lunes, 29 de junio de 2026

¡Cuántas maneras hay de decir no a la intimidad de Dios!

En Sueño Profético decían:

Quien oyera quejarse y tuviera el medicamento, si no lo diera para aliviar o quitar el dolor estaría en contra de Dios.

Dijo uno:

El que da sufrimiento, el que no quita sufrimiento pudiéndolo quitar y el que no aguanta el sufrimiento cuando sea suyo no está con Dios. Estar con Dios es oír el dolor y ofrecerse para calmarlo. El dolor puede ser bien de carne o bien de espíritu, que éste es mucho mayor. El que da sufrimiento está en olvido de la Presencia de Dios, y el que recibe el sufrimiento, si tiene el espíritu débil, se aparta de Dios.

Hay sufrimientos que llegan permitidos por Dios, y al pasarlo llega la intimidad con Dios. Intimidad que tú buscas y, entonces, Él te la da.

Desperté, oí:

¡Cuántas maneras hay de decir no a la intimidad de Dios!

Una, no ayudando al que sufre, que esto es Mandato de Dios.

Otra, no cogiendo el sufrir diciendo: “Él sabrá por qué llegó”.

Y otra, dando el sufrimiento sin pararse y decir:

     - Señor, dame el perdón, que vivo arrepentimiento. Que primero lo hice mal sin cumplir tus Mandamientos, y después me llegó pecar de acción y de pensamiento.

Al que piense esto, con profundo arrepentimiento, Dios le da intimidad y escandaliza a los buenos.

A los buenos que no cumplen el verdadero Evangelio.

Que esto ya ocurrió en la Tierra cuando Él bajo del Cielo.

***

Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI 

No hay comentarios:

Publicar un comentario