En Sueño Profético decían:
Quien oyera quejarse y tuviera el medicamento, si no lo diera para aliviar o quitar el dolor estaría en contra de Dios.
Dijo uno:
El que da sufrimiento, el que no quita sufrimiento pudiéndolo quitar y el que no aguanta el sufrimiento cuando sea suyo no está con Dios. Estar con Dios es oír el dolor y ofrecerse para calmarlo. El dolor puede ser bien de carne o bien de espíritu, que éste es mucho mayor. El que da sufrimiento está en olvido de la Presencia de Dios, y el que recibe el sufrimiento, si tiene el espíritu débil, se aparta de Dios.
Hay sufrimientos que llegan permitidos por Dios, y al pasarlo llega la intimidad con Dios. Intimidad que tú buscas y, entonces, Él te la da.
Desperté, oí:
¡Cuántas maneras hay de decir no a la intimidad de Dios!
Una, no ayudando al que sufre, que esto es Mandato de Dios.
Otra, no cogiendo el sufrir diciendo: “Él sabrá por qué llegó”.
Y otra, dando el sufrimiento sin pararse y decir:
- Señor, dame el perdón, que vivo arrepentimiento. Que primero lo hice mal sin cumplir tus Mandamientos, y después me llegó pecar de acción y de pensamiento.
Al que piense esto, con profundo arrepentimiento, Dios le da intimidad y escandaliza a los buenos.
A los buenos que no cumplen el verdadero Evangelio.
Que esto ya ocurrió en la Tierra cuando Él bajo del Cielo.
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI
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