En Sueño Profético decían:
Si amaran a Dios buscaban donde habla.
Si amaran a Dios respetaban sus Palabras.
Si amaran a Dios no esperaban que Dios los apartara, porque no hay dolor mayor que no te ame el que tú amas. Pero si tú no amas, ¿qué importa si no te aman? Pues figúrate y compara, en el Amor a Dios, no desear sus Palabras, ¿qué puedes esperar de Dios si eres tú el que no Lo amas?
Dijo uno:
Qué juicio más mal hecho tiene el hombre hecho de Dios. Primero le falta Amor, pisotea el respeto y no lo sigue el temor de darle las cuentas luego. ¿Cómo puede presentarse diciendo: “Yo amo o creo”? Si amas no tienes noche ni día, mes ni semana, para buscar donde dicen que me han dicho que Dios habla.
El hombre forma el juicio y se atreve a engañar a Dios del Cielo, como si Dios no estuviera debajo de su mismo techo, delante de su pensar, delante de su conciencia, delante de su bondad, delante de sus respuestas. ¿Quién puede engañar a Dios si para Dios todo es transparente, todo es urna de cristal?
Desperté, oí:
Qué falta de Amor a Dios tiene el hombre sin buscar sus Palabras.
Qué respuesta le daría a Dios si Dios a él le preguntara: “¿Cuánto tiempo te doy?”
Si este pensar lo pensara el hombre cómo le negaría el tiempo al que el tiempo le manda.
Hombres sin Amor ni miedo a negarlo, que les mandan de la Gloria, de este Cielo, este Dios que en todo manda.
Su Mando es de Poder y Mando cuando Lo aman.
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Libro 68 - La Palabra del Creador - Tomo VII
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