En Sueño Profético hablaban del Amor del Cielo, del Amor que te alimenta sirviéndote de sustento.
Sigue Teresa de Ávila:
Este Amor cría raíces,
y árbol sigue creciendo,
y ya llega a la altura,
y ramas entran en el Cielo,
que para nombrarlo en Tierra,
se dice: yo arrobos tengo.
Y ya, todos se retiran
sin poder comprenderlo,
y haciendo varios juicios,
y es pena, ninguno bueno.
¡Con lo fácil que es pensar
que Dios mande desde el Cielo
un espíritu arrobar!
¡Si esto es muerte con un Mando
diciéndole a la materia
que no toquen esa carne,
que es muerta con obediencia!
Es separación de espíritu,
que éste abre la puerta
a la Llamada de Dios
para abandonar la Tierra.
Esto tiene sí y no,
esto tiene tal quimera,
que es lucha con este Cielo,
obligando a que desmientas,
obligando a que digas
lo que diga el que no crea.
Nadie puede desmentir,
cuando abandone la Tierra
dejando el cuerpo ahí
como criado que espera
para poder puerta abrir.
Desperté, oí:
Tenía que caer lluvia
obligando a respetar
al que después del arrobo
quiere enseñarte a amar.
Este Amor tiene su sello,
de constancia, de alegría,
de palabras de consuelo.
De querer que todos quieran
al que oye desde el Cielo
los martirios que da el hombre
por no creer en su Reino.
Por no hacerse árbol chico,
y luego pedir creciendo
hasta que ramas con fuerza
hagan servicios al Cielo.
Si el hombre tuviera Amor,
no dudaba de este Cielo,
buscaba con ansiedad,
para luego ir diciendo:
morir, antes que pecar.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pag. 177-178-179
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lunes, 7 de octubre de 2013
miércoles, 27 de abril de 2011
Piensa dos veces al día, que te tienes que morir - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 155-156-157
En Sueño Profético decían:
Nadie se para a pensar en el poco tiempo que vive ahí, para portarse tan mal. Si pensaran que esa vida termina antes que empieza, procurarían hacer el bien.
Esto lo decía mi abuela:
No hay quien ame a Dios y no haga vida buena, lo mismo que no hay reloj que no te marque la hora en la risa y en el dolor. Estas son cosas tan justas, que no tienen “sí” ni “no”. En esto, el gran talento, silencio pone. De estos refranes, a mi abuela, siempre le pedían copiados. Tenía una seguridad para guiarte en consejos, que le temían los letrados, los pocos que había en el pueblo. El consejo que te daba, tenía firmeza de roca. Decía, que cada día que amanecía, inclinaba sus rodillas y al Rey del Cielo le pedía: “Tú dispones de mi vida”. Esto lo empezó a decir cuando tenía 14 años. Su consejo era: “Piensa que te tienes que ir de esta casa –vida material–, donde todos son tus hermanos, y que en la Casa Eterna está el Padre de todos, y te pide cuentas”.
Esto ya lo dice el nieto:
“El que hace mal ahí,
es porque no sabe fijo
que Aquí tiene que venir.
¡Es pena que los Santos
tengan tanto que sufrir
para quitar pecadores
que Aquí no podían venir!”.
Desperté, oí:
Deberían poner letreros
en las esquinas y en las calles,
para que todo el que pasara
fuera leyendo estas frases:
Piensa dos veces al día,
que te tienes que morir,
pues pensando dos “na” más,
fijo te vienes Aquí.
Hay quien no piensa en la muerte,
“pa” seguir haciendo mal.
Pues pensar es de provecho,
y te quita de pecar.
Hay a quien no le hace falta,
pero nunca está de más.
Pues si piensas por Amor,
estás en la Gloria ya,
y si vas a hacer pecados,
el pensar, te quitará.
Ama y piensa en la muerte,
que tendrás Eternidad.
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jueves, 30 de diciembre de 2010
El que Morir quiera, hará pecados - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 82-83-84
En Sueño Profético vi a unos hombres de espaldas, vestidos no de esta época, y uno dijo:
Éstos son Discípulos del Maestro. Estos hombres vivían con la Palabra de su Maestro.
Otro dijo:
Cierto es que la comida no nos daba la vida ni la fuerza. Un día, ya que desliada teníamos la comida y casi empezando a comer, vimos que venía el Maestro con varios hombres y algunas mujeres, familia de éstos; uno de los seis que estábamos juntos, dijo:
–¡Bendito sea Dios Padre, que manda a Dios Hijo! ¡Allí viene el mejor manjar! –y todos, sin quedar ninguno atrás, corrimos a reverenciarlo, dejando comida olvidada.
Ya que anduvimos bastante terreno, mandó el Maestro pararse a tomar algún alimento en una choza que tenía un matrimonio dispuesto para los caminantes que comida no llevaran. Ellos te ponían lo que pidieras, y tú le ponías el precio –esto a los que sabía que eran del Maestro–. Fue pararnos y, al empezar a pedir cada uno, nosotros los 6 mirarnos y pensar que tampoco habíamos comido –hasta ese momento no sentimos la necesidad–. Esto oímos al Maestro:
–Aunque mi Palabra da vida y mantiene espíritu y carne, tenéis que vivir como hombre que pisa tierra. Si así no fuera sería vivir sólo con espíritu, y nos os verían de carne. Yo soy Dios Hijo y ya utilizo la materia por vivir de Hombre y con Carne. Cuando ya vaya a mi Reino, ya soy sólo Dios Padre. Pero el que Me vea de Dios Hijo, luego también me tiene que ver de Carne. No pueden ver el espíritu los ojos de la carne si Yo no doy Poder y revisto al espíritu con su misma carne. Si esto así no fuera, no podría aprender el hombre del que yo enseño.
Desperté, oí:
Los Discípulos demuestran que podían vivir sin comida, y Dios hace que se acuerden para que pidan como los demás.
Dios, no podía comer Él y que vivieran los demás con su Poder.
Era Enseñanza para el espíritu, no Poder para la carne.
Si viven sin materia, son espíritus de su Gloria, y éstos aún pisaban tierra.
Ésta es la diferencia de estas dos vidas:
En una, si falta un chispito de todo lo que tengas, no vives feliz.
En la otra, la felicidad te la da una sola cosa: Dios.
Dios se hizo Hombre para enseñar a no Morir en la Tierra, que es donde está el pecado.
El que Morir quiera, hará pecados.
Y el que vida Eterna busque, vivirá adorando.
Si el mundo entero adorara, sería el suelo la Gloria de carne purificada.
***
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