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lunes, 20 de septiembre de 2010

Para saber si amas sin medida, tienes que pasar por caminos de pinchos - Libro 56 - Dios Manda en Su Gloria, Que Enseñen - Tomo VIII - Pag. 75-76-77


En Sueño Profético decían:

Al Elegido no le falta la alegría, y es que algo siente porque lleva a Dios de compañía. Y ya, con esta compaña, a todo le quita importancia.

Dijo un espíritu de Dios:

Si este Elegido así no cogiera la vida, no podría vivir. Pero ella pone el sufrir en el Permitir de Dios, y ya piensa: “Dios deja su Permitir para que el hombre Lo quiera y Lo siga, o Lo desprecie”. Pues aceptando todo lo que Dios puede quitar, ya el Amor aumenta más.

Decían en la Gloria que para saber si amas sin medida, tienes que pasar por caminos de pinchos, y en el pinchar decir: “Señor, Te quiero más, porque así no me olvido de tu calvario, de tu Cruz y de la muerte que Te dio el hombre”. Y ya, si piensas en la Madre Virgen, acunando a su Hijo matado, te da que pensar tu sufrir comparándolo con éste.

Pues este pensar, pensado con otras palabras más cortas, es el pensar del que Dios hoy lo tiene como único, con tanta abundancia de Mensajes dichos en la Gloria.

Desperté, oí:

Todo lo que hagan aquí son alegrías que te contentan el alma.

Porque tu afán es publicar de todas las maneras, en Libros y cintas cantadas y habladas.

Porque este Amor de Dios no puede quedar en silencio.

El sufrir del Elegido es que no vean este Mando los que aquí están unidos.

Un Mando que no es suyo.

Este Mando lo lleva el Resplandor Divino que hoy Dios te ha traído.

Al despertar veías en tu presencia rayos de Luz Divina.

Esto es Inteligencia anulando libros.

Esta Inteligencia es de espíritu, pero de espíritus de Gloria.


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sábado, 11 de septiembre de 2010

“Yo quiero que pidáis limosna, pero no que robéis” - Libro 56 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo VIII - Pag. 13-14-15


En Sueño Profético decían:

Si Dios hiciera de Dios, con su Poder y su Mando, no existirían las guerras, ni el hambre, ni el pecado. Que la guerra viene del pecado, igual que el hambre, el adulterio y el romper la unión de la carne que Dios hace.

Dijo un espíritu con el Mando de Dios:

El robo es más pecado para el hombre que para Dios, si este robo es hecho por hambre o por ropa para tapar tu cuerpo por el aire o el frío, o el hielo. O si es hecho por algo para que tus pies cubran por ir descalzos.

Esto son unas pocas cosas que se han nombrado. Pues Dios consiente esto por no poner su Poder como dictador de la tierra.

Estando oyendo estas palabras, se vieron unos chiquillos de unos ochos y nueve años. Estos iban corriendo y se pararon delante de un puesto que había con tortas y pan. Se acercaron y quitaron unas tortas, mientras otra gente las comían y las pagaban. Llegaron dos mujeres, madres de los niños, y uno dijo: “Madre he robado dos tortas y me las he comido porque tenía mucha hambre. Y mi amigo, las sandalias que lleva las ha robado de una tienda en la que había mucha gente. Y mientras él se las probaba, la gente ni lo miraba”.

Desperté, oí:

Cuando llegaron los chiquillos a la casa iban sin hambre y con los pies cubiertos con las sandalias.

La madre los abrazó llorando con estas palabras:

“¿Dónde habéis hecho este robo? Que yo quiero ir para pedir perdón. Y que jamás esto vuelva a ocurrir porque es pecado. Para Dios somos pobres, pero pecadores no”.

Cuando la madre llegó a los dos sitios donde habían los chiquillos robado, ya tenían la respuesta a sus palabras los dos dueños.

La del pan y las tortas les dijo: “Si con lo que habéis cogido se os quita el hambre, ya podéis venir todos los días, que yo sin dinero os las doy hasta que vuestro padre gane trabajando”.

La madre se abrazó a los niños llorando con estas palabras:

“Yo quiero que pidáis limosna, pero no que robéis”.

Había un hombre delante que los vio cuando cogieron las sandalias, y esto le dijo a la madre:

“De donde han cogido las sandalias ya tienen pagados otros zapatos para que cuando se queden rotos los que llevan se pongan unos nuevos y que allí queden los rotos”.

Esto en el pueblo se cundió y no daban a basto a hacer tortas en la tienda, de la venta que tenían.

En los puestos de calzado y en las zapaterías esto se cundió y les dijeron que el precio del calzado era, cuando les hiciera falta, dejar los viejos, que esto ya era como factura pagada.

Este es el robo que para Dios no es pecado.

Decían en el ArroboDesprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75) que cómo no se darán cuenta de que Dios aquí está hablando.

También decían en el Arrobo que la guerra era el peor de los pecados. Porque esto es matar a cuerpos a los que Dios tenía unos por buenos y otros perdonados.


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miércoles, 5 de mayo de 2010

Yo despreciaba las riquezas - Libro 56 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo VIII - Pag. 53-54-55


En Sueño Profético hablaban de la vanidad y de la importancia que el hombre le ponía a lo que queda en la Tierra, y de lo poco que valoraba lo que le servía para no perder la Gloria. Que esto se puede ver en tantos que han conocido este Caso, que no es de este Mundo, y se retiraron buscando grandezas.

Repetían mucho estas palabras:

“Tierra sucia,
Tierra que no engaña,
que igual tapas al rico
que al pastor de la montaña.
Que igual que están los gusanos
están los cuerpos del hombre”.

Dijo un espíritu de la Gloria que, cuando vivió su cuerpo, él contento a la Tierra despreciaba:

Yo tenía treinta años cuando Dios me trajo Aquí y ahí enterraron mi cuerpo. Pues desde bien joven le daba todo el valor a lo que no se acaba, que es esta Gloria. La familia de mi madre daban la vida por las riquezas, y yo tenía poco contacto con ellos porque mi padre murió sin saber que estaba enfermo, y ni a mí ni a mis hermanos nos dieron nada. Mi madre trabajaba mientras ellos guardaban para dejarlo en la Tierra.

Desperté, oí:

Dios me trajo Aquí porque yo esta Vida vivía y a Dios Le pedía, y las riquezas de la Tierra las despreciaba.

No sé si fue de tanto sufrir el porque yo despreciaba a las riquezas y a Dios más Lo sentía en mi sufrir.

Ya contaré todo, porque Dios lo quiere así:

Tuve sufrimiento grande en la carne que Dios une. Esta no aguantaba la pobreza y abandonó mi casa buscando las riquezas.

Algo encontró, pero hoy no está en la Gloria con Dios.

Yo, cuando hablaba con la familia y los amigos de ella, estas eran mis palabras:
“Señor, más lo siento por Ti, por haber ido a tu Casa”.

Yo, con todo lo que sufrí en la Tierra Tú me has pagado con grandes ganancias.


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lunes, 26 de abril de 2010

Creer sin amar - Libro 56 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo VIII - Pag. 51-52-53


En Sueño Profético decían:

El camino que estás andando y en los sitios que estás llegando, tu presencia algo va dejando, y ya tendrás que hablar de esta Divina Verdad. Unos creyendo y otros amando preguntarán al que siga estos pasos.

Dijo el Mando de Dios en un espíritu:

El que cree hace más preguntas que el que no cree. El que cree puede que le falte el amar, y cuando oiga al que siga estos pasos, le haga preguntas y él solo se puede confesar.

El creer tiene un bien y un mal. Un bien si entrega su espíritu al mando del Elegido, y con comportamiento dice: “Quiero oír lo que Dios dice, pero con tus palabras”. Ya, al decir esto, es porque siente un Amor grande, y con él puedes contar. En cambio, si no creen, no preguntan nada y jamás sienten el Poder de Dios, y cuando oyen al Elegido cambian las palabras. Lo que sí es más de miedo es el que cree y no ama. Este puede buscar y matar, si esto es mandado por uno que por encima de él está. Esto es el peligro de creer y no amar. Esto muy pocos lo entienden.

Desperté, oí:

Este Arrobo, para entenderlo, tienes que amar a Dios y tratar al que dice que no cree y también al que cree y no ama.

Si tratas a estos dos, verás que uno puede hacer más daño.

Porque al creer, buscará el sitio para romper o deshacer.

Judas vendió y mató a su Maestro porque sabía que era Dios.

Si no cree que era Dios Hijo no Lo mata.

Decían en la Gloria que creer sin amar era peor que no creer nada.

Esta Enseñanza se oye poco; en cambio, el hombre si oye decir “no cree en Dios”, se tapa la cara.

El que cree, pero de Dios no quiere saber nada, éste puede hacer como Judas, matar y vender.


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