Mostrando entradas con la etiqueta Mejor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mejor. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de julio de 2024

A más escándalo, mejor

En Sueño Profético decían:

Tiene que sorprender y escandalizar esta gran cantidad de Libros que aquí hay para publicar. Esto, a los que crean que su sabiduría es la que vale.

Dijo uno:

Para que Dios elija, tienes que pregonar que eres Elegido por tu entrega al que no tiene. Y al que tenga, le haces pensar que la muerte llega y no respeta capital ni carreras. Esto tiene poco estudio para que la verdad se vea, que la verá antes el que en Dios crea.

Tienen que hacer examen de conciencia, y el responder, en silencio queda. El Amor de Dios te abre caminos y te pone defensor que acampa en tu espíritu. Y ya el espíritu es el que acerca o retira. Que esto se verá en el desprecio que al Mando de Dios le den. Que el Mando es escandalizar estos Mensajes y que tu presencia vaya delante.

Desperté, oí:

A uno que oiga tus palabras, si es de Dios, no puedes callárselas.

El Poder y el Mando de Dios formarán gran escándalo, como en Israel lo formaron.

Dios le puede a la duda, perdona al pecador, pero el desprecio a sus Palabras no tiene Perdón.

Repiten en la Gloria que, a más escándalo, mejor.

***

Libro 41 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo III - C6 

lunes, 27 de noviembre de 2023

El mejor sitio

En Sueño Profético se vio una nave grande, con buena presencia, pero antigua. Siguió la Visión y se vio una mesa larga y estaban sentados muchos con las mismas ropas, que parecían túnicas.

Ya dijo uno:

   —El Maestro ha dejado dicho que, antes de empezar a comer, viene.

Unos querían empezar y otros decían:

   —Yo, hasta que no venga el Maestro, aunque se termine el día, no pruebo la comida.

Estando diciendo estas palabras, dijo Santiago:

   —Ya viene el Maestro con unos que querían conocerlo.

Su Visión era con su Túnica y su Manto, hasta la cintura. Fue llegar y todos se pusieron de pie, y uno de los que con Él venía dijo:

   —Maestro, nosotros no nos merecemos quitarle el sitio a los Discípulos, que están esperando tu Presencia.

Éste fue el contestar que el Maestro les dio:

   Yo he traído a vuestros espíritus, que son los que mandan en los cuerpos, y mi Mando pondrá el sitio para que los tres que Me habéis esperado, para acompañarme, tengáis en mi Mesa sitio, como mis Discípulos.

Empezaron a correrse y los tres quedaron más anchos que los Discípulos.

Dijo Felipe:

El que no se puede nombrar, su cara quería como despedirlos, pero el Poder de Dios les puso el mejor sitio. Porque Dios quería que el que en su interior pensaba que a Dios Lo clavarían, éste viera que su sitio en la mesa ya Dios lo tenía para el que, como sus Discípulos, Lo quisiera.

Todo esto que se ha dictado, ha sido con Mando de Dios, para que el Elegido vea lo que pasó cuando Dios bajó a la Tierra a vivir con el hombre y a enseñarlo para que no perdiera la Gloria.

Todas las Palabras y la Visión fueron dichas cuando Dios quería enseñar. Y ahora se repite para que el Elegido siga su Enseñanza.

Desperté, oí:

“Soy Santiago, y el Poder de Dios me manda que diga que, lo que se ha visto y oído, es de cuando Él estaba en la Tierra”.

Pero esta Enseñanza puede servirle al que al Elegido crea.

Todo se veía como cuando pasó. Pues esto se puede hacer con el Poder de Dios: dejar el mejor sitio al que crea a este Elegido.

Que el creer busca y hace tiempo para ver al Elegido. Que es lo que al Elegido más alegría le da cuando son pregoneros, como eran los Discípulos.

La Mesa con los Discípulos daba alegría, pero no se podía quitar la Visión que, antes de despertar, decían:

“Como Judas, hoy día, hay más”.

Que aunque lo escondan, el Poder de Dios, al Elegido, saber le da.

No temas decir el poder que Dios da a los espíritus y a los cuerpos.

Aquí se dice que la “carne que Dios me unió” estaba, en este Sueño, normal, en su despacho, donde pasaba los Mensajes para los Libros.

El cuerpo estaba, con su traje, sentado en el mismo sitio escribiendo, y su mirada era igual, pero tenía Poder de Dios, que el Elegido no puede olvidar.

Porque es Visión del sentir que en todos los momentos nombrándolo está, de palabras y de Visión.

Esto es ver y oír donde no están los cuerpos. Pero es el poder de los espíritus cuando dejan el cuerpo.

Y Dios da el Mando para que quede escrito lo que ve y oye de los espíritus.

***

Libro 64 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VIII - C7

domingo, 3 de octubre de 2021

No hay mejor literatura que la que lleva el espíritu

En Sueño Profético decían:

No hay mejor literatura, que la que sale del Cielo. De Aquí sale la respiración; de Aquí sale el buen consejo. La respiración es la vida de la carne. Y el buen consejo es para no perder el Cielo.

De Aquí sale el buen poeta versificando. De Aquí salen los inventos que el hombre dice que ha inventado. Lo que no sale de Aquí es la forma de hacer mal a los hombres. Esto ya es de otro lado. En vez de bajar del Cielo, sube de la profundidad del Infierno, donde el hombre echa abono para que crezca lo malo.

Dijo uno:

Del Cielo baja el saber Divino que compone el mejor verso; la alabanza a esta Gloria; la poesía a lo Eterno; la sencillez haciendo altura, que altura todos van viendo. De Aquí sale Luz Divina, que hace andar a los ciegos que sus ojos no dan vista.

Todo lo que baja del Cielo lleva gran Filosofía, que el enmendarla, no entra en la gran literatura, porque la grande que lees, siempre es mandada de arriba a poetas y escritores.

Desperté, oí:

Hablan en el Cielo de hombres literatos, poetas y grandes descubridores. De estilos, de grandes frases que el hombre hizo famosas.

Es del Cielo de donde bajan: primero al espíritu, y después a la inteligencia.

Y ya, la mano lo escribe, o el pasante, si escribir no supieras.

Esto para aquel que sabe que existe luego otro Mundo.

Por eso, el arrobado aprende, pero no de libros.

Aprende de donde sale todo lo que ya se ha dicho.

No hay mejor literatura que la que lleva el espíritu.

***

Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VIII - C2