En Sueño Profético decían:
Si el bien lo vas sembrando con el abono del Cielo, Dios te dará cosecha y el bien se irá cundiendo.
Dijo uno:
Para conocer el bien que Dios te manda del Cielo, tienes que tener contacto con el que de ti necesita y practica los Mandamientos. Que este practicar empieza en el espíritu, y después pasa a tomar parte el cuerpo.
Decía un molinero, con el que yo trabajaba, que no había enfermedad peor, que no sentir el sufrir que no era tuyo. Que él, antes de enfermar así, pedía a Dios que a coro le pidieran su muerte. Que él, sintiendo el sufrimiento del que sufrimiento tenía, podía achicarse el sufrimiento y, porqué no, quitárselo, cuando con tu ayuda lo achicaras y el bien cogiera el sitio del sufrimiento.
Desperté, oí:
El sufrimiento se agranda cuando no encuentra la barrera del bien.
El sufrimiento se agranda porque al Prójimo se olvida.
El hambriento pasa hambre porque el que tiene comida no se pone en su lugar aunque sea un sólo día.
Las muletas y el pañuelo acortan los sufrimientos.
Estos refranes se los oían con frecuencia al molinero.
Él vivía para Dios.
Y Dios lo tenía para acarrear al Cielo.
Siempre estaba apuntando los sitios en que vivían los gigantes sufrimientos.
Aprende del molinero y haz enano al gigante sufrimiento.
Sufrimiento con ayuda, no lo agrandas, que lo achicas.
***
Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C4
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martes, 17 de julio de 2018
jueves, 4 de mayo de 2017
El remordimiento del molinero
En Sueño Profético decían:
No hay compañero peor, ni que de más sufrimiento, que te sientas siempre acompañado de un gigante remordimiento. El remordimiento es algo que no se amolda al secreto. Éste te sale a la cara o te hace estar enfermo.
Dijo uno que se reunía con los Discípulos de Jesús para él también hacer lo que los Discípulos hacían:
Yo traté a un molinero que me fue a buscar después de que el hombre a Dios Le diera muerte de cruz. Y sus palabras contagiaban sufrimiento. Me buscó y éstas fueron sus primeras palabras:
“Vengo a buscarlo para oír palabras duras, que son las que pueden quitarme el remordimiento. El sitio que tú tienes, lo tienes por mi desprecio. Fui guiado por espíritus que no querían al Maestro. Hoy no sé a dónde ir. Ya me veo sin remedio”.
Desperté, oí:
No pude darle palabras
ni de consejo ni de consuelo.
Si hubiera sido de pecado,
yo me atrevo a cogerlo,
echándole el brazo por encima,
como hacía el Maestro.
Pero éste era pecado de desprecio.
Que tan sólo Dios podía saber
si seguía con el desprecio
o había arrepentimiento.
Por más que miraba al Cielo,
no me atrevía a decir
“mañana vente con ellos”.
Si Dios te da sus Palabras
y Le dices “no las quiero”,
nadie puede ya saber
si hay arrepentimiento.
***
Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C2
No hay compañero peor, ni que de más sufrimiento, que te sientas siempre acompañado de un gigante remordimiento. El remordimiento es algo que no se amolda al secreto. Éste te sale a la cara o te hace estar enfermo.
Dijo uno que se reunía con los Discípulos de Jesús para él también hacer lo que los Discípulos hacían:
Yo traté a un molinero que me fue a buscar después de que el hombre a Dios Le diera muerte de cruz. Y sus palabras contagiaban sufrimiento. Me buscó y éstas fueron sus primeras palabras:
“Vengo a buscarlo para oír palabras duras, que son las que pueden quitarme el remordimiento. El sitio que tú tienes, lo tienes por mi desprecio. Fui guiado por espíritus que no querían al Maestro. Hoy no sé a dónde ir. Ya me veo sin remedio”.
Desperté, oí:
No pude darle palabras
ni de consejo ni de consuelo.
Si hubiera sido de pecado,
yo me atrevo a cogerlo,
echándole el brazo por encima,
como hacía el Maestro.
Pero éste era pecado de desprecio.
Que tan sólo Dios podía saber
si seguía con el desprecio
o había arrepentimiento.
Por más que miraba al Cielo,
no me atrevía a decir
“mañana vente con ellos”.
Si Dios te da sus Palabras
y Le dices “no las quiero”,
nadie puede ya saber
si hay arrepentimiento.
***
Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C2
jueves, 23 de junio de 2016
El enfermo molinero
En Sueño Profético hablaban de la confianza en Dios.
Dijo uno:
A mí, cuando viví con materia, me gustaba observar que el que más amaba, más confianza tenía. Vivía yo cerca de un molino, y el que tenía este molino, enfermó. La mujer y los cuatro niños quedaron al amparo de los que a Dios amaban, a éstos Dios los mandaba. Siempre que llevaban una fanega de trigo para moler, quedaba otra para el molinero. Se cundió este prodigio –porque había que cundirlo para poder vender el trigo–, y había quienes lo median varias veces por si llevaban de más. Estos que lo medían, más grande prodigio veían: si dos fanegas había, una desaparecía, y se ponían intranquilos, y cuando iban a por más, ya tenían otro costal. Fue apilando el molinero los sacos, y cuando le llegó la siembra, no dijo nada más que: “¡Dios mío!, en la cama yo me encuentro y tú me mandas el trigo, y tengo tal confianza, que se sembrará y se segará como me das las fanegas. Un día, cuando llegué a darle compaña, recibí tal impresión…: la mujer estaba en la cama de rodillas ante él, y el hijo mayor, que once años no contaba, con los otros tres hermanos bien abrazados, y decía:
¡A padre Dios le habla!
Está la tierra labrada,
diez corderos y diez cabras,
y yo he oído una voz
que salía de la montaña:
“Corre y dile a tu padre,
que unos brazos le trabajan.
Hasta que sane su cuerpo,
le darán leche las cabras”.
Desperté, oí:
¡Qué Amor tan grande tenía
aquel enfermo molinero,
que tenía la confianza
de que le trabajarían desde el Cielo!
El hijo oyó la Voz,
porque el padre Lo llamó.
Lo llamó sin titubeo,
sabiendo que está en el Cielo.
Yo también lloré al ver
cuánto este hombre amaría
a un Dios que nadie ve,
porque nadie en Dios confía.
A mí me sirvió de lección,
cómo este hombre amó a Dios.
Ten Confianza y Amor,
y Él te sacará de “to”.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C3
Dijo uno:
A mí, cuando viví con materia, me gustaba observar que el que más amaba, más confianza tenía. Vivía yo cerca de un molino, y el que tenía este molino, enfermó. La mujer y los cuatro niños quedaron al amparo de los que a Dios amaban, a éstos Dios los mandaba. Siempre que llevaban una fanega de trigo para moler, quedaba otra para el molinero. Se cundió este prodigio –porque había que cundirlo para poder vender el trigo–, y había quienes lo median varias veces por si llevaban de más. Estos que lo medían, más grande prodigio veían: si dos fanegas había, una desaparecía, y se ponían intranquilos, y cuando iban a por más, ya tenían otro costal. Fue apilando el molinero los sacos, y cuando le llegó la siembra, no dijo nada más que: “¡Dios mío!, en la cama yo me encuentro y tú me mandas el trigo, y tengo tal confianza, que se sembrará y se segará como me das las fanegas. Un día, cuando llegué a darle compaña, recibí tal impresión…: la mujer estaba en la cama de rodillas ante él, y el hijo mayor, que once años no contaba, con los otros tres hermanos bien abrazados, y decía:
¡A padre Dios le habla!
Está la tierra labrada,
diez corderos y diez cabras,
y yo he oído una voz
que salía de la montaña:
“Corre y dile a tu padre,
que unos brazos le trabajan.
Hasta que sane su cuerpo,
le darán leche las cabras”.
Desperté, oí:
¡Qué Amor tan grande tenía
aquel enfermo molinero,
que tenía la confianza
de que le trabajarían desde el Cielo!
El hijo oyó la Voz,
porque el padre Lo llamó.
Lo llamó sin titubeo,
sabiendo que está en el Cielo.
Yo también lloré al ver
cuánto este hombre amaría
a un Dios que nadie ve,
porque nadie en Dios confía.
A mí me sirvió de lección,
cómo este hombre amó a Dios.
Ten Confianza y Amor,
y Él te sacará de “to”.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C3
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