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domingo, 21 de marzo de 2010

El Banco de los Milagros - Libro Recopilación - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Pag. 646-647


En Sueño Profético se vio una plaza y unos bancos de piedra de los que era dueño todo el que por allí pasara y quisiera sentarse para darle descanso a sus cuerpo u olvido a su sufrimiento con pensar que el Maestro había pasado cerca de los bancos y su Túnica roce había dejado cuando a los bancos se acercó, porque Lo esperaba alguno que se encontraba enfermo y no se atrevía a ir a Buscarlo, porque mientras tuvo salud del cuerpo no le hacía falta el Divino Maestro.

Se vieron dos mujeres y una sacó un pañuelo, y limpiándose sus lágrimas, estas palabras se oyeron:

Estos bancos me ayudaron a que mi marido fuera detrás del Maestro y no se metiera conmigo por yo creer que era Dios, aunque Lo viera detrás de los más incrédulos, pero quería saber y oír Sus Palabras que luego, en esta plaza, referían Su diciendo. El que Lo había oído, no podía decir: “Esto no es del Cielo”, porque su cara no guardaba secreto.

Yo me venía a la plaza cuando había pasado el Maestro, y a los bancos les rezaba para que me hicieran el Milagro de que a mi marido lo vieran sentado en ellos. Yo sabía que su Poder en la piedra quedaría, y todo el que se sentara, algo por dentro sentiría.

Una mañana se fue, y no me dijo donde iba, pero cuando llegó a casa sí me dijo de donde venía. Esta fue su entrada:

“He ido a la plaza, y cuando el Maestro entraba en ella, había un hombre en un banco sentado, que tenderse quería por estar malo. Me acerqué y le puse el brazo como refugio y descanso. Cuando el Maestro se acercó, me dijo:

El banco te ha llamado a ti, y tu brazo, a él lo ha curado. Veníos con mis Discípulos, ya que estáis los dos curados”.

Desperté, oí:

Uno tenía la carne enferma, y otro el espíritu.

Ninguno creía los Milagros que contaban los Discípulos.

Las mujeres de los dos, cuando tenían un momento, iban a la plaza y delante del banco decían:

“Maestro, haz que mi marido se siente en el banco y sienta tu Poder por dentro”.

Queriendo salir las lágrimas le dijo a la mujer:

“No pidas a Dios por mí.
Vamos a pedir por otros que les pase como a mí.

Que mi brazo curó a uno, y el banco me curó a mí”.

Esto te hace pensar que contacto del que Dios Aquí trae y oración, puede curar espíritu enfermo y carne.

“El Banco de los Milagros” le pusieron estos hombres.


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