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viernes, 27 de septiembre de 2013

Como la Luna y el Sol

En Sueño Profético decían:

Las cosas de Dios no llegas a comprenderlas por estudios y razones que se pongan.

Las cosas de Dios tienes que poner el personaje del Amor a Dios si quieres entenderlas.

Las cosas de Dios es Dios el que te ilumina si tú quieres su Iluminación. Si no la quieres y no la pides, tú no entiendes las cosas de Dios.

Dijo uno:

Lo que va de Dios tiene que irse quedando como la Luna y el Sol, por encima de los hombres, sin distinción de color.

Las cosas de Dios son iguales para todos los hombres, y como llevan el “Dios”, dejan en derrota al que quisiera que no actuara el Poder de Dios.

Dios hace cátedra en el rudo. Y al catedrático que sus Palabras no quiera, lo deja sordo y mudo, para que no pueda hacer el daño que él quisiera.

Esto es Dios, y tiene que ir a sitios cerca y lejos. Y puede que el “lejos” censure al “cerca” que está viendo esta Grandeza y la quiere tapar con su indiferencia.

Esto baja del Cielo, y a más cundir, más Verdad se ve.

Cuando es del hombre tienes temor. Cuando es de Dios, Dios responde a su “sí” o a su “no”.

Desperté, oí:

Tú eres Portavoz de la Palabra que Dios te da para el hombre.

Tú te presentas siempre igual: das las Palabras de Dios y retiras las tuyas.

El que Lo representa y ama a Dios, tiene que conocerlas y cundirlas.

El que no Lo ama, no puede desmentirlas, por ser Temas de grande Teología.

Pues estudia estos dos párrafos, que es lo que necesitan.

No hace falta pensar mucho, que ellos sean los que lo publiquen.

Y ya se unan seglares a Iglesia, y sean sus Representantes los que con Amor a Dios cundan al mundo estas Palabras de Dios.

Con los adelantos que Dios le deja al hombre que tenga, era para que a diario el mundo los Mensajes oyera.

Esto les haría pensar que otra Vida espera.

Espera, y sólo tú tienes que entregar cuentas.

Aquí no sirven engaños, por ser Dios siempre Presencia.


***

Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 219-220-221

martes, 19 de febrero de 2013

El rudo que vivió para este Cielo

En Sueño Profético hablaban de entender las Palabras de Dios, no entenderlas, o entenderlas y no querer oírlas:

El que más las entienda no es porque tenga más estudios, más mando o más títulos. La Palabra de Dios no va a la inteligencia, como en el saber material. La Palabra de Dios va al espíritu.

Dijo uno:

Una persona, si su espíritu es de Dios, puede aprender toda la cultura que el hombre enseñe. Pero un intelectual, si su espíritu no está con Dios, no entiende el Lenguaje de Dios y queda analfabeto para todo lo Divino.

Una palabra que uno que esté en el campo, sin visitar la ciudad, le hable a un intelectual, de lo Divino, él no sabe contestar. Y ya lo miras y piensas: “debería empezar a estudiar, por si le llega el examen que en la Gloria le harán”.

Desperté, oí:

No tiene disculpa
el culto que muera
y esta asignatura
la deje en la Tierra,
sin haberla aprendido,
ni enseñar a que la aprendan.

Ahora llega el rudo,
con manos de tierra,
y dice:

“¡Dios mío!, antes de morir
ya vivía la Gloria,
porque Te tenía
siempre en mi memoria”.

“Cuando no había hombres 
que tu Nombre oyeran,
hablaba yo solo,
sin que nadie oyera”.

“Miraba los montes,
el tallo en la siembra,
bandadas de pájaros
casi a la altura
que salen las estrellas”.

“Los corderos,
me hacían pensar
y mirar al Cielo”.

“Con tu Mando sale hierba
y les das el alimento”.

“Con tu mirada, la lana,
que el calor lleva a los cuerpos”.

¡Así se presenta el rudo
que vivió para este Cielo!


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 60-61