miércoles, 28 de octubre de 2026

Es la vanidad del hombre la que retira de Dios

En Sueño Profético yo decía:

     - Señor, no quiero dormirme para darte gracias y para seguir pidiéndote, pero no sé si estoy dormida. Gracias, Señor, por si estuviera dormida.                           
     - También te doy las gracias porque quiero que mi pensamiento sea siempre tuyo.

Vi a muchos de rodillas, pero de espaldas, y donde tenían las rodillas no había suelo ni seguía el cuerpo, tampoco se veían las rodillas. La otra mitad del cuerpo se perdía en aquel sitio sin suelo, donde el sitio era un poder, un poder de aliento. Ya oí:

     - No estás dormida. Sólo duerme el cuerpo, porque vuelve a darle vida el espíritu, que es esto: Vida sin cuerpo. Si esto no fuera Arrobo no se diría cuerpo durmiendo, sino que se diría cuerpo muerto.

Dijo uno:

¿Quién describiría esta Vida, estando aún con cuerpo, si Dios no fuera único en Poder y en Sabiduría? Nadie. ¿Quién le vuelve la vida a un cuerpo después de que el espíritu salga, llevándose pulsación y aliento, y dejando la carne rígida? Nadie. Esto sólo lo hace Dios con Mando en el espíritu.

¿Quién cogerá estos Libros y no dirá que son Sagrados? ¿Quién enseñará Teología y cuando vaya pasando las hojas de estos Libros no se sentirá fracasado si antes los desmintió? Esta Teología no tiene precio.

Desperté, oí:

Dios no tiene tiempos pasados ni tiempos que vengan para esperarlos, porque Él es Dios y en Él está el ayer, el mañana y el hoy.

Pero el hombre perdió el ayer, el mañana no lo sabe, y sólo tiene el presente, que siempre será hoy.

¿Por qué cuando Dios coge un espíritu que vive con cuerpo el hombre no lo reconoce y lo maltrata?

Que esto no sirve de nada cuando Él se comunica para dar Enseñanza.

Sirve para que se grave cada uno su disfraz y su vanidad.

¡Hombres que no van a tener tiempo de leer el contenido de estos Libros y darlos para la enseñanza, con tanto nombrar a Cristo!

¡Hombres que deberían llorar si otro hombre no quisiera lo que Él manda para enseñar!

Es la vanidad del hombre la que retira de Dios, ajustándole a Dios las cuentas.

Todo aquél que ha perdido el tiempo desmintiéndolo, hoy ya no lo encuentra.

Y verá doble fracaso cuando el Mundo entero lo acepte.

No le digas a Dios que no cuando Él te entregue el sí.

***

Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI 

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