíritu abandona la carne, sea en el momento en el que esté la carne enferma o cuando la carne no tenga necesidad de médicos ni de medicina. Estos espíritus si cuando dejaron el cuerpo ahí creían y querían venir a la Gloria, a la Gloria vienen. Y el que viene Aquí está viviendo una vida que nunca tendrá muerte.
Uno dijo:
Los espíritus que no son de Dios tampoco mueren como muere su carne. Éstos murieron para Dios y para su Gloria. Hay muchos que están muertos para Dios aunque el hombre ahí les vea andar a su cuerpo y hablar a su lengua, que esto es lo que no puede hacer un cuerpo muerto. Éstos están vivos para el pecado. Éstos viven en el que coge la Libertad que Dios deja, en el dinero que paga al pecado, en la belleza, que éstos se adueñan de ella porque, siendo de Dios, hacen mal uso de ella, en los grandes inventores, que también se adueñan de ellos para que el invento no sea para construir sino para la destrucción, para enseñar a condenarse.
Desperté, oí:
Hablaban de una persona pero nombraban a dos.
Decían otras palabras y ponían comparaciones como si fuera la misma.
No parecía la palabra, pero tampoco igualaba la acción.
Era enseñando al espíritu que dentro de un mismo cuerpo puede haber lucha de espíritus.
Unos malos y otros buenos, pero si piensas en Dios pronto se irán de tu cuerpo con rabia por no poder apartarte de lo Eterno.
El espíritu del mal siempre está en un acecho, pero si amas a Dios siempre le estarás pudiendo.
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Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII
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