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martes, 4 de diciembre de 2018

¿En qué lugar tendrá Dios al que pudo cundir Esto y silencio le dio?

En Sueño Profético decían:

Si el hombre hiciera un pensar: ¿por qué sufre el que Aquí viene? –que es Dios el que lo trae–, se daría cuenta de que es él el culpable, porque Dios no le interesa.

No hay quién le pongan en las manos una cosa de valor, viniendo por buen camino, y el hombre diga que no. Si es de Dios, lo acepta, bien para él o para repartirlo como buen cristiano.

Pues sigue haciendo un pensar:

¿Cómo saber que está pidiendo ayuda, sin descanso, a sus Representantes y a seglares, que tienen lo que Dios les deja mientras están con cuerpo, y que no se ofrezcan a encargarse ellos de cundir estos arrobos, pasados luego al cuerpo y mandando que queden escritos para que el hombre no olvide que ese mundo es pasajero; para que piense que su cuerpo será muerto, y que los valores son los que hiciste para el Cielo?

¿Cómo puedes tú, pudiendo, decir: “Señor, yo no puedo cundir este “Diciendo”?

Que si mides las Palabras y la pesas, tienen la misma medida y el mismo peso que lo que Dios dejó dicho con el nombre de Evangelio. Esto se está repitiendo a diario, desde que se dio la Enseñanza al Instrumento, para que su contestar sean Palabras del Cielo.

Desperté, oí:

Es Salvación y peligro, según la interpretación que le dé el hombre, cuando Dios se manifiesta con esta abundancia.

Es Salvación para el que pecó con sus dudas, o para el que vive con el sufrimiento: “¿Si yo estaré perdonado?”.

Para éstos, es Salvación de espíritu, Paz en el cuerpo.   

Y es peligroso saberlo y no cundirlo, administrando poderes del que manda en los dos mundos, o para el que a nadie tiene que pedirle parecer para cundir lo que pronto, hace ya 29 años, está mandando Dios escribir.

Haz el último pensar y piensa: ¿En qué lugar tendrá Dios al que pudo cundir Esto y silencio le dio?


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Libro 24 - Dios No Quiere, Permite - Tomo IV - C4

viernes, 19 de julio de 2013

A Dios le di de lo que Él me dio

En Sueño Profético decían:

Dios, cuando vivió de Hombre, vivía de lo que Le daban, que era de lo que Él daba.

Él daba vida al espíritu, y daba para que viviera el cuerpo. Daba la tierra que pisaban, y les reservaba el Cielo para cuando la Tierra dejaran, tuvieran un Mundo Eterno. Daba la Paz y la Luz.

De todo esto nombrado Él era y es el único Dueño.

Esto, el que haga un pensar, ve que nada Le dieron.

Dios, cuando vivió de Hombre, vivió de lo que el hombre Le daba, que Él antes le dio al hombre.

Dios buscaba al hombre para llevárselo con Él, si al que buscaba aceptaba sus Palabras, que éstas eran:

“Si mis Palabras quieres, Yo antes quiero dártelas”.

“Si mi Mando vas a hacer, más Mando te tendré Yo guardado”.

“Pedidme a Mí ahora que Me estáis viendo con Cuerpo, y luego Yo recibo de lo que os he dado”.


Desperté, oí:

Dios Hombre recibía de lo que Él antes le había dado al hombre.

Dios los buscaba, a los que estaban lejos de Él, y se ofrecía a quitarlos
del mal camino que llevaban.

Cuando los quitaba, ya Lo seguían y Lo adoraban.

Que esto era dar de lo que Él antes les había dado.

Dios, Dueño del espíritu y del cuerpo, tiene que oír al hombre:

“Yo Le doy a Dios”.

“Yo le doy al enfermo”.

“Yo visto al desnudo”.

“Yo doy de comer al hambriento”.

Si ves que llega la noche e hiciste el Mando de Dios, no digas:

“Yo a Dios Le he dado”.

Di:

“Le di de lo que Él me dio”.


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Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - Pág. 228-229-230