En Sueño Profético hablaban de la tristeza, de la pena y de la alegría, de la inquietud en el deseo, de la avaricia. Esta palabra y la del empiezo del Mensaje son de donde salen las peores actuaciones, que te apartan de la oración.
Estas dos actuaciones te ponen pidiendo a Dios: una, con lo que no necesitas; y otra, pensando con gran desconfianza y siempre con cansancio de espíritu. Que este cansancio lo lleva el espíritu al cuerpo.
La pena es la respuesta de un grande sufrimiento. La pena -pero con Dios–, llamándolo, queriéndolo y sacando las reservas de las fuerzas que se reflejan en tu cuerpo, ya ves pena y alegría, difícil el entenderlo el triste y el avaricioso.
Desperté, oí:
¿Cómo comprender la tristeza,
que la pena, que es más grande,
sea amiga de la Alegría,
de la Paz y la Esperanza?
Al avaricioso le llega
inquietud con ira.
Exigencia en lo que a Dios Le pida.
Y en esta actitud,
la oración se retira.
La oración pensando en el sufrimiento
y con la Confianza en Dios,
no te llega la tristeza.
La tristeza te prohíbe petición,
y ya nada te alegra.
La tristeza te hace enfermo
aunque enfermedad no tengas.
La alegría del espíritu
le puede a la tristeza.
***
Libro 19 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pag. 142-143
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lunes, 7 de julio de 2014
sábado, 14 de septiembre de 2013
Deseo e Indiferencia
En Sueño Profético hablaban el deseo de amar a Dios y de la indiferencia dando desprecio.
El deseo era fuente poniendo grandes ejemplos, que por muchos que ponía, más le decía este Cielo. El deseo así empezó, poniendo éste, grandes ejemplos:
Hay quien tiene buen oído y no oye las campanas, y luego se queda sordo y quiere oír el silbido de la flauta ya alejada.
El deseo siempre pasa por encima de los obstáculos que pone la indiferencia. La indiferencia te hará que te vean que eres malo, y por malo acabarás, porque no puede ser bueno el que a Dios indiferencia Le da.
Luego, muchos de éstos querrán saber y preguntar, y quedarán enrojecidos al oír el contestar del que siempre al Comunicante ha seguido. Porque el deseo de amar, buscaba a los Elegidos para oír y preguntar de este Reino prometido; para poderte enseñar del Lenguaje del espíritu, sin palabras y sin imagen.
Desperté, oí:
¡Cuántos querrán oír
las Palabras que Aquí han sido
dichas al Instrumento,
cuando por Mando de Dios
les tenga que dar desprecio!
¡Hombres que viven la vida
porque Dios el “No” se guarda!
¡Hombres que teniendo cerca
el remedio para el alma,
no lo quieren y lo desprecian!
Es que les falta el deseo
de saber y amar
a todo lo del espíritu.
Debía el hombre volar,
con las alas del espíritu,
cuando se entera que Dios
tiene algún Elegido.
¡Hombres que se hacen
esclavos del traje
y abandonan el cuerpo!
¡Hombres esclavos de la materia
y olvidados de lo Eterno!
¡Que no merecen que Dios
mande la Enseñanza desde Cielo!
***
Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pág. 80-81
El deseo era fuente poniendo grandes ejemplos, que por muchos que ponía, más le decía este Cielo. El deseo así empezó, poniendo éste, grandes ejemplos:
Hay quien tiene buen oído y no oye las campanas, y luego se queda sordo y quiere oír el silbido de la flauta ya alejada.
El deseo siempre pasa por encima de los obstáculos que pone la indiferencia. La indiferencia te hará que te vean que eres malo, y por malo acabarás, porque no puede ser bueno el que a Dios indiferencia Le da.
Luego, muchos de éstos querrán saber y preguntar, y quedarán enrojecidos al oír el contestar del que siempre al Comunicante ha seguido. Porque el deseo de amar, buscaba a los Elegidos para oír y preguntar de este Reino prometido; para poderte enseñar del Lenguaje del espíritu, sin palabras y sin imagen.
Desperté, oí:
¡Cuántos querrán oír
las Palabras que Aquí han sido
dichas al Instrumento,
cuando por Mando de Dios
les tenga que dar desprecio!
¡Hombres que viven la vida
porque Dios el “No” se guarda!
¡Hombres que teniendo cerca
el remedio para el alma,
no lo quieren y lo desprecian!
Es que les falta el deseo
de saber y amar
a todo lo del espíritu.
Debía el hombre volar,
con las alas del espíritu,
cuando se entera que Dios
tiene algún Elegido.
¡Hombres que se hacen
esclavos del traje
y abandonan el cuerpo!
¡Hombres esclavos de la materia
y olvidados de lo Eterno!
¡Que no merecen que Dios
mande la Enseñanza desde Cielo!
***
Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pág. 80-81
lunes, 26 de septiembre de 2011
El deseo de saber de Dios - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 49-50
En Sueño Profético hablaban del deseo de saber de Dios, de la ansiedad de oír su Palabra.
Dijo una mujer:
Yo oí tantas veces contar a Teresa los éxtasis, que de ansiedad me llenaba, y esta ansiedad me hacía que ansiedad yo contagiara. Nos juntábamos unas cuantas, y había veces, que ella contando y nosotras preguntando, pasaban las horas como segundos. Aquí cuento un éxtasis que varias veces le hicimos repetir:
Dice que una noche, cuando ya se iba a acostar, notó falta de firmeza en sus pasos, y que una fuerza la puso de rodillas a la vez que oía:
“Teresa, grande martirio sigue el hombre dando a Dios. Dios recibe y sufre el mal trato que el hombre da al inocente”.
Dice, que se iluminaba la habitación, viendo unos Pies clavados. Se quitaban y veía unas Manos con grandes heridas. Y otra vez oía:
“Di que aún sigue sangrando. No calles esta Visión de Enseñanza para el hombre bueno y para el malo”.
Cuando ya pasó el éxtasis, dice que quedó llorando de ver el poco oído que le daban a su llanto.
Esto hacíamos que nos lo contara palabra a palabra, parándose, porque dicho de seguido no la dejábamos. Esto éramos nosotras:
“Teresa, ¡qué emoción de Dios nos dejas!; ¡cuánto bien nos hacen tus explicaciones y tus respuestas a nuestras preguntas!”.
Otra decía:
“Teresa, no tengo prisa, quiero oírte hasta cansarme, y una vez cansada, aquí quedarme”.
Ya todas reíamos de Amor y deseo de querer más y más saber de Este Dios.
Desperté, oí:
No cansa el estar siempre
oyendo el hablar de Dios.
Pero si el que te habla
es que Dios le da la Voz,
y en éxtasis sus Palabras
para el consuelo de “tos”,
buscas con ansia este Habla.
El deseo de saber de Dios,
Dios hace que en Amor quede.
El que dice que ama a Dios,
y de Dios saber no quiere,
Dios ya lo tiene olvidado,
porque él, así lo quiere.
El Amor te da ansiedad,
que a veces tú no comprendes,
que te lleva a preguntar
donde dicen que a Dios oyen.
Si dices que tienes Amor,
y ansiedad por Dios no sientes,
cambia la palabra Amor,
por palabra indiferente.
A Teresa la buscó
el que tenía ansiedad
que le empujaba el Amor.
***
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