miércoles, 22 de julio de 2026

El hombre es obediente a todo lo material y rebelde a todo lo espiritual

En Sueño Profético hablaban de la seguridad que el hombre tiene en lo del hombre y de la inseguridad que pone a todo lo seguro, que es el espíritu.

Dijo uno:

El hombre es obediente a todo lo material y rebelde a todo lo espiritual. El hombre previene en lo material y en lo del espíritu le molesta el aviso que Dios le manda para que no enferme el espíritu y para que aprenda a curarlo. El hombre confía en el médico. El hombre confía en el químico que tiene un pueblo en sus manos. Al arquitecto lo respeta por la obra que va llevando, sin pensar que puede poner los pilares falsos. Al notario se confía, poniendo todo en sus manos. Y al abogado lo busca para que le defienda el caso, que él mismo lo defendería si viviera a Dios amando. A los valores de la Tierra el hombre le da un precio elevado, que luego no le sirve para alargarle la vida, esa vida de pecado. Luego, de esos valores, le pagan al cirujano y le dan palmadas en la espalda y, a veces, hasta con agrado sale el cirujano, que para ellos no tiene culpa, anunciando el cadáver. Con qué respeto lo miran, porque el quería salvarlo.

El hombre es obediente a todo lo material y rebelde a todo lo espiritual, que esto se ve en el trabajo que le cuesta enseñar al Elegido la Enseñanza del espíritu.

Desperté, oí:

Qué comparaciones tan seguras, tan medidas, que al oírlas dices sí, con palabras o inclinando la cabeza.

Que tal vez te lleguen más cuando no te oigan respuesta.

Un simple letrero puesto, aunque no tenga peligro, todo hombre lo respeta.

Una presencia robusta de cualquier hombre que vieras, le verías mala cara si un médico dijera: “Su mirada acusa una enfermedad mala, vaya pronto a una clínica, no demore su llegada”.

Ya podrías ir sediento y si una fuente encontraras con algún letrero puesto prohibiendo esa agua, seguro que caías muerto antes de beber el agua.

Pues deja esta obediencia después de la que Dios manda.

Que la cabra ha de morir, esté enferma o esté sana.

Pues igual le pasa al hombre, que a los noventa se acaba.

Aprende lo del espíritu, que éste no cuenta tiempo ni puedes ponerle números.

Pues Aquí se dice Eterno y ya sobran los números.

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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI 

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